{"id":695,"date":"2016-07-15T07:26:20","date_gmt":"2016-07-15T07:26:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=695"},"modified":"2016-07-15T07:26:20","modified_gmt":"2016-07-15T07:26:20","slug":"a-la-rica-chuletilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/07\/15\/a-la-rica-chuletilla\/","title":{"rendered":"A la rica chuletilla"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/07\/chuletillas.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-696\" title=\"Comiendo chuletillas en el festival de San Mateo, Logro\u00f1o (a\u00f1os 70)\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/07\/chuletillas.jpg\" alt=\"Comiendo chuletillas en el festival de San Mateo, Logro\u00f1o (a\u00f1os 70)\" width=\"600\" height=\"384\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/07\/chuletillas.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/07\/chuletillas-300x192.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando me inici\u00e9 en la peregrinacion por la <strong>calle Laurel<\/strong> y resto de templos logro\u00f1eses pensaba a menudo (en plena elucubraci\u00f3n dips\u00f3mano-festiva) que si un d\u00eda pon\u00eda un bar, mi pincho fetiche seria la muy aut\u00f3ctona <strong>chuletilla<\/strong>. Al sarmiento. Luego repar\u00e9 en su inexistencia entre la oferta propia de tales locales, as\u00ed que conclu\u00ed que tal vez no era tan buena idea&#8230; puesto que nadie la hab\u00eda llevado a la pr\u00e1ctica. Tal vez porque se necesita para semejante fin ingredientes que no figuran al alcance de cualquier bar: espacio generoso, sobre todo, para instalar las parrillas y garantizar una adecuada salida de humos. Espacio y tiempo: porque facturar un raci\u00f3n en su punto exige un esfuerzo en recursos humanos que atenta contra la econom\u00eda del negocio.<\/p>\n<p>Espacio y tiempo. La tarea de un dios. De ah\u00ed que la chuletilla siguiera a\u00f1os y a\u00f1os ausente de la oferta gastron\u00f3mica de nuestros bares m\u00e1s castizos, hasta que el benem\u00e9rito <strong>Charro<\/strong> de la Laurel puso tal bocado en el mapa local de pinchos. Con ellos se mud\u00f3 luego el maestro apodado <strong>Pibe<\/strong> a <strong>San Agust\u00edn<\/strong>, donde cosecha \u00e9xitos parecidos. Pero casi hay que parar de contar: la chuletilla adorna que yo sepa la oferta de la enoteca <strong>Crixto 14<\/strong>, donde recibe por cierto grandes ovaciones de la clientela. Las asan en un breve patio al fondo del local, suelen salir sabrosas y bien tostadas, se tarifan a precios razonables&#8230; Aunque habr\u00e1 que insistir en lo antedicho: para que la chuletilla se instale como algo m\u00e1s que una curiosidad entre las tapas ind\u00edgenas se necesita, en efecto, un espacio mayor de lo habitual y cierta predisposici\u00f3n de los due\u00f1os del establecimiento a embarcarse en un bocado cuya ejecuci\u00f3n fet\u00e9n lleva su tiempo.<\/p>\n<p>Porque desde luego asar la chuletilla es un rito. Todo un rito. En un hipot\u00e9tico &#8216;<strong>Manual del buen riojano&#8217;<\/strong> deber\u00eda figurar un cap\u00edtulo dedicado a este manjar, cuya elaboraci\u00f3n propicia esos grandes momentos del<strong> cu\u00f1adismo regional<\/strong>. Quiere decirse que cuando se inician los preparativos del asado ya surgen los primeros debates: gavilla grande o peque\u00f1a. Tal vez mediana. Luego prosigue la liturgia. Siguiente discusi\u00f3n: disposici\u00f3n de las piezas, cuya colocaci\u00f3n desemboca por supuesto en otro encendido coloquio que suele resolverse con unos tragos al <strong>porr\u00f3n<\/strong>. Vale tambi\u00e9n a la <strong>bota<\/strong>.<\/p>\n<p>Avanzamos&#8230; pero por poco tiempo. De nuevo se encalla el asado en un interminable debate sobre la adecuada temperatura de las brasas y\/o si el fuego debe mantenerse vivo o si por el contrario es preferible acercar la parrilla cuando se sofoque para que el humeante rescoldo se encargue de la perfecta puesta a punto de las piezas. Aunque calma, calma. Mucha calma. Un momento: se nos olvidaba ese pulso tan habitual entre partidarios de echar ya entonces la sal o quienes se decantan por arrojarla una vez asadas las chuletillas. Mientras esperamos sentencia, nuevo trago al porr\u00f3n: opcional, acompa\u00f1arlo de choricillo, careta o panceta que se han asado en la primera tanda de parrillas para que pase mejor el<strong> rico vino de Rioja<\/strong> por el gaznate.<\/p>\n<p>Proseguimos. Vamos dejando atr\u00e1s ese solemne momento en que se da la vuelta a la parrilla con mu\u00f1equeo incluido como si el maestro asador fuera un as de la halterofilia (movimiento en tres tiempos, ale hop). El asado va llegando a su fin: malas noticias para los discutidores natos, aunque todav\u00eda les queda una bala. La bala de plata, la clave de arco de una buena discusi\u00f3n en torno al fascinante mundo de la chuletilla. \u00bfEst\u00e1n ya asadas o no lo est\u00e1n todav\u00eda? Se acaloran entonces los \u00e1nimos, fruto de la cercana combusti\u00f3n de los sarmientos. El maestro asador se quema alg\u00fan dedo extrayendo de la parrilla un trozo que confirme sus teor\u00edas: ya est\u00e1n hechas, claro que s\u00ed. Pero tropieza con el gran-momento-cu\u00f1ado, ese paisano que mientras se va liquidando solito el porr\u00f3n y entrando en todas las discusiones, siempre reclama una vuelta m\u00e1s a la parrilla. \u201cNo est\u00e1n, no est\u00e1n hechas. \u00bfNo ves que no est\u00e1n hechas?\u201d es la frase que surge entonces y que suele generar, ay, una recreaci\u00f3n de<strong> las dos Espa\u00f1as<\/strong>. Porque el maestro asador peregrina enfadado con su fuente de chuletillas a la mesa donde aguardan los dem\u00e1s comensales y no le importa com\u00e9rselas crudas antes que reconocer que el otro lleva raz\u00f3n. Y el otro se queda junto a la parrilla, en compa\u00f1\u00eda de alg\u00fan compinche, que le da la raz\u00f3n mientras se van comiendo las chuletas. Chuletillas calcinadas.<\/p>\n<p>S\u00ed, cualquiera habr\u00e1 asistido alguna vez a tan emocionante rito. Por esa misma raz\u00f3n es una aut\u00e9ntica pena que los <strong>bares logro\u00f1eses<\/strong> excluyan de su oferta una funci\u00f3n semejante para acompa\u00f1ar la ingesta de chuletillas: chuletillas al sarmiento al estilo del club de la comedia.<\/p>\n<p>P.D. Mencionar la palabra chuletilla en Logro\u00f1o retrotrae a quienes peinen alguna cana al extinto festival que poblaba de ind\u00edgenas y forasteros <strong>avenida<\/strong> <strong>de Col\u00f3n<\/strong> por <strong>San Mateo<\/strong>. Todo un espect\u00e1culo. Tan bizarro, que resulta en efecto de otra \u00e9poca. Acab\u00f3 muriendo, ay, pese a los desvelos del singular maese Basilio, ide\u00f3logo de un instante cumbre en el programa festivo que luego se ha intentado resucitar&#8230; aunque sin la misma gracia. De aquellos sanmateos habla la foto que encabeza estas l\u00edneas: y de c\u00f3mo el rito chuleteril puede servir para ejercitar una suave iron\u00eda logro\u00f1esa habla por su parte el <a title=\" https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=I-8tHsrHzVQ\" href=\" https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=I-8tHsrHzVQ\" target=\"_blank\">video <\/a>donde con gracia retrechera el gran <strong>Alberto Vidal<\/strong> acompa\u00f1ado por la <strong>Banaluse Big Band<\/strong> emula al no menos grande <strong>Pepe Blanco<\/strong> con una cancioncilla para chuparse los dedos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cuando me inici\u00e9 en la peregrinacion por la calle Laurel y resto de templos logro\u00f1eses pensaba a menudo (en plena elucubraci\u00f3n dips\u00f3mano-festiva) que si un d\u00eda pon\u00eda un bar, mi pincho fetiche seria la muy aut\u00f3ctona chuletilla. Al sarmiento. 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