{"id":729,"date":"2016-10-14T11:42:08","date_gmt":"2016-10-14T11:42:08","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=729"},"modified":"2016-10-14T11:42:08","modified_gmt":"2016-10-14T11:42:08","slug":"hay-otras-calles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/10\/14\/hay-otras-calles\/","title":{"rendered":"Hay otras calles"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/10\/bar1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-730\" title=\"En las nubes, bar de la calle Gil de G\u00e1rate de Logro\u00f1o\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/10\/bar1.jpg\" alt=\"En las nubes, bar de la calle Gil de G\u00e1rate de Logro\u00f1o\" width=\"1600\" height=\"1200\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/10\/bar1.jpg 1600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/10\/bar1-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/10\/bar1-768x576.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/10\/bar1-1024x768.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1600px) 100vw, 1600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una charla reciente con la buena gente del <strong>bar<\/strong> <strong>Soriano<\/strong> me llev\u00f3 a peregrinar en mi imaginaci\u00f3n hasta <strong>avenida de la Paz,<\/strong> cuando la calle se dedicaba a\u00fan al innombrable general. Porque cuando les pregunt\u00e9 por sus bares predilectos en las horas en que abandonan el propio y se convierten en clientes, en el Soriano citaron una referencia que me result\u00f3 muy querida anta\u00f1o, pero que ahora apenas frecuento: el bar <strong>San Mateo<\/strong>. Ah, el San Mateo, el <strong>Iris<\/strong>, <strong>Atenea<\/strong> y dem\u00e1s miembros de la cofrad\u00eda de locales que aguardan a su parroquia en ese extremo oriental de Logro\u00f1o, donde la clientela protagoniza su particular ronda rivalizando con la propia de los bares del centro.<\/p>\n<p>Es decir, que hay vida m\u00e1s all\u00e1 de la calle <strong>Laurel<\/strong>. Vida m\u00e1s all\u00e1 de <strong>San Agust\u00edn, San Juan<\/strong> y dem\u00e1s rincones del coraz\u00f3n castizo de <strong>Logro\u00f1o<\/strong>. Lo cual fui a volv\u00ed a confirmar el pasado fin de semana, cuando deambul\u00e9 por ciertos bares de esa zona que alguna vez alguien denomin\u00f3 Laurel pobre. Una nomenclatura muy mejorable, de la que yo huir\u00eda, salvo que aluda a un factor decisivo para su creciente popularidad: que se tarifa m\u00e1s econ\u00f3micamente en todos esos locales de <strong>Rep\u00fablica Argentina, Gil de G\u00e1rate, Somosierra y calles adyacentes,<\/strong> donde se ha reunido una oferta muy atractiva&#8230; aunque menos novedosa de lo que algunos imberbes creen. Que les pregunten si tiene dudas a los logro\u00f1eses m\u00e1s veteranos. Porque en realidad la resurrecci\u00f3n de las rondas alrededor del parque <strong>Gallarza<\/strong> puede leerse como una suerte de homenaje a los gloriosos e impenitentes adictos a los bares que hace unos a\u00f1os proclamaron ya a Rep\u00fablica Argentina como una alternativa no menos c\u00e9ntrica a la calle Laurel y alrededores.<\/p>\n<p>Yo recuerdo bien a esa humanidad que deambulaba por el <strong>Tahit\u00ed<\/strong>, el <strong>Tucum\u00e1n<\/strong>, el <strong>Cinco Pesos<\/strong>, el <strong>Mar de Plata<\/strong>&#8230; Eran tal vez los pap\u00e1s de esta breve muchedumbre que hoy se arremolina en alguno de ellos (sobrevive el Cinco Pesos) o los abuelos de estas familias en la treintena y alrededores que han entronizado el <strong>Barrio Bar<\/strong> como el destino fet\u00e9n de su verm\u00fa sabatino y dominical. En su entorno confluyen otros locales igual de recomendables. O al menos a m\u00ed me los recomienda alguna voz autorizada que me ruega de paso que no divulgue sus nombres: teme en su ingenuidad que se popularicen demasiado, vaya luego demasiada gente y reste encanto a la ingesta de alcoholes y bocados, suban los propietarios los precios&#8230; As\u00ed que har\u00e9 caso a tan juiciosa opini\u00f3n y me limitar\u00e9 a sugerir un paseo por uno de ellos, cuyo nombre me parece perfeccionable (<strong>En las nubes<\/strong>), aunque no sirve para eliminar el resto de encantos que le distingue.<\/p>\n<p>Pinchos suculentos, cerveza tirada con estilo (mola la tostada), decoraci\u00f3n juguetona&#8230; Un bar distinto. Aunque no tan distinto. Proliferan po<strong>r cualquier rinc\u00f3n de Espa\u00f1a<\/strong> este tipo de locales pr\u00f3digos en gui\u00f1os a la formica y los a\u00f1os 70, incluyendo la recuperaci\u00f3n de la querida guilda en cualquiera de sus encarnaciones y el renacido triunfo del mobiliario de color crema que nos acompa\u00f1\u00f3 durante nuestra infancia (en la<strong> Chocolater\u00eda Moreno<\/strong>, por ejemplo)&#8230; En las nubes ofrece todo eso, una especie de ronda por la nostalgia, y lo empaqueta con clase para ofrecerse como solitario exponente de esta tipolog\u00eda de bar en una ronda donde lo habitual es lo contrario. El bar de toda la vida. Las bravas picantes del <strong>Perejil<\/strong>, sin salir de esa calle. Y unos cuantos casos m\u00e1s&#8230; que no citar\u00e9: he prometido unas l\u00edneas arriba no contribuir a que se divulgue su fama m\u00e1s all\u00e1 de estas calles.<\/p>\n<p>De modo que voy concluyendo. Lo hago como empec\u00e9: aceptando, por supuesto, que hay otras calles. Hay vida inteligente para quienes aman los bares m\u00e1s all\u00e1 de los itinerarios cl\u00e1sicos. Yo reconozco que nunca dejar\u00e9 de regresar una y otra vez a los garitos del <strong>Logro\u00f1o de toda la vida<\/strong> porque es como una excursi\u00f3n hacia mi adolescencia ya lejana (ay). Porque est\u00e1n llenos de referencias sentimentales que me hacen una melanc\u00f3lica compa\u00f1\u00eda, una especie de calefacci\u00f3n interior impagable. Pero tambi\u00e9n reconozco que cuando salgo de lo m\u00e1s trillado encuentro la recompensa de lo desconocido. Tanto en En las nubes como en el resto de hermanos de esa fraternidad de las calles Somosierra, Rep\u00fablica Argentina, P\u00e9rez Gald\u00f3s, Men\u00e9ndez Pelayo&#8230; Por donde alguna vez tambi\u00e9n transitamos: las calles que conduc\u00edan al<strong> viejo Las Gaunas<\/strong>. Un arsenal de recuerdos inolvidables que empezaban a gestarse en ese Cinco Pesos que a\u00fan sobrevive. Que me sigue sabiendo a caf\u00e9 (solo), copa (solysombra) y puro (faria gallega, opcional Rosli).<\/p>\n<p>As\u00ed que habr\u00e1 otros bares, pero est\u00e1n en \u00e9ste.<\/p>\n<p>P.D. El Cinco Pesos atesora una bien ganada fama como depositario de un t\u00edtulo que nadie le discute: el bar con <strong>los mejores tigres de Logro\u00f1o<\/strong>. Para quienes lo frecuentan me parece que ejercen como suced\u00e1neo logro\u00f1\u00e9s de la magdalena de Proust. Alla ver\u00e1 usted al veterano camarero depositario de este legado trajinando desde la cocina con las bandejitas donde despacha tan codiciado manjar. Lo supongo pr\u00f3ximo a la jubilaci\u00f3n, aunque me cuentan que sigue aguardando un relevo adecuado para que maneje con el mismo esmero e id\u00e9ntica discreci\u00f3n la f\u00f3rmula secreta de sus envidiables bocados. Porque los tigres siguen sabiendo a gloria bendita. Con un aliciente adicional: que mientras los engulles te vuelves a ver a ti mismo unos cuantos a\u00f1os atr\u00e1s en el mismo bar, minutos antes de ingresar en Las Gaunas. Sacando aqu\u00ed todav\u00eda la entrada de cadete&#8230; cuando en realidad ya te afeitabas todos los d\u00edas y estabas a punto de irte a la mili.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Una charla reciente con la buena gente del bar Soriano me llev\u00f3 a peregrinar en mi imaginaci\u00f3n hasta avenida de la Paz, cuando la calle se dedicaba a\u00fan al innombrable general. 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