{"id":679,"date":"2016-06-26T17:14:31","date_gmt":"2016-06-26T17:14:31","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=679"},"modified":"2016-06-26T17:14:31","modified_gmt":"2016-06-26T17:14:31","slug":"nuestro-hombre-en-la-barra-una-saga-de-camareros-logroneses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/06\/26\/nuestro-hombre-en-la-barra-una-saga-de-camareros-logroneses\/","title":{"rendered":"Nuestro hombre en la barra: una saga de camareros logro\u00f1eses"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/06\/emiliano.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-680\" title=\"Emiliano padre y Emiliano hijo, en La Tarasca. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/06\/emiliano.jpg\" alt=\"Emiliano padre y Emiliano hijo, en La Tarasca. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"600\" height=\"357\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/06\/emiliano.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/06\/emiliano-300x179.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el paisaje de los <strong>bares logro\u00f1eses<\/strong> menudea un paisanaje distinguido por militar en una estirpe com\u00fan: un<strong> linaje familiar<\/strong>. De modo que resulta habitual, as\u00ed anta\u00f1o como hoga\u00f1o, que miembros de la misma saga defiendan barra tras barra, tanto el negocio donde se destetaron acompa\u00f1ando a padres (incluso abuelos), como el propio local donde la \u00faltima generaci\u00f3n de camareros se aposenta para hacer lo que su familia hizo toda la vida: ejercer el noble oficio de camarero. Se suele reconocer a estos em\u00e9ritos profesionales por un sello peculiar: que lucen como divisa honrar a sus antepasados desempe\u00f1\u00e1ndose con un suplemento adicional de esmero.<\/p>\n<p>Una cierta elegancia. Es el caso de <strong>Emiliano S\u00e1enz<\/strong>, hijo de otro<strong> Emiliano S\u00e1enz<\/strong>: al primero lo reconocer\u00e1n los clientes del bar<strong> La Tarasca<\/strong>, en <strong>Siete Infantes<\/strong>. Que no es s\u00f3lo bar. Funciona como casa de comidas, dispensa copas cuando anochece y encarna el ideal de todo hostelero: prolongar la jornada cuanto haga falta porque tiene respuesta para cada tramo horario. \u00abComo pasaba en el <strong>T\u00edvoli<\/strong>\u00bb, aclara Emiliano hijo, que defiende La Tarasca con su socio <strong>I\u00f1aki<\/strong> y con el visto bueno del patriarca, quien asiente: \u00abS\u00ed, el T\u00edvoli empezaba a las seis menos cuarto\u00bb.<\/p>\n<p>Nada menos. Seis menos cuarto, ojo. Con la aurora, cada d\u00eda el camarero llamado<strong> Pablo Barr\u00f3n<\/strong> abr\u00eda la puerta, enchufaba la prodigiosa cafetera de cuatro grupos (reliquia que, cuando cerr\u00f3 el popular bar, qued\u00f3 en manos amigas, igual que el m\u00edtico retrato del <strong>Panaderito de Oy\u00f3n<\/strong>) y empezaba a atender a una parroquia multitudinaria desde tan temprana hora, alimentada por la cercana plaza de Abastos: todos los gremios pasaban por sus mesas para reconfortantes desayunos, copiosos almuerzos, naipes al amor del solysombra, cervezas en la terraza perfumadas por las pipas paridas en la locomotora de <strong>Anita<\/strong>.<\/p>\n<p>Emiliano hab\u00eda tomado la direcci\u00f3n del T\u00edvoli en 1969. Cerr\u00f3 en el a\u00f1o 2000: entre ambas fechas, median cantidades abrumadoras de <strong>carajillos<\/strong> (\u00abAhora ya no se sabe ni preparar\u00bb, se lamenta), <strong>caf\u00e9copaypuro<\/strong>, vasos de rico tinto (\u00abSiempre, de <strong>Ba\u00f1os de Ebro<\/strong>\u00bb, subraya) y p\u00f3cimas ya extinguidas: entonces, la oferta de tragos gozaba de una variedad que los dos Emilianos a\u00f1oran, incluyendo bebedizos desconocidos para quien esto firma, como el fenecido <strong>ponche Nelson<\/strong>. A lo largo de la charla, Emiliano padre exhibir\u00e1 una memoria prodigiosa. Escalofriante. Recuerda por su nombre a cada camarero que tuvo contratado (<strong>Maisi, Ferm\u00edn Quintanilla<\/strong>&#8230;), incluyendo la media docena de profesionales que fichaba por <strong>San Mateo<\/strong>, oriundos de Soria y Zaragoza. No olvida nada: tampoco la idea pionera, revolucionaria para la \u00e9poca, de a\u00f1adir una tapa al chiquiteo, que en su caso adopt\u00f3 la forma de banderilla de cebolla con bonito. Un bonito en conserva que adquir\u00eda en formato XXL, bautizado <strong>pandereta<\/strong> en la deliciosa jerga hostelera. Y la joya de la corona, que sus clientes m\u00e1s veteranos recordar\u00e1n: sus c\u00e9lebres navajas de <strong>Cambados<\/strong>, piezas indispensables para el aperitivo. Una golosina que llevaba a peregrinar hasta sus puertas a las m\u00e1s acreditadas cuadrillas logro\u00f1esas&#8230; cuyos apellidos tambi\u00e9n Emiliano va recitando.<\/p>\n<p>Pero no daremos nombres. Porque cualquier logro\u00f1\u00e9s se habr\u00e1 acodado alguna vez en el prodigioso bar de la esquina de <strong>Bret\u00f3n<\/strong> con <strong>Gallarza<\/strong>, donde era tan habitual quedar para iniciar la ronda como recurrir a \u00e9l para el \u00faltimo trago del d\u00eda. Lo subraya Emiliano hijo, cuya personal historia hostelera se inici\u00f3 en ese mismo espacio, surcado de veladores, ayudando a la vuelta de la mili (a\u00f1os 80) en el negocio familiar.<\/p>\n<p>Era otro T\u00edvoli porque era otro <strong>Logro\u00f1o<\/strong>. Su padre y su madre, <strong>Ana Mari<\/strong>, factor decisivo del \u00e9xito del local custodiando la cocina, hab\u00edan desembarcado en este bar luego de otros desempe\u00f1os: el original, en el local de las <strong>piscinas<\/strong> <strong>de Cantabria<\/strong>, adonde llegaron desde su <strong>valle de Oc\u00f3n<\/strong> natal para convertirse en abastecedores de una sociedad que entonces conservaba el aire familiar que fue perdiendo durante los diez a\u00f1os en que Emiliano se ocup\u00f3 de derrochar profesionalidad, aliviando a pelotaris y futbolistas domingueros con sus porrones, organizando verbenas y llamando por su nombre a todo el mundo, desde el presidente y secretario de entonces (Pedro Urbiola y Jes\u00fas Uribe), hasta al ide\u00f3logo de aquel universo, el padre Gato, pasando por cada socio grande y peque\u00f1o. Era unEmiliano casi juvenil, reci\u00e9n casado: ten\u00eda 25 a\u00f1os y ya desplegaba su talento discreto y eficaz, que luego le ganar\u00eda justa fama en el T\u00edvoli.<\/p>\n<p>De Cantabria, Emiliano y familia viajaron al <strong>Sagasta<\/strong>: entonces, \u00fanico instituto de Logro\u00f1o. Atend\u00edan en los recreos las dos barras del edificio sirviendo bocadillos para aquel tumulto de alumnos y despachaban tambi\u00e9n las comidas a los estudiantes de fuera. M\u00e1s de doscientos servicios diarios de lunes a viernes que pon\u00edan a prueba su energ\u00eda y que a\u00fan les procuran alegr\u00edas: son centenares los antiguos alumnos que les recuerdan con cari\u00f1o y no hace tanto apareci\u00f3 por La Tarasca uno de ellos, natural de Murillo, con tres botellas de vino para regalar a Emiliano. Merecido. Durante un par de a\u00f1os, la familia lleg\u00f3 a atender tres negocios a la vez, entre Cantabria, Sagasta y el T\u00edvoli. Un milagro cuyo secreto revela el patriarca: \u00abTen\u00edamos que ir a todos los sitios corriendo, corriendo\u00bb.<\/p>\n<p>Hoy, jubilado y a punto de cumplir los 82 a\u00f1os, Emiliano repasa con su hijo la trayectoria que inici\u00f3 de camarero en Cantabria, desgranan confidencias, participan de unas cuantas ideas comunes. A saber, que un bar debe honrar dos atributos: limpieza y atenci\u00f3n al cliente. Y que los tiempos, en efecto, van cambiando. A mejor, apunta el padre, porque los adelantos ayudan a perfeccionar el cuidado a la parroquia: el trabajo, coinciden, \u00abhoy es m\u00e1s f\u00e1cil\u00bb. Aunque tambi\u00e9n detectan nubarrones: p\u00e9rdida de respeto en el trato entre camarero y cliente, menor celo en los detalles mayores y menores del servicio, una exigencia sin embargo cada d\u00eda creciente&#8230; Un complejo mundo que Emiliano hijo observa parapetado tras su m\u00e1xima: \u00abEn La Tarasca estamos I\u00f1aki y yo para seguir d\u00e1ndolo todo\u00bb. Una idea que entronca con otra que su padre regala al periodista: \u00abSi tienes algo bueno, no le eches nada malo\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/06\/tivoli.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-681\" title=\"Emiliano S\u00e1enz, tirando la ca\u00f1a en el T\u00edvoli\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/06\/tivoli.jpg\" alt=\"Emiliano S\u00e1enz, tirando la ca\u00f1a en el T\u00edvoli\" width=\"600\" height=\"416\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/06\/tivoli.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/06\/tivoli-300x208.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P.D. Emiliano padre confiesa que qued\u00f3 tan exhausto de su actividad profesional que hoy le cuesta ir al bar&#8230; incluso de cliente. Se decanta para sus escapadas por el <strong>Marbella<\/strong> de Juan XXIII, muy cerquita de casa, y por las tertulias del<strong> C\u00edrculo La Amistad<\/strong>, ben\u00e9fica instituci\u00f3n que le tiene entre sus socios. Poco m\u00e1s. Lejanos los d\u00edas en que aprovechaba alg\u00fan descanso del T\u00edvoli para darse su vuelta por los vecinos mostradores que sus colegas de entonces defend\u00edan en el Logro\u00f1o castizo. La Simpat\u00eda, Soriano, Perchas, Donosti, La Florida, El Soldado&#8230; Leyendas logro\u00f1esas, a las que Emiliano hijo a\u00f1ade sus propias referencias: el Asterisco, Garc\u00eda, Tastavin&#8230; El pasado y el presente reunidos en una misma saga de camareros logro\u00f1eses.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; En el paisaje de los bares logro\u00f1eses menudea un paisanaje distinguido por militar en una estirpe com\u00fan: un linaje familiar. 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