{"id":663,"date":"2016-05-13T07:32:09","date_gmt":"2016-05-13T07:32:09","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=663"},"modified":"2016-05-13T07:32:09","modified_gmt":"2016-05-13T07:32:09","slug":"doblon-doblon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/05\/13\/doblon-doblon\/","title":{"rendered":"Dobl\u00f3n, Dobl\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/05\/calenda.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-664\" title=\"Bar Calenda, antes Dobl\u00f3n. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/05\/calenda.jpg\" alt=\"Bar Calenda, antes Dobl\u00f3n. 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As\u00ed que una de las primeras se\u00f1ales que envi\u00e9 a mis progenitores respecto a mis particulares gustos tuvo que ver con una trascendental elecci\u00f3n en materia de bares: acababan de abrir una elegante y espaciosa cafeter\u00eda enfrente del hogar familiar, lo cual representaba toda una invitaci\u00f3n a abandonar la tutela paterna (las tertulias de La Granja) y decantarme por mi propio universo, donde pronto encontr\u00e9 recompensa. No hab\u00eda dudas: con la impertinencia propia de mi condici\u00f3n juvenil, desert\u00e9 de los h\u00e1bitos conspicuos de las generaciones anteriores y opt\u00e9 por trazar mi itinerario personal. Tendr\u00eda unos 15 a\u00f1os cuando tom\u00e9 tal decisi\u00f3n: ya no volver\u00eda a La Granja. Ah, la edad: cu\u00e1ntas estupideces&#8230; Pero esa es otra historia.<\/p>\n<p>Yo adopt\u00e9 semejante renuncia no s\u00f3lo porque uno estuviera m\u00e1s a gusto lejos del radar de sus padres, consumiendo sus propios tragos (el cafelito del mediod\u00eda, por ejemplo) lejos de ellos, sino porque top\u00e9 con aquel bar donde aguardaba otro par de alicientes: por ejemplo, la consulta met\u00f3dica de la<strong> prensa diaria<\/strong> sin abonar ni un c\u00e9ntimo, m\u00e1s o menos como ahora sigue siendo tendencia, y la atenci\u00f3n gentil con que me obsequiaba cierto camarero a quien todav\u00eda sigo viendo por ah\u00ed y a quien poco despu\u00e9s conoc\u00ed vestido de civil, sin el uniforme de barman, al frente de una proteica banda logro\u00f1esa llamada <strong>Fr\u00edos, calculadores y distantes<\/strong>.<\/p>\n<p>Pero esa esa otra historia. Lo realmente fet\u00e9n de aquella cafeter\u00eda era no tanto su mejorable denominaci\u00f3n (Dobl\u00f3n: parec\u00eda que sonaba el cencerro de una vaca) como lo antedicho. Una elegante y sinuosa barra, un estupendo servicio de camareros, una cierta sofisticaci\u00f3n que nac\u00eda (supongo) del alto n\u00famero de peri\u00f3dicos que se ofrec\u00eda para su atenta lectura a la parroquia; entre ellos, una anomal\u00eda: el lunes, cuando estaba prohibida la publicaci\u00f3n de prensa diaria en Espa\u00f1a, s\u00f3lo se aceptaba por parte de la autoridad competente (militar, por supuesto) la impresi\u00f3n de aquellas hojas del lunes cuya gesti\u00f3n se encomendaba a las asociaciones provinciales de la prensa. De modo que en Dobl\u00f3n tropezaba uno con la <strong>Hoja del Lunes de San Sebasti\u00e1n<\/strong>, bot\u00edn negado en otros bares que all\u00ed se nos regalaba para acompa\u00f1ar el caf\u00e9 con los pormenores de la actividad p\u00fablica, sobre todo deportiva: era curioso observar las penurias del amado <strong>Logro\u00f1\u00e9s<\/strong> a trav\u00e9s de las cr\u00f3nicas de la difunta agencia <strong>Mencheta<\/strong>. Pero esa es otra historia.<\/p>\n<p>El bar garantizaba otras alegr\u00edas, pero debo aceptar que mi predilecci\u00f3n por subirme a sus taburetes y dedicar un rato largo a la lectura de prensa nac\u00eda de la evidencia de que por all\u00ed era dif\u00edcil que apareciera el fiscalizador ojo familiar. Pod\u00edas quedar con la novia, inmune a esa rara sensaci\u00f3n de que alguien te observara por la espalda, y pelar la pava sin prisas. Y pod\u00edas en consecuencia abandonarte al placer de observar la fauna local, sabiendo que por tu temprana edad no ocurr\u00eda lo contrario: de adolescente eres m\u00e1s o menos invisible, as\u00ed que pod\u00edas concederte el placer de ver sin ser demasiado visto.<\/p>\n<p>De modo que por esos a\u00f1os vi alzarse ante m\u00ed a un p\u00fablico que hasta entonces no aparec\u00eda en la vida cotidiana de <strong>Logro\u00f1o<\/strong>: llegaban los 80 y algunas cosas iban a cambiar. El comercio de <strong>Portales<\/strong> y alrededores, hasta entonces icono de la ciudad, empezaba a mutar su piel, el centro se trasladaba hacia el sur y los santos patrones de Logro\u00f1o, esas familias que tend\u00edan a dirigir la vida de sus cong\u00e9neres para imponer su santa voluntad al resto de paisanos, tampoco eran ya lo que fueron: misterios de la neonata democracia. Pero esa es otra historia.<\/p>\n<p>Dobl\u00f3n se convirti\u00f3 desde luego en mi cafeter\u00eda favorita durante una larga temporada y no s\u00f3lo por sus atributos hosteleros: tambi\u00e9n encarnaba un tiempo nuevo que a m\u00ed me sorprendi\u00f3 acodado en su majestuosa barra, haci\u00e9ndome pasar por un logro\u00f1esito m\u00e1s mayor de lo que en realidad era, distra\u00eddo en las peripecias del Logro\u00f1\u00e9s y otras calamidades, como las protagonizadas por el Barcelona. En realidad, estaba esperando la hora divina en que por fin pudiera entrar en el <strong>Merl\u00edn<\/strong> vecino. El bar que s\u00ed que lo cambi\u00f3 todo.<\/p>\n<p>Pero esa tambi\u00e9n es otra historia.<\/p>\n<p>P.D. El viejo Dobl\u00f3n se llama ahora <strong>Calenda<\/strong>. No tengo el gusto. Me ocurre con este bar como con otros locales de Logro\u00f1o resucitados: declino visitarlos porque me incomoda el recuerdo de lo que fue, puesto que mi visi\u00f3n melanc\u00f3lica del enigm\u00e1tico pasado suele derrotar a la pura realidad del presente. En su piso superior, la cafeter\u00eda alberg\u00f3 dos negocios no menos gloriosos: el restaurante Machado y su sucesor, el Mar\u00f3n. En ambos tuve el gusto de disfrutar de sus mesas, muy bien dispuestas de golosinas de todo tipo, lo cual a\u00f1ade un punto de acerada nostalgia a estas l\u00edneas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Como mis padres eran de La Granja, yo me march\u00e9 a Dobl\u00f3n. Alcanzaba entonces la adolescencia, esa tierna edad: cuando uno empieza a reivindicar su propio espacio y huye por lo tanto de cuanto le puedan ense\u00f1ar sus mayores porque ya lo sabe todo de la vida y no admite lecciones. 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