{"id":759,"date":"2016-12-23T12:00:46","date_gmt":"2016-12-23T12:00:46","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=759"},"modified":"2016-12-23T12:00:46","modified_gmt":"2016-12-23T12:00:46","slug":"regreso-al-villa-rica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/12\/23\/regreso-al-villa-rica\/","title":{"rendered":"Regreso al Villa Rica"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/villa-rica.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-760\" title=\"La entrada del Villa Rica de la calle Laurel. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/villa-rica.jpg\" alt=\"La entrada del Villa Rica de la calle Laurel. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"600\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/villa-rica.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/villa-rica-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace una semana, publiqu\u00e9 en este mismo espacio una entrada dedicada a glosar al venerable <strong>Villa Rica de la calle Laurel<\/strong>, disparando los recuerdos de su \u00e9poca m\u00e1s gloriosa para m\u00ed a partir de una imagen donde un grupo de colegas de generaci\u00f3n disfrutaban del bar y de su c\u00e9lebre juego del volante. Aquel dibujo, debido al ingenio de <strong>N\u00e9stor Santo Tom\u00e1s<\/strong> a quien no me canso de agradecer su suculenta contribuci\u00f3n, tambi\u00e9n dispar\u00f3 la nostalgia de unos cuantos lectores, a quienes igualmente agradezco sus felicitaciones y comentarios. Entre ellos, los de un antiguo colaborador de esta secci\u00f3n, el amigo <strong>Poty Foronda<\/strong>. Quien se vuelve a animar a compartir sus reflexiones, puestas por escrito con la clase que le distingue en sus correr\u00edas literarias. As\u00ed que, con mi gratitud eterna, publico a continuaci\u00f3n el art\u00edculo que firma el se\u00f1or Foronda. Espero que os guste tanto como a m\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: large;\">RODANDO EN EL VILLA RICA<\/span><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Regresa de tomar un caf\u00e9 con Jorge, me hace sentar frente a la m\u00e1quina y me pide que escriba. Empieza confes\u00e1ndome que su aversi\u00f3n a las m\u00e1quinas electr\u00f3nicas le viene de la adolescencia. Es firme: era un maula. No tard\u00f3 en darse cuenta. Un poco m\u00e1s en asumirlo, reconoce. Se conform\u00f3 entonces con mirar, callar y dar tabaco. Mirar las bolas de los futbolines y los flippers del <strong>Toky<\/strong>. Callar ante cualquier pirula. Y, m\u00e1s que dar tabaco, sonr\u00ede, a darle unas caladas al cigarrillo que pasara por delante.<\/p>\n<p>Cuando abandon\u00f3 los recreativos y encontr\u00f3 refugio en los bares, las m\u00e1quinas tambi\u00e9n cambiaron. Las m\u00e1quinas mec\u00e1nicas (petacos, futbol\u00edn, billar) dejaban su espacio a las primeras consolas de videojuegos (murmulla algo del Space Invaders y el pimp\u00f3n del <strong>T\u00edvoli<\/strong>) y a las tragaperras.<\/p>\n<p>Sin embargo, sobreviv\u00edan algunas m\u00e1quinas de habilidad anal\u00f3gica en locales impermeables a la modernidad. Uno de ellos era el Villa Rica: un bar con tres puertas en la mejor esquina de la Senda. Me pide que lo describa en tres brochazos: una barra llena de cazuelas de alb\u00f3ndigas, cazuelillas de callos y platos con banderillas dispuestas a convertirse en el almuerzo, la merienda o el bocado de hombres de paso (todo demasiado viejuno como para llamarlo pincho, rumia); unas mesas y unas sillas de formica al fondo, un retrete (en el que se acertaba mejor borracho, ironiza), <strong>clarete de San Asensio<\/strong> y unas m\u00e1quinas sin bits. Estas m\u00e1quinas eran la raz\u00f3n por la que me hace escribir.<\/p>\n<p>Una de esas m\u00e1quinas estaba apoyada sobre el alf\u00e9izar de la ventana que daba a <strong>Albornoz<\/strong>. Era un caj\u00f3n con un volante con el que conduc\u00edan, rodando de canto, una moneda (\u00bfde pela, de duro?, no concreta) hasta llevarla a la meta por un circuito con curvas a izquierda y derecha. Cada una de las curvas ten\u00eda m\u00e1s ca\u00edda en los extremos que la anterior. \u00c9l no super\u00f3 jam\u00e1s la segunda curva, reconoce. Como el premio no consist\u00eda en otra cosa que en recuperar la moneda, el due\u00f1o regalaba<strong> un mechero Bic<\/strong> a quien completaba el circuito. Pero antes hab\u00eda que avisarle en la \u00faltima curva, pues no cre\u00eda en milagros. Algunos t\u00edos eran tan habilidosos que daban la \u00faltima curva como Laudrup sus pases: mirando al \u00e1rbitro. Y los hab\u00eda tan virgueros, me asegura, que llegados a esa \u00faltima curva recorr\u00edan el circuito al rev\u00e9s, haciendo rodar hacia atr\u00e1s y saltar hacia arriba la moneda. \u00c9l miraba, callaba y le daba unas caladas a lo que pasara.<\/p>\n<p>La otra m\u00e1quina, con la que uno se tropezaba nada m\u00e1s entrar, era una <strong>tragaperras<\/strong>, aunque no del estilo de las que llenaban de herraduras, campanas y v\u00f3mitos met\u00e1licos los bares de la ciudad. Era como un flipper, tal vez algo m\u00e1s peque\u00f1a y con la pendiente de la base cambiada. Met\u00edan el duro por una ranura y la ve\u00edas bajar por el canalillo, dirigible con una palanquita, y despu\u00e9s rodar, con la expectativa de que hiciera diana contra alguno de los bolos que colgaban de unas leng\u00fcetas al fondo. Dependiendo del que acertaran ca\u00edan dos, seis, diez o veinte duros. A diferencia de las m\u00e1quinas de petacos, esta carec\u00eda de dispositivo de seguridad, por lo que en ocasiones la levantaban y la dejaban caer de golpe, con lo que lo bolos temblaban y soltaba unos duros. La m\u00e1quina dur\u00f3 en el bar hasta que alguien hizo un agujerillo en el lateral, a la altura de los bolos, y con un alambre daba en el m\u00e1s cercano. Fue reemplazada por una <strong>tragaperras Ajofr\u00edn<\/strong>, una m\u00e1quina fea y ruidosa, que, a pesar de ello, le alegr\u00f3 m\u00e1s de una noche en la que estaba, \u00e9l me lo dice como en un blues, down and out.<\/p>\n<p>La memoria es infiel, se defiende. Le gusta ordenar el caos de recuerdos que se amontonan cuando uno empieza a hurgar en ella, como queriendo llenar la nada infernal del olvido. La escritura busca hacer veros\u00edmil la memoria. Por eso me pide que coloque al final de la barra, junto al tel\u00e9fono p\u00fablico, un tarro de cristal con el juego m\u00e1s anal\u00f3gico que conserva. Lo coloco all\u00ed donde me pide, aunque puede que estuviera en el <strong>Bret\u00f3n<\/strong> (el de la Mayor) o en <strong>El Porvenir<\/strong> (en Herrer\u00edas). El juego consiste en colocar <strong>una moneda encima de un lim\u00f3n<\/strong> que flotaba en un tarro lleno de agua. Quien deja su moneda sobre el lim\u00f3n, se lleva todas las monedas. Suena sencillo. Asegura que el fondo estaba lleno de monedas.<\/p>\n<p>Mir\u00f3. Call\u00f3. Fum\u00f3. Nunca vio ganar a nadie. Y un d\u00eda el bote, el lim\u00f3n y las monedas desaparecieron. Despu\u00e9s \u00e9l, la juventud, etc. M\u00e1s tarde el matrimonio que lo regentaba (el hombre ten\u00eda el pelo como <strong>Moe Szyslak<\/strong>; la mujer, las pesta\u00f1as como <strong>Marge<\/strong>). Aunque el Villa Rica sigue en la misma esquina (me hace comprobarlo en Google, \u00e9l tampoco ha vuelto). Las m\u00e1quinas son ya nosotros. No s\u00e9 a qui\u00e9n cita cuando me dice que estamos hechos de la misma pasta que nuestros sue\u00f1os. Le gustaba pensarlo entonces, mientras ve\u00eda rodar las bolas en el Toky, mientras las monedas por las m\u00e1quinas del Villa Rica, mientras se sent\u00eda como un canto rodado. Tantos a\u00f1os despu\u00e9s, con los sue\u00f1os intactos, se va por el pasillo diciendo que estamos hechos de la misma naturaleza de nuestros recuerdos. Y me deja tranquilo.<\/p>\n<p><em><strong>Jos\u00e9 Ignacio Foronda, replicante.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/volante-Villa-Rica.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-761\" title=\"Dibujo del Villa Rica, obra de N\u00e9stor Santo Tom\u00e1s\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/volante-Villa-Rica.jpg\" alt=\"Dibujo del Villa Rica, obra de N\u00e9stor Santo Tom\u00e1s\" width=\"600\" height=\"418\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/volante-Villa-Rica.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2016\/12\/volante-Villa-Rica-300x209.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P. D. Menciona Foronda el replicante la inc\u00f3gnita desatada en torno a qu\u00e9 obten\u00eda de premio el improbable as del volante que concluyera con \u00e9xito el circuito. Hay distintas versiones. Dos corresponsales del blog ofrecieron la suya: para quien se apoda nada menos que <strong>Bomberomauri<\/strong>, de premio el due\u00f1o regalaba un mechero. Y para el denominado<strong> ruizpra_4769<\/strong>, el premio consist\u00eda en \u201crecuperar la misma peseta que el jugador hab\u00eda introducido\u201d. \u201cNo sal\u00edas m\u00e1s rico, pero s\u00ed m\u00e1s orgulloso\u201d, a\u00f1ade. M\u00e1s exactos parecen los recuerdos de <strong>Juan Luis Varona<\/strong>, el interlocutor que me puso sobre la pista del dibujo de N\u00e9stor, quien aparece por cierto inmortalizado en esa vi\u00f1eta con el resto de la cuadrilla. Esto me cuenta, de nuevo con mi agradecimiento infinito por su amabilidad y buena memoria: \u201cEl premio fue variando con los a\u00f1os y con la pericia que iban adquiriendo los jugadores. Yo llegu\u00e9 a bajar la peseta (creo que era una peseta, pero quiz\u00e1s un duro, realmente de eso no estoy seguro) alguna vez, jajaja\u201d. Y a\u00f1ade: \u201cEl que est\u00e1 jugando el el dibujo era el s\u00faper especialista de mi cuadrilla (uno de los hermanos de N\u00e9stor). La bajaba casi siempre. Lo complicado era parar la moneda justo en la \u00faltima l\u00ednea justo antes de caer, para poder ense\u00f1arle al del bar que la hab\u00edas bajado. Tras eso, recuperabas la moneda y el del bar te hac\u00eda otro sorteo. Tiraba el dado con un cubilete que dejaba cubierto. Unas veces era con dado de p\u00f3ker y ten\u00edas que acertar el color. Otras, era un dado normal y ten\u00edas que acertar el n\u00famero. Si acertabas, te regalaba un mechero\u201d. Lo cual confirma lo que uno sospechaba: que en aquellos a\u00f1os, uno se conformaba con cualquier cosa. Sobre todo en la calle Laurel.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hace una semana, publiqu\u00e9 en este mismo espacio una entrada dedicada a glosar al venerable Villa Rica de la calle Laurel, disparando los recuerdos de su \u00e9poca m\u00e1s gloriosa para m\u00ed a partir de una imagen donde un grupo de colegas de generaci\u00f3n disfrutaban del bar y de su c\u00e9lebre juego del volante. 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