{"id":823,"date":"2017-04-13T08:42:20","date_gmt":"2017-04-13T08:42:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=823"},"modified":"2017-04-13T08:42:20","modified_gmt":"2017-04-13T08:42:20","slug":"regreso-a-la-calle-ollerias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/04\/13\/regreso-a-la-calle-ollerias\/","title":{"rendered":"Regreso a la calle Oller\u00edas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/04\/Ollerias.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-824\" title=\"Vista de la calle Oller\u00edas, con Marqu\u00e9s de Vallejo al fondo. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/04\/Ollerias.jpg\" alt=\"Vista de la calle Oller\u00edas, con Marqu\u00e9s de Vallejo al fondo. 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Y Oller\u00edas aparec\u00eda tambi\u00e9n de vez en cuando si pon\u00edamos en marcha la moviola: unos cuantos veteranos de las barras logro\u00f1esas se iniciaron en la profesi\u00f3n en aquellos bares que festoneaban la acera de los impares, porque la otra se limita a ejercer de trasera de los inmuebles de <strong>Muro de la Mata<\/strong>. Y no: en esa mano no hay otro bar que la puerta de servicio del ejemplar <strong>Tondeluna<\/strong>, m\u00e1s o menos donde anta\u00f1o estuvo la del <strong>A\u00e9reo Club<\/strong>. Enfrente, s\u00f3lo habita ahora mismo el local llamado <strong>In vino veritas<\/strong>, emigrado de la San Juan. No tengo el gusto. Me resisto a ingresar entre sus muros, tal vez como un pueril tributo que rindo a la memoria de aquel Logro\u00f1o que s\u00ed tuvo esta calle entre las m\u00e1s fet\u00e9n para eso tan nuestro: ir de bares.<\/p>\n<p>Es decir, eso de tomar unos vinos y acompa\u00f1arlos de alg\u00fan bocado. Curioso: porque como recuerda el benem\u00e9rito <strong>Eduardo G\u00f3mez<\/strong>, Oller\u00edas albergaba pocos bares, pero selectos, y todos ellos homenajeaban a Baco como suelen pero tambi\u00e9n rend\u00edan pleites\u00eda al recetario local. Sus barras despachaban golosinas de alto nivel cuando semejante oferta gastron\u00f3mica era m\u00e1s bien rara en la hosteler\u00eda logro\u00f1esa. As\u00ed se dispara el recuerdo de aquellas goller\u00edas, animado en este desempe\u00f1o no s\u00f3lo por el perito G\u00f3mez, sino por el memori\u00f3n<strong> Chema Macua,<\/strong> funcionario del Parlamento, que me suele recibir cuando acudo a aburrirme a los plenos espet\u00e1ndome su frase c\u00e9lebre: \u201cA ver cu\u00e1ndo escribes de Oller\u00edas\u201d. Sentencia que suele abrochar con la siguiente exclamaci\u00f3n, expresada mientras contenemos la saliva: \u201c\u00a1Ah, aquellos bocatas de oreja de <strong>La Chistera<\/strong>!\u201d.<\/p>\n<p>Promesa cumplida, Chema. Aqu\u00ed estoy record\u00e1ndome a m\u00ed mismo tal y como fui, tal y como fuimos tantos logro\u00f1eses de mi quinta, cuando guiados por la mano paterna penetr\u00e1bamos en aquel universo promisorio. Nuestro favorito era el <strong>Paco<\/strong> y sus champis inolvidables (y pioneros). El paseo continuaba a continuaci\u00f3n hacia otras cuentas del breve rosario de locales, para saborear nuevas viandas igual de sugestivas. Las cazuelitas del <strong>Sergio<\/strong>, por supuesto. Paco, Sergio, La Chistera&#8230; y algunos otros locales que me recuerda el se\u00f1or G\u00f3mez, de los que todo lo desconoc\u00eda: el Turco, por ejemplo, precedente del citado Paco. El Nuevo Choco, El Trece, Mi Tierra&#8230; Una serie de bares que desembocaban en el <strong>Baden<\/strong> de la <strong>Traves\u00eda<\/strong>, por donde se abandonaba la calle hacia la San Juan aleda\u00f1a, un paseo que yo tambi\u00e9n hago ahora alguna tarde: para recordarme a m\u00ed mismo de nuevo. Para recordar la calle que no se borra uno de la memoria, por un par de razones.<\/p>\n<p>La primera, amable. Cari\u00f1osa: en un piso de esa calle vend\u00eda huevos por docenas una pareja de simp\u00e1ticos ancianos a quien recurr\u00edamos en casa cuando se desabastec\u00eda el hogar familiar y hab\u00eda que echar a correr si quer\u00edamos cenar tortilla. Uno regresaba con el preciado bot\u00edn, acompa\u00f1ado tambi\u00e9n por el inolvidable sabor de las mejores <strong>rosquillas<\/strong> que usted habr\u00e1 probado nunca: puesto que en esa casa se romp\u00edan los huevos entre traj\u00edn y traj\u00edn igualmente por docenas, jam\u00e1s faltaba por lo tanto materia prima para elaborar ese delicioso<strong> dulce de sart\u00e9n<\/strong>. Y contengo de nuevo la saliva.<\/p>\n<p>Pero el segundo fogonazo que dispara la memoria cuando alguien me menciona la calle Oller\u00edas me borra la sonrisa de la cara. Es un recuerdo cruel. Aquel criminal atentado de <strong>ETA<\/strong>, con sus tres v\u00edctimas mortales y otro herido que salv\u00f3 la vida de milagro. Fotos en blanco y negro de aquella barbarie, la ciudad azotada por el terror, el funeral en <strong>La Redonda<\/strong> desbordante de tensi\u00f3n. La calle Oller\u00edas. A eso tambi\u00e9n me sabe Oller\u00edas, qu\u00e9 le vamos a hacer.<\/p>\n<p>Aunque tal vez si alguna bondadosa mano municipal ideara un siglo de \u00e9stos alg\u00fan plan para reactivar la mortecina calle, casi moribunda a pesar de su parad\u00f3jica vecindad con <strong>El Espol\u00f3n<\/strong>, yo tambi\u00e9n me har\u00eda un favor a m\u00ed mismo y volver\u00eda sobre mis pasos sin nostalgia. S\u00f3lo para recordar al ni\u00f1o que fui y olvidar de paso aquel espanto, pero sobre todo para concederle una oportunidad a esa calle memorable como pocas para quien se destet\u00f3 en las rondas por los bares de confianza pastoreado por sus mayores, inici\u00e1ndose en el rito finisecular del pincho, la tapa, la banderilla y la cazuelita, por aquella memorable tr\u00edada de bares: Paco, La Chistera, Sergio&#8230;<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n para que cuando me encuentre de nuevo con Chema Macua, mientras intento esquivar como puedo el sopor que domina tantas sesiones parlamentarias, pueda contestarle que s\u00ed: que ya he escrito sobre Oller\u00edas. Y que ya <strong>estamos en paz<\/strong>.<\/p>\n<p>En todos los sentidos. Tambi\u00e9n contra el <strong>terrorismo etarra<\/strong>.<\/p>\n<p>P.D. Me cuentan quienes deambulan a diario por la calle San Juan, entre comunes lamentos por el mejorable aspecto que ofrece Oller\u00edas, que la calle ha sido colonizada por ese hito tan logro\u00f1\u00e9s: el <strong>merendedro<\/strong>, que ocupa varias bajeras. Lo cual me devuelve tambi\u00e9n a la infancia, porque cierto condisc\u00edpulo de los <strong>Maristas<\/strong> celebraba en uno de esos locales su cumplea\u00f1os: su familia pose\u00eda all\u00ed un almac\u00e9n, que se empleaba para fiestas infantiles en la etapa anterior a la invenci\u00f3n del c\u00e9lebre chiquipark. Por ah\u00ed recuerda Eduardo G\u00f3mez que ca\u00eda la trasera del bar El Tercio, alojado en la calle San Juan, cuyo excusado hac\u00eda frontera con Oller\u00edas, de manera que alg\u00fan gracioso sol\u00eda gastar a quienes all\u00ed se aliviaban la siguiente broma: aprovechaba que el cliente del lavabo se encontraba apoltronado en la taza para tirar de la cisterna de improsivo, con gran estr\u00e9pito de risas y ofendidas quejas del agraviado. Porque hasta para esas cosas ten\u00eda gracia Oller\u00edas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Alguna ma\u00f1ana deb\u00eda ingresar quien esto escribe en territorio vetado: Oller\u00edas. Ya curiose\u00e9 cierta vez por sus alrededores, puesto que resulta dif\u00edcil evitar una calle tan castiza, alojada como est\u00e1 en el coraz\u00f3n de Logro\u00f1o y sus bares. 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