{"id":627,"date":"2016-03-11T09:43:02","date_gmt":"2016-03-11T09:43:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=627"},"modified":"2016-03-11T09:43:02","modified_gmt":"2016-03-11T09:43:02","slug":"pongamos-que-hablo-de-laurel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/03\/11\/pongamos-que-hablo-de-laurel\/","title":{"rendered":"Pongamos que hablo de Laurel"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/laurel.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-628\" title=\"Vista antigua de la calle Laurel\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/laurel.jpg\" alt=\"Vista antigua de la calle Laurel\" width=\"600\" height=\"860\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/laurel.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/03\/laurel-209x300.jpg 209w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una reciente incursi\u00f3n a una hora bastante temprana para los usos habituales en la <strong>Laurel<\/strong> me permiti\u00f3 conocer una calle distinta: eran las once de la ma\u00f1ana y s\u00f3lo estaban abiertos el Sebas y el Soldado, como me corrobor\u00f3 el propio Manolo en esta \u00faltima parada de semejante viacrucis. Acud\u00ed a entrevistarle para una entrada reci\u00e9n publicada en este mismo espacio y acab\u00e9 entablando tertulia improvisada en torno a la calle Laurel, su vida y sus milagros. Sobre c\u00f3mo era anta\u00f1o, c\u00f3mo se ejerc\u00eda en consecuencia el rito del <strong>chiquiteo<\/strong>. Porque mi propia experiencia apenas es nada comparada con la suya. Mis primeros recuerdos llegan de finales de los a\u00f1os 70, cuando la calle ya era otra, no la fundacional que s\u00ed conoci\u00f3 el jefe de El Soldado. \u201cPara esa \u00e9poca, esa calle Laurel ya era m\u00e1s o menos la Laurel actual, la que hemos ido conociendo\u201d, me inform\u00f3 Manolo.<\/p>\n<p>As\u00ed que le ped\u00ed un ejercicio de memoria que puede tambi\u00e9n perpetrar cualquier logro\u00f1\u00e9s que peine alguna cana. Porque, seg\u00fan sus estimaciones, en realidad la costumbre de las rondas por Laurel son recientes, en t\u00e9rminos hist\u00f3ricos. Quienes homologaron esa costumbre por <strong>las calles de Logro\u00f1o<\/strong> destinadas a tal cometido lo sol\u00edan ejecutar por la\u00a0<strong>Mayor<\/strong>, cuyos bares fue recitando el amigo Manolo con precisi\u00f3n&#8230; y con ayuda de un caballero, de quien no tengo el gusto, que acodado en un extremo de la barra iba apuntando aqu\u00ed, a\u00f1adiendo all\u00e1, recuperando de la memoria alg\u00fan nombre perdido en el tiempo o confirmando los datos que iba desgranando nuestro legendario camarero logro\u00f1\u00e9s.<\/p>\n<p>De modo que anote el improbable lector. Los pioneros del chiquiteo por Logro\u00f1o deambulaban por el tramo superior de la calle Mayor entre el Cuatro Calles, el Bret\u00f3n de Ventura, el Iturza todav\u00eda vivo, el Racimo de Oro y el Govi ya periclitados&#8230; Superaban el Tigre y la Fonda San Ant\u00f3n, regateaban la bodega Montiel de la cercana calle Santiago y embocaban en el tramo inferior, donde disfrutaban de otro buen rosario de locales de confianza: Bilbao, Relicario, Cosecheros, El Cortijo, Pedro el Riojano, Cuatro Vientos, 600&#8230; Estaban tambi\u00e9n el bar de Chasco, otro garito de nombre olvidado propiedad al parecer de un boxeador, alg\u00fan local con misteriosa luz roja a la entrada y, finalmente, el Canarias.<\/p>\n<p>Yo desconoc\u00eda gran parte de ellos, sobre todo los citados en \u00faltimo lugar. S\u00ed que he frecuentado algunos otros, pero la verdad que el chiquiteo mentado, con esa ronda casi infinita, pertenece al universo de mis abuelos seg\u00fan mis c\u00e1lculos. M\u00e1s me sonaba la otra serie de garitos donde aquellas cofrad\u00edas empalmaban su itinerario por la Mayor, puesto que sus pasos les llevaban tambi\u00e9n por la calle <strong>San<\/strong> <strong>Juan<\/strong> que entonces todav\u00eda no era la que hoy conocemos, aunque algunos bares a\u00fan resisten. Es el caso de La Esquina o del Regio (hoy, Garc\u00eda), y tambi\u00e9n del Torres y el Samaray, pero ya han ido falleciendo otros como el Noche y D\u00eda y el Mere de la Traves\u00eda. Sobrevive el Ignacio en esa misma calle con otra denominaci\u00f3n y dijimos tambi\u00e9n adi\u00f3s a otros como El Quijote. La ronda por San Juan, aclara Manolo, contaba con una particularidad: que era m\u00e1s precoz. \u201cLos bares, no s\u00e9 la raz\u00f3n, abr\u00edan antes y tambi\u00e9n cerraban antes\u201d.<\/p>\n<p>Ya estamos all\u00ed donde quer\u00edamos: en la calle Laurel que conocieron nuestros antepasados. Poco que ver con la actual, aunque alg\u00fan viejo bar permanece m\u00e1s o menos inc\u00f3lume. En aquel tiempo, recita Manolo, estaban el Taza, Achuri, Torrecilla, Donosti y Buenos Aires; seguimos subiendo la leve cuesta y tropezamos con el Sebas, el Bambi, el Calderas&#8230; Y all\u00e1 al fondo vemos el Blanco y Negro, el Perchas al doblar la esquna y ni siquiera asomaba entonces el Soriano: eran los tiempos anteriores a su fundaci\u00f3n, cuando aquella casa se llamaba Gabasa&#8230;\u00a0Poco m\u00e1s. Habr\u00e1 alg\u00fan bar que se le olvide a Manolo y se me olvida a m\u00ed, as\u00ed que mil perdones por adelantado. Desde luego estaba El Soldado, a caballo de San Agust\u00edn y Laurel, y por supuesto que la ronda era otra: el vino del a\u00f1o era el rey, las tapas ni siquiera exist\u00edan como concepto y la actividad chiquiteril se prolongaba durante toda la semana, con familias enteras viviendo casi dentro del bar y un febril dinamismo comercial, porque la calle contaba con su buen racimo de tiendas, adosadas a las peripecias propias de <strong>los logro\u00f1eses<\/strong> que all\u00ed tambi\u00e9n ten\u00edan su domicilio.<\/p>\n<p>Porque cuando hablemos de la Laurel, pongamos que hablamos de una calle distinta para cada generaci\u00f3n. La m\u00eda se hizo mayor en alguno de esos bares citados pero a\u00f1adi\u00f3 otros (La Mejillonera, los dos locales de la inolvidable gallega, el Bambi, el P\u00e1ganos) y quienes nos siguieron en semejante pr\u00e1ctica habr\u00e1n a\u00f1adido los suyos. Como la historia se estudia por capas y siempre es pendular, ser\u00e1 curioso saber c\u00f3mo se reir\u00e1n nuestros nietos de las andanzas laurelianas de sus abuelos. Sin caer por supuesto en la nostalgia: ya sabemos que todo tiempo fue anterior.<\/p>\n<p>P.D. <strong>San Agust\u00edn<\/strong>, la vecina calle que a menudo se confunde con la propia Laurel porque forma parte de ese universo uno y trino que incluye tambi\u00e9n a <strong>Albornoz<\/strong> y la <strong>Traves\u00eda<\/strong>, tampoco ofrece hoy la imagen de anta\u00f1o. Rememora Manolo los tiempos en que, adem\u00e1s de El Soldado, all\u00ed apenas se alojaban Las Cubanas, el Florida, Baigorri y el Carabanchel, con los a\u00f1orados Moi, Nicol\u00e1s o la Banda Dominguera. Hoy, como entonces, la calle es un estupendo escenario para atender el consejo que nos leg\u00f3 precisamente el santo al que da nombre: porque, como dec\u00eda San Agust\u00edn, \u201cuna vez al a\u00f1o es l\u00edcito hacer locuras\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Una reciente incursi\u00f3n a una hora bastante temprana para los usos habituales en la Laurel me permiti\u00f3 conocer una calle distinta: eran las once de la ma\u00f1ana y s\u00f3lo estaban abiertos el Sebas y el Soldado, como me corrobor\u00f3 el propio Manolo en esta \u00faltima parada de semejante viacrucis. 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