{"id":614,"date":"2016-02-12T08:57:01","date_gmt":"2016-02-12T08:57:01","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=614"},"modified":"2016-02-12T08:57:01","modified_gmt":"2016-02-12T08:57:01","slug":"a-la-rica-patata-frita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/02\/12\/a-la-rica-patata-frita\/","title":{"rendered":"A la rica patata frita"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/02\/patatas.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-615\" title=\"Raci\u00f3n de patatas fritas gratis en El Flechazo de Le\u00f3n\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/02\/patatas.jpg\" alt=\"Raci\u00f3n de patatas fritas gratis en El Flechazo de Le\u00f3n\" width=\"537\" height=\"412\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/02\/patatas.jpg 537w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/02\/patatas-300x230.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 537px) 100vw, 537px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando uno era cr\u00edo sol\u00eda, como los de su quinta, acostumbrarse con poco, entre otras cosas, porque no hab\u00eda alternativa. La resignaci\u00f3n era tendencia nacional: m\u00e1s o menos, todo el mundo se conformaba con casi nada. En materia de bares, por ejemplo, val\u00eda con una tostada en <strong>La Granja<\/strong> repartida en plan asambleario con el resto de la prole para recompensarnos, bastaba una coca cola compartida en <strong>La Rosaleda<\/strong> tambi\u00e9n entre varios morros, un <strong>Cacaolat<\/strong> si era fiesta, pero fiesta grande&#8230; La consigna era no importunar a los mayores ni a sus bolsillos, doctrina que juzgo desaparecida: ahora se ha implantado la dictadura infanto-juvenil con aquiescencia generalizada, entre el benepl\u00e1cito com\u00fan. Una moda tan extendida, que si cuentas como me dispongo a hacer que hubo un d\u00eda en que un humilde cucurucho de patatas fritas colmaba tus expectativas parecer\u00e1 que retrocedo al pleistoceno. Lo cual por cierto es verdad.<\/p>\n<p>Ese a\u00f1orado cucurucho se serv\u00eda en la <strong>churrer\u00eda<\/strong> emplazada durante largos a\u00f1os en el tramo inicial de <strong>Portales<\/strong>, aunque entonces la calle se llamaba General Mola y era en realidad el tramo final: por aquella \u00e9poca se contaba desde <strong>Murrieta<\/strong>. Con ocasi\u00f3n de alguna efem\u00e9ride, la familia caminaba hasta sus puertas y se proced\u00eda al convite anhelado, que en la mayor\u00eda de las ocasiones ten\u00eda de protagonista al querido churro (y no los habr\u00e1 probado usted mejores, oiga), pero que en fechas menos se\u00f1aladas se dedicaba a su hermana menor, la <strong>patata frita<\/strong>. Patata frita de churrer\u00eda, vianda exquisita. Servida en efecto en cucurucho, como los propios churros, que \u00edbamos saboreando como si fuera Beluga de regreso al hogar. Tampoco las he probado mejores. Patatas leves, incandescentes, pero sabrosas, siempre al punto de sal. Patatas fritas que se resquebrajaban al m\u00ednimo contacto con la dentadura y formaban un riqu\u00edsimo pur\u00e9 pajizo, inolvidable. Desde entonces tengo para m\u00ed que las patatas fritas constituyen la prueba del nueve de cualquier bar, junto con el estado de sus aseos: si superan ambos requisitos, es que el cliente est\u00e1 en buenas manos.<\/p>\n<p>Lo cual, ay, no suele suceder. Las patatas fritas de churrero pertenecen a otra glaciaci\u00f3n, aunque ahora se reediten en formato bolsa: una imitaci\u00f3n que s\u00f3lo en contadas ocasiones recuerda al original. Si traigo a colaci\u00f3n este fino manjar tan caro a los bares de nuestra infancia es porque acabo de probar unas de aquellas patatas fritas que me conquistaron de chaval. Bueno, casi: no son las mismas, pero las expedidas bajo la marca <strong>Pafritas<\/strong>, casa por cierto de ra\u00edz riojana, conservan el aroma y sabor de mi infancia. No tengo el gusto de conocer a sus ide\u00f3logos ni m\u00e1s pistas que las proporcionadas mientras me las zampo, aunque, de repente, brotan en cada lineal del supermercado y las \u00a0veo ofrecerse en unas cuantas barras de confianza, en distintas encarnaciones. Mi favorita, por si le interesa al improbable lector, llega manchada de piment\u00f3n. Un juguet\u00f3n toque picante que le a\u00f1ade atractivo.<\/p>\n<p>Porque lo habitual es lo contrario. En los muy contados<strong> bares logro\u00f1eses<\/strong> que se inclinan por obsequiar a la parroquia con alg\u00fan detalle, es norma que ese obsequio adopte la forma de patata frita. Muchas gracias: visto el paisaje general, poco dado a este tipo de convites, a m\u00ed ya me sirve. Pero si adem\u00e1s las patatas que se sirven tuvieran alguna gracia, el cliente ser\u00eda casi feliz del todo. Es usual sin embargo que el platillo donde se ofrecer\u00e1n las patatas ingrese vac\u00edo en un bols\u00f3n gigantesco, oculto bajo la barra, y reaparezca lleno de un fruto&#8230; Ejem, mejorable. Como si nos diera por masticar una servilleta.<\/p>\n<p>Con lo f\u00e1cil que ser\u00eda lo contrario. Hacerse con unas patatas fritas de confianza y regalar una ronda a la clientela. Incluso tengo observado que no resulta tan extra\u00f1o que el propio bar las manufacture: as\u00ed ocurre en el maravilloso local llamado muy apropiadamente <strong>El Flechazo<\/strong>, a las puertas del <strong>Barrio H\u00famedo de Le\u00f3n<\/strong>. Un bar que dispara directamente al coraz\u00f3n de sus parroquianos cuando les invita a generosas raciones elaboradas en la freidora donde suda que te suda el due\u00f1o del establecimiento mientras las va alumbrando en su punto, estupendas de sal, diab\u00f3licas de picante. Un lujo, como se aprecia en la imagen. Un lujo a nuestro alcance&#8230; pero s\u00f3lo el dichoso d\u00eda en que nuestros admirados hosteleros se dejen contagiar por estas muestras de magnanimidad y se marquen uno de estos lujos.<\/p>\n<p>Hasta entonces, toca resignarse. Esperar que en la ronda habitual nos encontremos con las mentadas Pafritas o hermanas de semejante calidad para acompa\u00f1ar los tragos o que se eleve el nivel de las que ofrecen de regalo en los bares m\u00e1s hospitalarios. Tambi\u00e9n cabe hacer como servidor cuando iniciaba estas l\u00edneas: cerrar los ojos, imaginar <strong>Logro\u00f1o<\/strong> a finales de los a\u00f1os 60 y regresar al calor de la querida churrer\u00eda de Portales, para saborear de nuevo aquellas patatas fritas memorables. Patatas fritas que saben a infancia.<\/p>\n<p>P.D. La costumbre frecuente en otros pagos de la tapa gratis motiv\u00f3 hace tiempo una entrada en este blog y alguna cr\u00edtica de hosteleros. Nada tengo contra ellos, como se habr\u00e1 observado. M\u00e1s bien al contrario. Hubo tambi\u00e9n quien opin\u00f3 que semejante pr\u00e1ctica se pod\u00eda imponer en Logro\u00f1o y desde entonces observo que poco a poco algunos bares la van implantando. Humildemente. Para m\u00ed, suficiente. Porque de momento no aspiro a beneficiarme de la generosidad acreditada por los bares de estas ciudades que recopila este <a href=\"http:\/\/elviajero.elpais.com\/elviajero\/2015\/11\/30\/actualidad\/1448902508_246411.htmlhttp:\/\/elviajero.elpais.com\/elviajero\/2015\/11\/30\/actualidad\/1448902508_246411.html \" target=\"_blank\">enlace<\/a>. \u00a0Doy fe que en tres de ellas (<strong>Granada, \u00c1vila, Le\u00f3n<\/strong>) uno se marcha a casa almorzado a base de tapas gratis.<\/p>\n<div><span style=\"font-family: Calibri, sans-serif;\">\u00a0<\/span><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cuando uno era cr\u00edo sol\u00eda, como los de su quinta, acostumbrarse con poco, entre otras cosas, porque no hab\u00eda alternativa. La resignaci\u00f3n era tendencia nacional: m\u00e1s o menos, todo el mundo se conformaba con casi nada. 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