{"id":624,"date":"2016-03-04T08:58:46","date_gmt":"2016-03-04T08:58:46","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=624"},"modified":"2016-03-04T08:58:46","modified_gmt":"2016-03-04T08:58:46","slug":"bares-el-secreto-del-exito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/03\/04\/bares-el-secreto-del-exito\/","title":{"rendered":"Bares: el secreto del \u00e9xito"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/guarida.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-625\" title=\"Bienvenidos a La Guarida. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/guarida.jpg\" alt=\"Bienvenidos a La Guarida. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"600\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/guarida.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/guarida-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace unas semanas, el maestro <strong>Eduardo G\u00f3mez<\/strong>, perito en bares, se preguntaba en <strong>Diario LA RIOJA<\/strong> sobre el misterio que encierra<strong> el \u00e9xito<\/strong> que caracteriza a algunos bares. Una pregunta que yo tambi\u00e9n me hago a veces. G\u00f3mez alud\u00eda al caso reciente del local llamado <strong>La Guarida<\/strong>, en la castiza <strong>calle del Carmen<\/strong>. El ejemplo ven\u00eda muy bien a colaci\u00f3n: el bar no presenta grandes alteraciones respecto a su encarnaci\u00f3n anterior, apenas ha recibido alg\u00fan retoque bajo la nueva direcci\u00f3n y registra llenos clamorosos de costumbre, con la clientela pugnando por entrar en el breve espacio de que dispone y a menudo apalacanda en el exterior, all\u00e1 penas si diluvia o hiela.<\/p>\n<p>Misterio, en efecto. En su apariencia de anta\u00f1o, La Guarida se llamaba <strong>bar Alejandro<\/strong>, garito del que fui devoto all\u00e1 en mi mocedad, cuando con otros coet\u00e1neos busc\u00e1bamos lo que nos garantizaba: una oferta culinaria despachada a m\u00f3dicos precios, acordes por lo tanto con nuestra econom\u00eda de guerra. Entre las viandas que exped\u00eda, el Alejandro nos convenc\u00eda con aquel manjar llamado bocadillo de panceta frita, despachado en generosa proporci\u00f3n y, por supuesto, tarifado a la medida de los sueldos de aquel pa\u00eds que a\u00fan no se hab\u00eda vuelto loco. El Alejandro, con bocatas como aquel y otras goller\u00edas, reuni\u00f3 a su alrededor a una parroquia fiel y conspicua, que a veces abarrotaba por supuesto su c\u00e9ntrica sede, aunque lo habitual era dotarse un rosario de clientes, que se arracimaban en su barra por el m\u00e9todo usual del goteo.<\/p>\n<p>Desde luego, en aquel tiempo no se regaban clientes a manta como ahora sucede con cierta frecuencia. Yo alguna noche he desistido de ingresar en su interior, intimidado por la elevada poblaci\u00f3n que ya se hab\u00eda hecho un sitio dentro y el alto n\u00famero de potenciales clientes que aguardaban puertas afuera. Cuando por fin me he hecho un sitio, tambi\u00e9n me he formulado la misma pregunta que se hac\u00eda Eduardo G\u00f3mez y que abr\u00eda estas l\u00edneas: d\u00f3nde reside<strong> el secreto de este \u00e9xito<\/strong> abrumador.<\/p>\n<p>Me respondo lo siguiente: el secreto, casi siempre, es que no hay secreto. Anote el improbable lector unas cuantas razones se me ocurren, las cuales justifican muy bien el im\u00e1n que La Guarida representa hoy para la feligres\u00eda logro\u00f1esa. Por ejemplo, lo razonable de sus precios, lo suculento de algunos de los bocados que ofrece (el bacalao o el bocata de sardina con guindilla, mi favorito por cierto), una est\u00e9tica que no abruma sino al contrario&#8230; Uno entra en La Guarida como entraba a cualquiera de aquellos bares de su juventud (<strong>La Simpat\u00eda, Villa Rica o el Taza<\/strong>), atra\u00eddo por esa especie de confort bizarro que garantizaba una decoraci\u00f3n austera, que en el caso presente agrega alg\u00fan gui\u00f1o divertido, como ese <strong>altarcillo kitsch<\/strong> edificado en la pared del fondo. El servicio es eficaz, el cliente puede reconocerse en el resto de parroquianos sin esa sensaci\u00f3n de haber invadido alg\u00fan misterioso espacio exterior (lo cual acrecienta la idea de bienestar compartido) y el boca a oreja hace el resto: la gente va donde va Vicente, ya sabemos.<\/p>\n<p>La otra noche, mientras me zampaba el mencionado bocadillo en La Guarida, afuera arreciaba la lluvia. Apenas un pu\u00f1ado de parroquianos nos reconfort\u00e1bamos en el interior, de modo que pude echar un vistazo al bar con mayor detalle y, en efecto, comprob\u00e9 que las virtudes arriba mencionadas explicaban que le haya puesto eso que solo los malos due\u00f1os de bares desean: que se pongan de moda. Porque <strong>las modas<\/strong> son en esencia ef\u00edmeras y por lo tanto conviene huir de ellas. Es preferible reforzar la oferta construida por sus evidentes valores y perseverar en ellos: no volverse locos. Si en La Guarida cambian un d\u00eda el modelo de bar que ha desentre\u00f1ado el secreto del \u00e9xito, habr\u00e1n incurrido en el peor de los pecados. Modificar su estatus pensando que adem\u00e1s de la clientela actual atraer\u00e1 a quienes ahora pasan de largo. Error. Porque el aut\u00e9ntico secreto del \u00e9xito de un bar reside en atrapar ese intangible que nos resulta tan dif\u00edcil definir. Un yo qu\u00e9 s\u00e9, un qu\u00e9 s\u00e9 yo: imposible de describir, en efecto. Pero creo que todos sabemos de qu\u00e9 estamos hablando: se llama <strong>magia<\/strong>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/guarida-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-626\" title=\"Al rico caldo en La Guarida\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/guarida-1.jpg\" alt=\"Al rico caldo en La Guarida\" width=\"600\" height=\"399\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/guarida-1.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/guarida-1-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P.D. Entre los curiosos motivos decorativos de que dispone La Guarida para entretener al cliente entre trago y trago, me llam\u00f3 la atenci\u00f3n un cartel que me hab\u00eda pasado desapercibido: ese r\u00f3tulo que figura sobre estas l\u00edneas, que me resulto tan misterioso como el \u00e9xito del propio bar. Un camarero me inform\u00f3 amablemente de que s\u00ed: que el <strong>caldo<\/strong> se sirve previo pago de <strong>0,3 euros<\/strong>. Esto es, 50 de las a\u00f1oradas pesetas. Con una particularidad: que si alguien comparece con esas monedas de la vieja moneda desaparecida porque se encuentra con ellas en el neceser de la abuela, se las aceptan. Ya est\u00e1n ustedes tardando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Hace unas semanas, el maestro Eduardo G\u00f3mez, perito en bares, se preguntaba en Diario LA RIOJA sobre el misterio que encierra el \u00e9xito que caracteriza a algunos bares. Una pregunta que yo tambi\u00e9n me hago a veces. 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