{"id":774,"date":"2017-01-13T09:52:34","date_gmt":"2017-01-13T09:52:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=774"},"modified":"2017-01-13T09:52:34","modified_gmt":"2017-01-13T09:52:34","slug":"aqui-hay-caldo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/01\/13\/aqui-hay-caldo\/","title":{"rendered":"Aqu\u00ed hay caldo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/01\/caldo.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-775\" title=\"Entrada al bar Gil de Rep\u00fablica Argentina. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/01\/caldo.jpg\" alt=\"Entrada al bar Gil de Rep\u00fablica Argentina. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"600\" height=\"371\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/01\/caldo.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/01\/caldo-300x186.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Laurel<\/strong>, primera glaciaci\u00f3n. En medio del fr\u00edo invernal, las huellas de los caminantes que peregrinan de bar en bar trazan un surco sobre la acera, orillada la nieve a ambos lados de la calle: dos muretes blanqu\u00edsimos. Desde el <strong>Blanco y Negro<\/strong> baja a gran velocidad un hombrecillo que transporta en un carrito de la compra su mercanc\u00eda. Ambos (el hombrecillo, el carrito) conocieron d\u00edas mejores, lo cual no puede decirse del bot\u00edn oculto en el interior de la bolsa: un jugoso arsenal de reconfortantes<strong> patatas calientes<\/strong>. El vendedor las parte en dos mitades seg\u00fan las normas de higiene de la \u00e9poca: es decir, inexistentes. Bajo el mismo criterio que atenta contra la salud p\u00fablica esparce la sal y luego se marcha hasta el siguiente garito, una vez cobrada la breve miseria que ped\u00eda por semejante regalo. Regalo, s\u00ed: para nuestros maltrechos est\u00f3magos, que agradec\u00edan acompa\u00f1ar aquellos vinazos de carretero con alg\u00fan bocado igual de bizarro y los engull\u00edan como si fueran un manjar.<\/p>\n<p>Otra alternativa para combatir el fr\u00edo ambiente en las eternas rutas invernales por Laurel y alrededores se materializ\u00f3 poco tiempo despu\u00e9s. Algunos bares empezaron a repartir <strong>caldo<\/strong> entre su clientela, que agradec\u00eda de coraz\u00f3n el trago cuando ingresaba entre vaharadas en el local de turno, se calentaba por el m\u00e9todo habitual (patadas contra el suelo) y atacaba la bendita p\u00f3cima a cucharadas (los menos), directamente de la taza a la boca (la mayor\u00eda) o con un leve toque de vino blanco (servidor). Vino servido por cierto en porr\u00f3n, utensilio hoga\u00f1o casi desaparecido de nuestros bares favoritos: con los inspectores de consumo hemos topado.<\/p>\n<p>La fiebre del caldo se fue popularizando mediados los a\u00f1os 80 y todav\u00eda hoy pueden observarse sus efectos en las barras conspicuas. Lo cual resulta una rareza logro\u00f1esa: seg\u00fan me asegura cierto forastero, alojado en esta misma casa, por otras tierras no suele ser tan com\u00fan que los bares despachen caldo. De d\u00f3nde viene semejante costumbre, me pregunto mientras yo mismo disfruto en casa del reparador tentempi\u00e9. Me contesta desde el fondo de mi conciencia al maestro <strong>Eduardo G\u00f3mez<\/strong>, quien me recuerda que hace a\u00f1os ya public\u00f3 en Diario LA RIOJA una pieza que reivindicaba aquel universo logro\u00f1\u00e9s donde el caldo aparec\u00eda pr\u00e1cticamente en cada barra. Es decir, que no se trataba ni se trata de novedad alguna. Con una particularidad propia de los a\u00f1os de su fundaci\u00f3n, all\u00e1 en el pleistoceno: que entonces, cuando G\u00f3mez gastaba pantal\u00f3n corto, era gratis. Cortes\u00eda de la casa. Ahora nos cobran (no mucho; no llega al euro en el <strong>Gurug\u00fa<\/strong>, por ejemplo) lo que antes era una d\u00e1diva, porque los camareros se apiadaban de su g\u00e9lida parroquia, seg\u00fan una norma implantada, como recuerda el amigo Eduardo, por el desaparecido <strong>bar Bilbao<\/strong> de la calle Mayor. \u201cSal\u00eda de la cocina el camarero <strong>Gallastegui<\/strong>, portando una bandeja con tacitas que distribu\u00eda entre la clientela\u201d, refresca su memoria. Aunque ojo: aquella parroquia rumbosa agradec\u00eda el detalle y a escote aportaba la voluntad. Unas monedas en la bandeja y al bar siguiente; por ejemplo, el <strong>Racimo de Oro<\/strong> de la misma calle, ducho tambi\u00e9n en el arte de servir caldo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/01\/caldo-gurugu.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-776\" title=\"Oferta de caldo en el Gurug\u00fa\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/01\/caldo-gurugu.jpg\" alt=\"Oferta de caldo en el Gurug\u00fa\" width=\"600\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/01\/caldo-gurugu.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/01\/caldo-gurugu-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo no conoc\u00ed tal costumbre. Cuando el caldo resucit\u00f3 ante nosotros, ya era de pago. Pero no era un pago oneroso, de modo que por unas pesetas sal\u00edas del bar algo mejor de como entrabas. Era usual que, adem\u00e1s, al trago de caldo se a\u00f1adiera el vino preceptivo propio de cada ronda, que tambi\u00e9n calentaba lo suyo aunque no con car\u00e1cter tan vertiginoso. Y si adem\u00e1s aparec\u00eda por all\u00ed el hombrecito con las patatas calientes como de contrabando, men\u00fa perfecto. Sobre todo, porque se tarifaba a precios muy contenidos. Aquellos caldos de verduras, que en alg\u00fan caso se adornaban con el conocido perfume a <strong>Starlux<\/strong> o <strong>Avecrem<\/strong>; esos caldos que en los bares de mayor pedigr\u00ed a\u00f1ad\u00edan un toque a (hueso de) <strong>jam\u00f3n<\/strong> nos aliviaron en mi mocedad de los rigores invernales. Que por cierto vuelven estos d\u00edas a golpearnos mientras protagonizamos la misma ruta inmemorial por los bares logro\u00f1eses. Lo cual me lleva a confesar que no: que no tengo ni idea de por qu\u00e9 en otras localidades del norte de Espa\u00f1a nunca lleg\u00f3 a extenderse esta bonita costumbre, pese a que tambi\u00e9n acompa\u00f1aba el mismo fr\u00edo ambiente. Ellas se lo pierden. Ese termo siempre dispuesto, ese chorro que brota entre vapores, esa taza humeante que aguarda sobre el platillo, ese leve toque de porr\u00f3n&#8230; Ah, el caldo. La particular magdalena de Proust de tantos y tantos logro\u00f1eses: por all\u00ed al fondo, mientras vuelve a nevar en mi imaginaci\u00f3n, creo ver si cierro los ojos al hombrecillo que baja desde el Blanco y Negro por la calle Laurel a repartir su mercanc\u00eda.<\/p>\n<p>Aquella s\u00ed que era una aut\u00e9ntica <strong>patata caliente.<\/strong><\/p>\n<p>P.D. Unos minutos patrocinados: <strong>Diario LA RIOJA<\/strong>, que con tanta generosidad y paciencia acoge estas correr\u00edas por Logro\u00f1o y sus bares, ofrecer\u00e1 a su propia parroquia el pr\u00f3ximo domingo d\u00eda 15 una raci\u00f3n de caldo. S\u00ed, caldo: en tetrabrik, de la prestigiosa marca <strong>Aneto<\/strong>. Ideal para saborear en casa, aunque tambi\u00e9n existe la opci\u00f3n de transportarlo a la Laurel, rogar que lo caliente el camarero de confianza y a ver si por ensalmo aparece el hombrecillo con las patatas calientes. Milagros m\u00e1s raros se han visto en esta calle. Y fin de la publicidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Laurel, primera glaciaci\u00f3n. En medio del fr\u00edo invernal, las huellas de los caminantes que peregrinan de bar en bar trazan un surco sobre la acera, orillada la nieve a ambos lados de la calle: dos muretes blanqu\u00edsimos. 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