{"id":794,"date":"2017-02-10T10:51:26","date_gmt":"2017-02-10T10:51:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=794"},"modified":"2017-02-10T10:51:26","modified_gmt":"2017-02-10T10:51:26","slug":"una-lagrima-por-el-suizo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/02\/10\/una-lagrima-por-el-suizo\/","title":{"rendered":"Una l\u00e1grima por el Suizo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-buena.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-796\" title=\"Publicidad antigua del Suizo de Haro\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-buena.jpg\" alt=\"Publicidad antigua del Suizo de Haro\" width=\"2239\" height=\"1106\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-buena.jpg 2239w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-buena-300x148.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-buena-768x379.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-buena-1024x506.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 2239px) 100vw, 2239px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que no se moleste nadie, pero si tengo que elegir una cabecera de comarca riojana donde tenga puesta mis complacencias siempre reconocer\u00e9 mi devoci\u00f3n por <strong>Haro<\/strong>, destino de habituales incursiones festivo-hosteleras. Aparcar cerca del coqueto <strong>Cid<\/strong> Paternina, curiosear por la carnicer\u00eda Mendoza (prueben sus morcillas, perd\u00f3n, <strong>delgadillas<\/strong>: imperiales, oiga usted), descender admir\u00e1ndome de la elegante sucesi\u00f3n de edificios finiseculares (dotados de una delicada carpinter\u00eda propia de orfebres) y detenerme en la <strong>plaza de la Pa<\/strong>z&#8230; Observar entonces su bello templete, la armoniosa porticada, la esbelta torre de <strong>Santo Tom\u00e1s<\/strong> all\u00e1 al fondo, la prometedora <strong>Herradura<\/strong>, el Beethoven, el Chamonix y tantos otros&#8230; Y, sobre todo, la posibilidad de maravillarnos porque todav\u00eda sobrevive entre nosotros su benem\u00e9rito <strong>Caf\u00e9 Suizo<\/strong>, testigo majestuoso de otra \u00e9poca. De otra \u00e9poca, s\u00ed: de la \u00e9poca en que su terraza no dejaba que pasara el tiempo y sus veladores del interior rebosaban de un gent\u00edo ahora ausente.<\/p>\n<p>Esa otra \u00e9poca en que su barra no ofrec\u00eda el l\u00e1nguido (pero encantador) aspecto que hasta hoy te recib\u00eda. Una imagen ya borrosa, difusa. Porque la propiedad del Suizo anuncia su inminente cierre, luego de vaticanas discusiones con la familia al frente del negocio. Y no: yo no me resisto a pensar que volver\u00e9 a pisar las calles de Haro nuevamente sin la promesa del reconfortante <strong>cafelito<\/strong> esper\u00e1ndome en la plaza de la Paz. Una pu\u00f1alada contra nuestra memoria sentimental, la clase de material intangible con que las ciudades constru\u00edan su propio imaginario, el <strong>archivo<\/strong> <strong>emocional<\/strong> que se transmite de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n hasta que, como sucede ahora, queda amputado: el Suizo se despide y Haro no ser\u00e1 lo mismo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 encontraba entre sus paredes el potencial cliente? Hablo por m\u00ed: la confirmaci\u00f3n de que una gloriosa parte de nuestro pasado habita entre nosotros. Clientes solitarios calibrando las intenciones del forastero que acaba de ingresar en el bar, bebedores ocasionales y los habituales de la ronda eterna. Cuadrillas de tertulia al estilo riojano (esto es, hablando a gritos) y el cuarteto de guardia despachando la partida de rigor en las mesitas (naipes, creo recordar: si tambi\u00e9n domin\u00f3, lo he olvidado). Camareros diplomados en la universidad de la vida, con m\u00e1s mili que <strong>una botella de Kaskol,<\/strong> defendiendo la barra como era norma: un servicio eficaz, sin concesiones. Sin las odiosas familiaridades que hoy se toman los novatos en la profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Adi\u00f3s a todo eso. De todo eso se despide Haro, un denso cap\u00edtulo en la biograf\u00eda de la ciudad al que cada vecino aportar\u00e1 adem\u00e1s su propia experiencia. Alguna pareja seguro que inici\u00f3 all\u00ed su idilio, ser\u00e1 el caf\u00e9 adonde el abuelo llevaba a merendar al nieto, que a su vez hoy ser\u00e1 ese jubilado que conduce hasta el Suizo a su propia descendencia. Habr\u00e1 quien note en el bar el vac\u00edo que dej\u00f3 el amigo desaparecido, a quien sin embargo todav\u00eda seguir\u00e1 viendo tal y como lo conoci\u00f3, y habr\u00e1 por supuesto quien se quede desamparado, sin saber ad\u00f3nde ir, cuando compruebe que la cancela se cierra y el Suizo pasa a la historia. Ese <strong>cliente triste, fan\u00e9 y descangallad<\/strong>o, como en el tango: el parroquiano de siempre transformado en parroquiano a la intemperie.<\/p>\n<p>Pero reservemos un t\u00edmido espacio para el optimismo. Dicen que una ventana emergente se abre al futuro y que el bar pasar\u00e1 a otras manos cualquier d\u00eda de estos. Pero uno, como los visitantes del infierno que dibuj\u00f3 Dante, abandona en este terreno cualquier concesi\u00f3n a la esperanza: suele ocurrir que pasan los d\u00edas y aquel ilusionante anuncio no se materializa nunca. O incluso puede suceder que el bar se reabra, en efecto, pero los nuevos due\u00f1os acometan tal reinvenci\u00f3n del viejo local que del genuino Suizo luego no queden ni los huesos. Tampoco su alma. Despojados de su aspecto tradicional hemos visto perecer en nombre de la modernidad demasiados bares por <strong>Logro\u00f1o, La Rioja y el resto de Espa\u00f1a<\/strong>: asusta pensar que similar destino aguarde al querido caf\u00e9 de Haro. Que acabe convertido en uno de tantos parques tem\u00e1ticos hosteleros, de falsa decoraci\u00f3n <strong>vintage<\/strong>, donde s\u00f3lo triunfe el mal gusto. Y mientras por Haro discuten si son galgos o podencos buscando a qui\u00e9n echar la culpa del cierre, yo reconozco que me da un poco lo mismo: me resigno a derramar una imaginaria l\u00e1grima por el caf\u00e9 que este lunes dice adi\u00f3s. Pensando que ojal\u00e1 sea un hasta luego.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-mala.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-795\" title=\"Publicidad antigua del Suizo de Haro\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-mala.jpg\" alt=\"Publicidad antigua del Suizo de Haro\" width=\"600\" height=\"366\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-mala.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/02\/suizo-mala-300x183.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P.D. La terminolog\u00eda de caf\u00e9 suizo, que tanto furor caus\u00f3 en la Espa\u00f1a del siglo pasado, ya mereci\u00f3 en este cubil alguna entrada a prop\u00f3sito de un libro muy recomendable, obra del benem\u00e9rito historiador <strong>Antonio Bonet<\/strong>, quien alud\u00eda al origen misterioso de semejante nomenclatura en su volumen &#8216;Los caf\u00e9s hist\u00f3ricos&#8217; y atribu\u00eda su fundaci\u00f3n a dos ciudadanos de origen helv\u00e9tico, llamados Matossi y Franconi, quienes idearon tan gran invento cuando encallaron en <strong>Bilbao<\/strong> esperando un nav\u00edo que les deb\u00eda llevar a Am\u00e9rica. No hubo tal: se quedaron en la villa fundada por nuestro paisano <strong>Diego de L\u00f3pez Haro<\/strong> (Haro, s\u00ed: curiosa paradoja), alumbraron un horno para nutrir de <strong>bollos<\/strong> a la poblaci\u00f3n, le a\u00f1adieron poco despu\u00e9s un caf\u00e9 para acompa\u00f1ar el bocado y crearon as\u00ed la tipolog\u00eda de caf\u00e9 suizo. Quien est\u00e9 interesado (y se aburra), aqu\u00ed tiene aquel art\u00edculo publicado en el 2013 a prop\u00f3sito precisamente de una excursi\u00f3n a Haro con exploraci\u00f3n incluida del Suizo ahora medio difunto. Y le a\u00f1ado un recordatorio: que tambi\u00e9n Logro\u00f1o cont\u00f3 con su propio Suizo, en el Espol\u00f3n, y que en el otro Espol\u00f3n riojano, el de<strong> Santo Domingo<\/strong>, atendi\u00f3 a sus clientes durante largo tiempo el otro Suizo que yo conoc\u00ed, aquel memorable bar que cay\u00f3 derrotado por los nuevos tiempos. Como el de Logro\u00f1o. Como el de Haro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Que no se moleste nadie, pero si tengo que elegir una cabecera de comarca riojana donde tenga puesta mis complacencias siempre reconocer\u00e9 mi devoci\u00f3n por Haro, destino de habituales incursiones festivo-hosteleras. 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