{"id":757,"date":"2016-12-16T09:31:20","date_gmt":"2016-12-16T09:31:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=757"},"modified":"2016-12-16T09:31:20","modified_gmt":"2016-12-16T09:31:20","slug":"el-volante-del-villa-rica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/12\/16\/el-volante-del-villa-rica\/","title":{"rendered":"El volante del Villa Rica"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/cuadrilla-Villa-Rica.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-758\" title=\"N\u00e9stor Santo Tom\u00e1s dibuj\u00f3 a su cuadrilla en el Villa Rica de esta guisa en los a\u00f1os 80\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/cuadrilla-Villa-Rica.jpg\" alt=\"N\u00e9stor Santo Tom\u00e1s dibuj\u00f3 a su cuadrilla en el Villa Rica de esta guisa en los a\u00f1os 80\" width=\"600\" height=\"418\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/cuadrilla-Villa-Rica.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/cuadrilla-Villa-Rica-300x209.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tomarse unos vinos por la <strong>calle Laure<\/strong>l exig\u00eda en mi mocedad el estricto cumplimiento de una serie de ritos que, luego de confirmarse, conced\u00edan a quienes superasen tales pruebas el carn\u00e9 de logro\u00f1\u00e9s. Algunos ya se han citado aqu\u00ed. Por ejemplo, aposentarse a comer pipas en la ventana del <strong>T\u00edvoli<\/strong>, otro tanto en el alf\u00e9izar del <strong>Taza<\/strong>. Engullir en invierno patatas asadas, que no calentaban tanto el est\u00f3mago como las manos. Adivinar cu\u00e1ndo abr\u00eda el Blanco y Negro, por supuesto. Someterse a la inclemencia del fr\u00edo invernal en el w\u00e1ter del <strong>Bambi<\/strong>, desde luego. Y hablando de w\u00e1teres, taza y media, con perd\u00f3n: en el <strong>Villa Rica<\/strong> de la esquina con Albornoz aguardaba un examen doble. Hacer punter\u00eda en su inodoro de pedales (que tanto ayud\u00f3 a reforzar nuestros abductores) e iniciar las pr\u00e1cticas del carn\u00e9 de conducir pilotando esa <strong>maquinita<\/strong> que se ofrec\u00eda a mano derecha seg\u00fan se entraba.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo no era sencillo. Para empezar, porque sol\u00eda estar ocupada. Los pasatiempos de aquella \u00e9poca eran tan escasos que cualquier nader\u00eda disparaba el entusiasmo y concitaba el inter\u00e9s de la potencial clientela. Adem\u00e1s, hab\u00eda que aprovisionarse de calderilla, lo cual tampoco resultaba sencillo: porque, aunque suene parad\u00f3jico, entonces todo el dinero que llev\u00e1bamos era eso, calderilla, destinada a m\u00e1s altas ambiciones. Y porque el endiablado juguetito se las tra\u00eda. Una especie de <strong>circuito de F\u00f3rmula Uno de juguete<\/strong>. Uno depositaba por la ranura su moneda y deb\u00eda exprimir desde el primer segundo su capacidad de concentraci\u00f3n: si no manten\u00edamos desde el bander\u00edn de salida bien sujeto el volante, la moneda ignoraba las exigencias del circuito, sus curvas y sus contracurvas. A su libre albedr\u00edo, iba saltando y saltando hasta desaparecer, sin que pudi\u00e9ramos dominarla a volantazos. <strong>Tilt<\/strong>.<\/p>\n<p>Y si el jugador acertaba situando la moneda en el camino correcto, tampoco era el momento de cantar victoria: el recorrido que esperaba a continuaci\u00f3n exig\u00eda una maestr\u00eda que a muchos nos fue negada. A\u00fan no hab\u00eda nacido <strong>Fernando<\/strong> <strong>Alonso<\/strong>, a quien me hubiera gustado ver domesticando aquella maldita moneda que se negaba a menudo a seguir su curso l\u00f3gico y parec\u00eda disponer de vida propia. Aunque tambi\u00e9n ocurr\u00eda alguna vez que ante nosotros se alzaba alg\u00fan an\u00f3nimo as del volante, cuyas filigranas en la maquinita nos dejaban mudos: el silencio se apoderaba del Villa Rica con una densidad de tal envergadura que bastaba ingresar por su puerta para saber que alguien estaba ejecutando con may\u00fasculo magisterio las maniobras reglamentarias que conduc\u00edan a la monedita a su destino fet\u00e9n.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 obten\u00eda a cambio el exitoso jugador? Mis disculpas: se me ha olvidado. Debi\u00f3 suceder semejante proeza tan raras veces que no recuerdo nada. Nada de nada. Si el matrimonio que defend\u00eda aquella barra tan castiza le invitaba a un vino o si le permit\u00eda volver a intentarlo. Si recib\u00eda el aplauso sincero y emocionado del resto de la clientela (y sal\u00eda por alguna de las dos puertas entre ovaciones) o si tal vez le convidaban a una bolsa de pipas. <strong>Logro\u00f1o<\/strong> ya era as\u00ed, seg\u00fan creo. Muy poco dado al elogio, aunque a todos nos constara que llevar la moneda dichosa por aquel carrusel de curvas y contracurvas, repechos endiablados y chicanes imposibles con mil trampas emboscadas para entorpecer el feliz itinerario representaba una haza\u00f1a magn\u00edfica. Es posible que incluso abuche\u00e1ramos al mago del volante: nos pon\u00eda a los dem\u00e1s en evidencia.<\/p>\n<p>Como se desprende, aquel juego tan tontorr\u00f3n ocup\u00f3 en nuestra iniciaci\u00f3n a la calle Laurel una especie de hito tan formidable que se entender\u00e1 mi genuino entusiasmo cuando recib\u00ed por correo la imagen que ilustra esta entrada. Ah\u00ed ver\u00e1 el improbable lector, gracias a la pericia como dibujante de<strong> N\u00e9stor Santo Tom\u00e1s,<\/strong> a dos jovencitos logro\u00f1eses extasiados al volante. Primeros a\u00f1os 80: cualquiera de esa generaci\u00f3n puede reconocerse en la pareja de quintos, a quienes el resto de la cuadrilla no hace demasiado caso. Mejor dicho: los ignora por completo. Tal vez porque se dispon\u00edan a completar con \u00e9xito la vuelta de reconocimiento y s\u00f3lo se merec\u00edan eso: el desprecio que Logro\u00f1o otorga a quien cosecha alg\u00fan triunfo.<\/p>\n<p>Todav\u00eda volv\u00ed mil veces despu\u00e9s de esa \u00e9poca al Villa Rica, segu\u00ed probando suerte con la m\u00e1quina y vi crecer ante mis ojos a los hijos de aquel matrimonio que defend\u00eda el bar. Un d\u00eda, sin embargo, encontr\u00e9 que todo hab\u00eda cambiado. Hab\u00eda cambiado la direcci\u00f3n del local y, horror m\u00e1ximo, hab\u00eda desaparecido el c\u00e9lebre pasatiempo, arrancado de la pared para morir (supongo) en el contenedor m\u00e1s cercano. Yo obr\u00e9 en consecuencia: nunca m\u00e1s regres\u00e9 al Villa Rica. Alguna vez en que me vi tentado me he cerciorado de que la m\u00e1quina sigue sin aparecer y me mantengo por lo tanto fiel a semejante boicot, tan marciano. Aunque tantos a\u00f1os esquivando esa barra donde pas\u00e9 tantas y tantas tardes acodado viendo a tanto <strong>Fittipaldi<\/strong> <strong>de<\/strong> <strong>ocasi\u00f3n<\/strong> tiene ahora su recompensa: ese dibujo que me reconcilia con el Villa Rica que sobrevive en mi imaginaci\u00f3n. El bar al que s\u00ed volver\u00eda.<\/p>\n<p>Sobre todo, si recupera la maquinita.<\/p>\n<p>P.D. Coment\u00e9 con alg\u00fan camarada de aquellos a\u00f1os estos recuerdos a prop\u00f3sito del dibujo que me env\u00edo don N\u00e9stor y comprob\u00e9 que se trataba de a\u00f1oranzas mutuas. Hasta el punto de que uno de ellos, el amigo <strong>Poty Foronda<\/strong>, me abrum\u00f3 como suele: con el recordatorio detallado de este juego del Villa Rica&#8230; y de unos cuantos m\u00e1s. De los que yo no ten\u00eda ni tengo memoria. Fue tan preciso en sus propios recuerdos que le invit\u00e9 a que los comparta en este <strong>blog<\/strong> cualquier d\u00eda de \u00e9stos. Compromiso que promete cumplir: as\u00ed reviviremos de su mano los d\u00edas en que una generaci\u00f3n entera jugaba a poner una moneda encima de un lim\u00f3n sumergido en una fuente llena de agua. Para que luego nos digan que cualquier tiempo pasado fue mejor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Tomarse unos vinos por la calle Laurel exig\u00eda en mi mocedad el estricto cumplimiento de una serie de ritos que, luego de confirmarse, conced\u00edan a quienes superasen tales pruebas el carn\u00e9 de logro\u00f1\u00e9s. Algunos ya se han citado aqu\u00ed. Por ejemplo, aposentarse a comer pipas en la ventana del T\u00edvoli, otro tanto en el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[373,573,589,620],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/757"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=757"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/757\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=757"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=757"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=757"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}