{"id":84,"date":"2013-02-08T11:37:36","date_gmt":"2013-02-08T11:37:36","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=84"},"modified":"2013-02-08T11:37:36","modified_gmt":"2013-02-08T11:37:36","slug":"continental-bar-de-cuatro-hojas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2013\/02\/08\/continental-bar-de-cuatro-hojas\/","title":{"rendered":"Continental, bar de cuatro hojas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/02\/conti.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-85\" title=\"Foto del bar Continental publicada en Diario LA RIOJA en el 2007, obra de J.M. Zorzano\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/02\/conti.jpg\" alt=\"Foto del bar Continental publicada en Diario LA RIOJA en el 2007, obra de J.M. 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Ah\u00ed va.<\/p>\n<p>\u201cLos bolos son ese entretenimiento con que te distra\u00edas de cr\u00edo a la orilla de la playa, el juego que llevaba bajo el sobaco Pedro Picapiedra camino del duelo semanal que manten\u00eda con su colega (\u00bfpod\u00eda llamarse Rocabruno?) en la tele que emit\u00eda en blanco y negro desde Flinstone. Los mismos bolos que regresan a Logro\u00f1o en formato yanqui ya fueron el argumento central de la historia escrita d\u00e9cadas atr\u00e1s en esas boleras donde apenas penetraba la luz del sol, cuya clientela atemorizaba a la chavaler\u00eda atra\u00edda por el lado oscuro de la ciudad. Su catedral se llam\u00f3 Tr\u00e9bol y se cobij\u00f3 en el coraz\u00f3n logro\u00f1\u00e9s: en las mism\u00edsimas entra\u00f1as de El Espol\u00f3n.<\/p>\n<p>El Tr\u00e9bol forma parte de la larga lista de bares adictos a la resurrecci\u00f3n que en la ciudad han sido. Con distintos formatos, desde su versi\u00f3n inicial como bolera, sobrevivi\u00f3 hasta la d\u00e9cada de los 90 del\u00a0 anterior siglo en busca de su identidad final: un espl\u00e9ndido bar de copas llamado Continental, evocador nombre con que sus due\u00f1os ya hab\u00edan bautizado otro negocio, una hermosa librer\u00eda en la <strong>calle de El Cristo<\/strong>, tambi\u00e9n desaparecida. En\u00a0<strong>la Conti<\/strong>, (as\u00ed, en femenino) la bolera desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Aquel espacio se transform\u00f3 en ocasional sala de conciertos, un aliciente que a\u00f1ad\u00eda atractivo al local, pen\u00faltima etapa en la b\u00fasqueda de identidad de toda una generaci\u00f3n que antes deambul\u00f3 por <strong>T\u00edvoli<\/strong>, <strong>Merl\u00edn<\/strong> y <strong>Tifus<\/strong>, aquel tridente tr\u00e1gico. (Final de trayecto en el <strong>Cacodilato<\/strong>). En lugar de los bolos, en el Continental se instal\u00f3 una de las primeras mesas de billar americano conocida por Logro\u00f1o, que ejerci\u00f3 como reclamo de aquella infinidad de tipos acodados en su barra al paso de paloma, viendo a las t\u00edas juguetear con el taco, manoseando el palo en dec\u00fabito prono mientras intentaban una carambola a menudo fallida. Hoy, los amables funcionarios de la<strong> Oficina de Turismo<\/strong> se sonr\u00eden si les preguntas qu\u00e9 queda de la Conti en el subsuelo de El Espol\u00f3n. Nada recuerda all\u00ed aquel bar donde los clientes saltaban de vez en cuando tras la barra para ejercer de pinchadiscos o camareros, una familiaridad que tal vez fue la causa de su acelerado cierre, apenas aplazado por el \u00e9xito veraniego de su terraza a la sombra de los extintos cedros.<\/p>\n<p>Acaso muri\u00f3 de \u00e9xito, sin superar la maldici\u00f3n heredada del Tr\u00e9bol, angosto garito con dos escaleras de acceso luego periclitadas, que permit\u00edan a sus asiduos bajar a las catacumbas como los protagonistas de aquel libro de Julio Verne: tambi\u00e9n ellos viajaron al centro, pero no de la Tierra, sino de Logro\u00f1o, seg\u00fan proclamaba el viejo lema de la Conti. Y como los h\u00e9roes del novelista de Nantes, regresaron con la inocencia perdida y algunos tragos de m\u00e1s. Con las patas de gallo que han florecido y la nostalgia que no cesa por los bares, los mejores bares, que nunca m\u00e1s volver\u00e1n\u201d.<\/p>\n<p>P.D.<br \/>\nPrueba de la adici\u00f3n de la Conti por las resurrecciones, un bar con el mismo nombre abri\u00f3 sus puertas no hace tanto en <strong>Calvo Sotelo<\/strong>. Ignoro si bautiz\u00e1ndolo as\u00ed su due\u00f1o invocaba la magia que acreditaba el original, pero desde luego merece la mejor de las suertes: hay que ser muy valiente para defender hoy un negocio en ese tramo tan maltratado de la zona peatonal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy traigo aqu\u00ed un bar resucitado. Es una entrada antigua, datada en abril del 2007, cuando publiqu\u00e9 un art\u00edculo en Diario LA RIOJA dedicado a uno de los bares de Logro\u00f1o que m\u00e1s frecuent\u00e9 en mi lejana mocedad, el c\u00e9lebre Continental, acaso una de las barras m\u00e1s hermosas de la ciudad, curvada e interminable. 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