{"id":667,"date":"2016-05-20T07:18:32","date_gmt":"2016-05-20T07:18:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=667"},"modified":"2016-05-20T07:18:32","modified_gmt":"2016-05-20T07:18:32","slug":"bar-iturza-nueve-letras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/05\/20\/bar-iturza-nueve-letras\/","title":{"rendered":"Bar Iturza, nueve letras"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/05\/iturza.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-668\" title=\"R\u00f3tulo pintado del bar Iturza, en la calle Mayor. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/05\/iturza.jpg\" alt=\"R\u00f3tulo pintado del bar Iturza, en la calle Mayor. 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El caso es que el tiempo iba pasando, el proyecto no terminaba de cristalizar y hace unos d\u00edas recib\u00ed de su promotor la noticia de que en efecto la publicaci\u00f3n no ver\u00e1 la luz, al menos de momento. De modo que me ha parecido oportuno recuperar en esta entrada las l\u00edneas que en su momento puse en limpio sobre un bar muy particular y un r\u00f3tulo no menos fet\u00e9n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ah\u00ed va el art\u00edculo:<\/p>\n<p>El ne\u00f3n de los bares, la l\u00edrica callada de la tipograf\u00eda, acompa\u00f1an los pasos ciudadanos desde que el azar nos deposita en el mundo. <strong>Mundo Logro\u00f1o<\/strong>. As\u00ed como el bar nos sirve de br\u00fajula, el r\u00f3tulo es nuestro faro. Trepa la niebla desde el r\u00edo, pero al fondo del <strong>Espol\u00f3n<\/strong> parpadea la cegadora luz que nos avisa: estamos llegando a <strong>Ibiza<\/strong>, playa bajo los soportales. A lo lejos luce como un reclamo otro heraldo familiar: <strong>Samaray<\/strong>, hermoso nombre. Y sabemos que nos acercamos a casa cuando lo anuncia <strong>La Granja<\/strong>, que ilumina la calle <strong>Sagasta<\/strong> con una deslumbradora potencia de fuego, formando una nebulosa que se parece bastante a una pesadilla. Es una fantas\u00eda animada de ayer y de hoy, porque se nutre del rico cat\u00e1logo donde bullen otros r\u00f3tulos imperecederos: Pingouin Esmeralda, La Gaceta del Norte, Orive, Henry Colomer&#8230; Vecinos, el cartel de La Numantina, que todav\u00eda resiste, y otro ya olvidado: el del Instituto Nacional de Previsi\u00f3n, nomenclatura que har\u00eda feliz a Kafka.<\/p>\n<p>Carteles que enmarcan la clase de democracia favorita de los logro\u00f1eses, la mesocracia, y que tambi\u00e9n contribuyen a su ceremonia civil preferida: irse de bares. Una iglesia laica que se anuncia de mil maneras, entre el ne\u00f3n y la brocha gorda, devota de un tipo de letrero que debe su fama al pintor que pinta con amor esas palabras donde d\u00eda tras d\u00eda se reconocer\u00e1n varias generaciones: Bar Iturza. Nueve letras. Nueve, el n\u00famero b\u00edblico, <strong>el n\u00famero del Esp\u00edritu Santo<\/strong>, lo cual resulta pertinente con la atm\u00f3sfera ambiente del local de la calle Mayor, templo espiritual y dips\u00f3mano, adicto al misterio llamado gamba a la gabardina, suculento bocado y poderosa imagen que tal vez bautiz\u00f3 Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna.<\/p>\n<p>Bar Iturza, <strong>la palabra pintada<\/strong>. Dos palabras para ti. Y entre las dos palabras, un registro azul el\u00e9ctrico aporta el dato prosaico a la deste\u00f1ida poes\u00eda que encierran los cuatro colores del letrero pintado contra la pared, cuya hechura imperfecta remite al d\u00eda olvidado en que el pintor recibe el encargo y se pertrecha de pinceles. Cuando izado a la escalera perpetra esta manifestaci\u00f3n de arte cotidiano y decide en honor de aquellos otros <strong>pintores logro\u00f1eses<\/strong> que le precedieron en el escalaf\u00f3n recurrir al marr\u00f3n sutil, festonear de blanco las nueve letras y decantarse por el rojo como color dominante que nada domina, mientras al fondo brilla un azul inesperado ejerciendo de sombra. Cuatro colores al servicio tanto de la parroquia conspicua como de la reci\u00e9n llegada, una coalici\u00f3n de modernos de \u00faltima hora, parvenus que todo lo ignoran sobre la dramaturgia del huevo duro, anta\u00f1o divisa del Iturza cuando se traspasaba esta puerta presidida por los cuatro colores que la decoran.<\/p>\n<p>Sucede que el cliente penetra ya en el bar sin ver el letrero, que tal es la haza\u00f1a m\u00e1xima a que aspira cualquier artista: ser invisible. O al menos que lo sea su estilo. Alcanzar por lo tanto ese ed\u00e9n en que el artesano tip\u00f3grafo deviene en maestro pintor. Porque pinta con amor. <strong>Amor, diosa de los bares<\/strong>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P.D. El art\u00edculo transcrito me permiti\u00f3 irme de excursi\u00f3n por los confines de la memoria y trazar ese itinerario de r\u00f3tulos que he ido citando, donde repar\u00e9 que exigen cap\u00edtulo propio aquellos bares con m\u00e1s bellos letreros. Incluyo otro aqu\u00ed que no aparec\u00eda en el texto: el <strong>T\u00edvoli<\/strong>, que sus actuales regentes han tenido a bien recuperar en la remodelaci\u00f3n todav\u00eda reciente. Una pena que por el camino se hayan extraviado otros no menos hermosos: <strong>Capri, Dickens, Turismo, Chevalier&#8230;<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hace unos cuantos meses, recib\u00ed el encargo de colaborar con una publicaci\u00f3n que pretend\u00eda reflexionar sobre el impacto que generan en Logro\u00f1o algunos ind\u00f3mitos r\u00f3tulos de comercios muy caracter\u00edsticos. Espigu\u00e9 la lista de potenciales candidatos y me decant\u00e9 por escribir sobre el bar Iturza, cuya rotulaci\u00f3n tanto me ha intrigado desde antiguo. 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