{"id":829,"date":"2017-05-01T08:03:20","date_gmt":"2017-05-01T08:03:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=829"},"modified":"2017-05-01T08:03:20","modified_gmt":"2017-05-01T08:03:20","slug":"nuestro-hombre-en-la-barra-abel-mesonero-oficial-de-logrono","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/05\/01\/nuestro-hombre-en-la-barra-abel-mesonero-oficial-de-logrono\/","title":{"rendered":"Nuestro hombre en la barra: Abel, mesonero oficial de Logro\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/05\/Chufo.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-830\" title=\"Abel y Rosa, en el Mes\u00f3n Chufo. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/05\/Chufo.jpg\" alt=\"Abel y Rosa, en el Mes\u00f3n Chufo. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"600\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/05\/Chufo.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/05\/Chufo-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas fue viernes. Y como cada viernes siguiente a los <strong>Jueves Flamencos<\/strong> que llenan de cante y baile el <strong>Bret\u00f3n<\/strong>, el <strong>Mes\u00f3n Chufo<\/strong> se levanta con resaca. Una resaca ben\u00e9fica: el singular recuerdo que deja entre sus paredes el paso de los artistas que la noche anterior pusieron el teatro en pie, puesto que desde hace tiempo quienes desfilan por sus tablas guardan la mod\u00e9lica costumbre de venir luego a cenar aqu\u00ed. A rendirse ante la cocina prodigiosa que despacha <strong>Rosa<\/strong> desde los fogones y <strong>Abel<\/strong> sirve con ese tipo de profesionalidad de camarero antiguo tan a\u00f1orada. Un mesonero como los de antes. El mesonero oficial de <strong>Logro\u00f1o<\/strong>. O uno de ellos.<\/p>\n<p>Y hoy ya es s\u00e1bado. Alejado el eco de la familia flamenca, cuyas juergas legendarias acabaron vetadas por la<strong> ley antitabaco<\/strong> pero sobreviven en su versi\u00f3n m\u00e1s contenida, llega el momento cumbre del fin de semana para este castizo local que soplar\u00e1 en junio 25 velas en la imaginaria tarta que sus due\u00f1os levantan a mayor gloria de ese tipo de bares, los bares de siempre, del Logro\u00f1o de siempre. Un bar que Abel Carazo pilota desde la barra como el capit\u00e1n de nav\u00edo explora el horizonte de su singladura: paciente, met\u00f3dico, se\u00f1orial. El tipo de aristocracia profesional que puebla los mejores bares, adiestrados sus protagonistas en la mejor universidad: la escuela de la vida.<\/p>\n<p>Que en su caso es larga. El boli se queda sin tinta mientras Abel derrama los grandes hitos de su carrera, iniciada pronto: a los 14 a\u00f1os, en su Soria natal. Y va desgranando bares como el Alc\u00e1zar donde se destet\u00f3, o el Pacho, primeras cuentas de un rosario laboral que le llev\u00f3 luego a la lejana Costa Brava, jovencito empleado en una discoteca de <strong>Playa de Aro<\/strong> que recuerda llena de guiris. Donde conoci\u00f3 a<strong> Julio Iglesias<\/strong>, nada menos. Entonces, otro primerizo que se asomaba al mundo cantando \u2018Manuela\u2019 a francesas y alemanas. Y se r\u00ede Abel mientras rememora la an\u00e9cdota c\u00e9lebre, seg\u00fan la cual el futuro suegro de la Kournikova le pidi\u00f3 una noche que le presentara a unas chicas que apuraban sus consumiciones en un rinc\u00f3n de la disco. Pero Abel se neg\u00f3 y lo dicho: todav\u00eda se est\u00e1 riendo.<\/p>\n<p>Nueva vuelta de manivela a su particular moviola: nos vamos de viaje hasta <strong>Tenerife<\/strong>, donde se perfeccion\u00f3 en un cometido al que hab\u00eda llegado no por casualidad. Porque desde luego a Abel le gustaban los bares, asegura, mientras recoge los \u00faltimos vasos de las rondas del mediod\u00eda. Le gustaban tanto que regres\u00f3 a Soria decidido a abrirse camino en ese gremio, donde pensaba entrar por la puerta grande: pensaba ser camarero en <strong>Madrid<\/strong>. Una idea que dur\u00f3 apenas unos minutos: se ape\u00f3 del autob\u00fas en la capital, vio a los grises interrumpir una manifestaci\u00f3n a golpe de porrazos y regres\u00f3 sobre sus pasos.\u00bf Siguiente destino? \u00abEl primer autob\u00fas sal\u00eda para <strong>Burgos<\/strong> y ese cog\u00ed\u00bb. Nueva oleada de risas.<\/p>\n<p>Pero, ay, Burgos no le convenci\u00f3. As\u00ed que nuestro hombre se imit\u00f3 a s\u00ed mismo: acudi\u00f3 a la estaci\u00f3n y se volvi\u00f3 a subir al primer autob\u00fas sin elegir destino, dejando que la fortuna guiara sus pasos. La tuvo: tuvo fortuna. Ese autob\u00fas le deposit\u00f3 en Logro\u00f1o, donde inici\u00f3 su prolongada carrera profesional. Apunte usted, se\u00f1or periodista: Abel Carazo se inici\u00f3 en las barras logro\u00f1esas en el llorado Llacol\u00e9n que regentaba<strong> Ra\u00fal Ad\u00e1n<\/strong>, acumul\u00f3 puntos en el carn\u00e9 de camarero haciendo horas extras en barras igual de m\u00edticas, como <strong>El Pasaje<\/strong> o el <strong>T\u00edvoli<\/strong>, y desemboc\u00f3 all\u00e1 donde le conoci\u00f3 quien firma estas l\u00edneas, defendiendo el bar de las queridas <strong>piscinas de<\/strong> <strong>Cantabria<\/strong>. Donde multiplic\u00f3 su suerte exponencialmente: all\u00ed conoci\u00f3 a su mujer, Rosa, y de all\u00ed salieron ya convertidos en pareja para explorar nuevos mundos.<\/p>\n<p>Mundos no demasiado remotos. Porque su primer empleo como reci\u00e9n casados se alojaba en una esquina de ese mismo Logro\u00f1o, el de toda la vida: en <strong>Puente Madre<\/strong> se acodaban los incondicionales de los ba\u00f1os en el Iregua al calor de los dos chiringuitos acostados junto a la <strong>Fuente de los Zapateros<\/strong>. Uno de ellos lo regentaba el famoso Cordero; el otro lo llevaron Abel y Rosa durante un verano calamitoso (\u00abNo par\u00f3 de llover\u00bb, apunta ella) pero inolvidable. Echa la vista atr\u00e1s Abel y se recuerda a s\u00ed mismo de jovencito, desplegando su ingenio por los veladores donde la parroquia se disputaba sus ensaladas, sus tortillas y sus porrones. Un ambiente como de familia Ulises que los logro\u00f1eses m\u00e1s veteranos no olvidan.<\/p>\n<p>Lo cual queda atestiguado por la atenci\u00f3n que le presta en plena ch\u00e1chara una pareja de parroquianos que mientras pone la oreja va rellenando los vac\u00edos de su relato si la memoria flaquea. De la orilla del Iregua salt\u00f3 Abel a ejercer como camarero en <strong>Los Bracos<\/strong> y aqu\u00ed su historia es un jard\u00edn de senderos que se bifurcan, como en aquel cuento de Borges: un ramal le manten\u00eda anclado al hotel de la <strong>calle Bret\u00f3n<\/strong>, mientras otro conduc\u00eda sus pasos hacia el Mes\u00f3n Chufo, una criatura reci\u00e9n nacida en este rinc\u00f3n de Logro\u00f1o que se ofrec\u00eda entonces como ruta alternativa a las rondas tradicionales. Porque hab\u00edan nacido de repente no s\u00f3lo el Chufo, sino el <strong>Secre<\/strong>, que tambi\u00e9n aloj\u00f3 al lado su <strong>Cava<\/strong>. Y luego brotaron <strong>Las Tejas<\/strong> y otras referencias que m\u00e1s o menos resisten, cirug\u00eda mediante. Id\u00e9ntica transformaci\u00f3n a la operada en el Chufo, cuya carta de cazuelitas se ha ido ampliando a medida que crec\u00edan las exigencias de la clientela. Que ya no se conforma con lo de siempre, que reclama tradici\u00f3n a sus bocados (y ah\u00ed vemos sus memorables alcachofas con foie y huevo), pero tambi\u00e9n modernidad. \u00abEl otro d\u00eda vino una cuadrilla de chavales y nos dijo que no esperaban encontrar una barra tan moderna\u00bb, subraya Rosa, mientras presume de incluir hoy en su recetario goller\u00edas tan ins\u00f3litas por Logro\u00f1o como los<strong> erizos de mar.<\/strong><\/p>\n<p>Ah\u00ed reside tal vez la magia del Chufo, que sabe atraer a una legi\u00f3n de seguidores de su doble alma: un bar de siempre, pero reinventado. Fiel al esp\u00edritu de aquel local inaugurado por <strong>Julio Bayano<\/strong>, donde Abel ofici\u00f3 de camarero hasta que lo hizo suyo. El Chufo as\u00ed bautizado en tributo a un pastor, <strong>navarro de Los Arcos<\/strong> como el propio Bayano, que dej\u00f3 atr\u00e1s aquellas fuentes de cogollos de Tudela que le labraron justa fama. El Chufo cuyos due\u00f1os siguen buscando inspiraci\u00f3n entre los libros de cocina desparramados por el hogar familiar (\u00abTenemos recetarios hasta por el ba\u00f1o\u00bb) y mirando hacia el porvenir fiados a una esperanza com\u00fan:#\u00abQue la gente no deje de venir\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/05\/Abel.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-831\" title=\"Abel Carazo, retratado de jovencito, seg\u00fan la est\u00e9tica de los 70\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/05\/Abel.jpg\" alt=\"Abel Carazo, retratado de jovencito, seg\u00fan la est\u00e9tica de los 70\" width=\"600\" height=\"412\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/05\/Abel.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/05\/Abel-300x206.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P.D. Norma de esta secci\u00f3n: preguntar a sus protagonistas qu\u00e9 bares eligen para sus escarceos al otro lado de la barra propia. El periodista invita a seleccionar tres referencias pero luego cada entrevistado contesta como le place, lo cual est\u00e1 fet\u00e9n. Abel y Rosa, no: se someten a los rigores de ese n\u00famero m\u00e1gico y aportan tres bares de su confianza. Tres. S\u00f3lo tres. A saber, Claret, Cuatro y El Refugio. Y una l\u00e1grima final: por esas cosas del azar, en los d\u00edas mediados entre la publicaci\u00f3n de este reportaje en Diario LA RIOJA y esta versi\u00f3n digital, ha fallecido el mencionado Ra\u00fal Ad\u00e1n, creador que fue del Llacol\u00e9n. DEP.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hace unos d\u00edas fue viernes. Y como cada viernes siguiente a los Jueves Flamencos que llenan de cante y baile el Bret\u00f3n, el Mes\u00f3n Chufo se levanta con resaca. 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