{"id":865,"date":"2017-06-26T07:52:36","date_gmt":"2017-06-26T07:52:36","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=865"},"modified":"2017-06-26T07:52:36","modified_gmt":"2017-06-26T07:52:36","slug":"nuestro-hombre-en-la-barra-mere-camarero-de-camareros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/06\/26\/nuestro-hombre-en-la-barra-mere-camarero-de-camareros\/","title":{"rendered":"Nuestro hombre en la barra: Mere, camarero de camareros"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/06\/mere.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-866\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/06\/mere-300x140.jpg\" alt=\"LOGRONO. La Taberna del Mere. Duquesa de la Victoria. Hermenegildo Garcia N\u00e1jera, el Mere. 20 junio 2017. Justo Rodriguez\" width=\"300\" height=\"140\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/06\/mere-300x140.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/06\/mere-768x358.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/06\/mere-1024x477.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/06\/mere.jpg 1680w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hermenegildo Garc\u00eda, <strong>Mere<\/strong> para el mundo. Hijo de Manolo y de Consuelo, nieto de Julia, \u00abla de La Chatilla\u00bb, sobrino de Amada, hermano de Manolo, Mois\u00e9s y Enrique. Leyenda viva de Logro\u00f1o, taurino indesmayable, fan\u00e1tico del front\u00f3n, eterno fumador de habanos (\u00abMe he llegado a fumar hasta nueve al d\u00eda, apunta: Montecristo del tres, 898 o Fonseca del uno\u00bb), amigo de la buena mesa, inagotable conversador y mejorable contador de chistes. A quien el improbable lector recordar\u00e1 de cuando con apenas ocho a\u00f1itos defend\u00eda ya la barra del negocio familiar en <strong>La Chatilla<\/strong> de Mercaderes. O de cuando, tres a\u00f1os despu\u00e9s, estren\u00f3 con el resto de su progenie (su t\u00edo Lorenzo, asociado con el futbolista Zubillaga) el bar <strong>Bambi<\/strong> de la Laurel, fundado como marisquer\u00eda y cafeter\u00eda. S\u00ed, ese es Mere: aquel cr\u00edo que no olvidar\u00e1n los logro\u00f1eses m\u00e1s veteranos, encargado de rellenar las botellas con vino de garraf\u00f3n y otros menesteres menores en esa academia de camareros que fue la hosteler\u00eda de su tiempo.<\/p>\n<p>Sigamos su rastro, que Mere recita con su privilegiado memori\u00f3n desde la barra (tapicer\u00eda de cuero, filigrana de marqueter\u00eda) que le hizo c\u00e9lebre en la ciudad donde naci\u00f3 hace 73 a\u00f1os. Logro\u00f1\u00e9s castizo (mitad de Sagasta, mitad de la Mayor), se retir\u00f3 hace tres a\u00f1os de esta taberna benem\u00e9rita cuyo eslogan puede ser la frase que pronuncia silabeando mucho, como suele: \u00abSi no has estado en mi bar, es que no has alternado mucho\u00bb. Sentencia que uno acepta como la pulla que merece, mientras salva su deuda con la <strong>Taberna de Mere<\/strong> anotando el torrente de informaci\u00f3n que bombea a caudales. Un alud de datos, fechas y an\u00e9cdotas imposible de resumir.<\/p>\n<p>\u2013Mere, necesitar\u00eda para ti un suplemento entero.<br \/>\n\u2013Pues p\u00eddelo, chico.<\/p>\n<p>Risotada. Y contin\u00faa avanzando su biograf\u00eda, que le lleva hasta la San Juan, en cuya traves\u00eda abre con trece a\u00f1itos (ha le\u00eddo usted bien: trece, s\u00f3lo trece) el bar que le dio nombre. Ese <strong>Mere de la Traves\u00eda<\/strong> y sus inolvidables tortillas que facturaba su madre, bautizado con su nombre por ocurrencia de su abuelo Mois\u00e9s, \u00abque me quer\u00eda mucho\u00bb. De donde Mere saltar\u00eda a Torredembarra, junto con su colega Agust\u00edn Ca\u00f1as para desempe\u00f1arse en e<strong>l hotel Costa Fina,<\/strong> nueva casilla de ese imaginario parch\u00eds hostelero que le devolver\u00eda luego a <strong>Logro\u00f1o<\/strong>, empleado en la sala <strong>Ducal<\/strong> de Antonio Cendra bajo la direcci\u00f3n de otro mito de entonces, su encargado \u00d3scar, a quien cubre de elogios: \u00abUn campe\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Pero tomemos un poco de aire. Mere llena unos vasos con <strong>clarete de San Asensio<\/strong> (\u00abDe mi amigo Florentino, otro campe\u00f3n\u00bb), sirve embutidos de Alejandro (\u00abTambi\u00e9n un campe\u00f3n\u00bb: campe\u00f3n es su palabra fetiche) y dispara sus recuerdos en direcci\u00f3n a su siguiente destino, la legendaria casa <strong>El Cocinero<\/strong> de Calvo Sotelo. Esa universidad donde se diplom\u00f3, bajo el magisterio de Jos\u00e9 Mar\u00eda S\u00e1nchez, toda una saga de conocidos camareros entre quienes Mere destaca a Lorenzo Ca\u00f1as. \u00abPon que es el mejor, un grande. Grande como profesional pero a\u00fan m\u00e1s grande como persona\u00bb. Nueva cuenta en su rosario profesional: ahora vemos a Mere al frente del bar alojado en <strong>Villa Iregua<\/strong>, otra m\u00edtica barra que defendi\u00f3 con Agust\u00edn Ca\u00f1as. Aquel chalecito de la carretera de Soria, propiedad de una familia bilba\u00edna, los Toledo, engendr\u00f3 a una mod\u00e9lica generaci\u00f3n de camareros a quienes Mere recuerda con un punto de emoci\u00f3n;\u0010la misma que regala cuando repasa la inacabable retah\u00edla de clientes que se acodar\u00edan despu\u00e9s en su propio local, puesto que con ellos ejecutar\u00eda un movimiento semejante al del flautista de Hamel\u00edn: los apellidos del Logro\u00f1o de siempre (Adarraga, Quemada, Arzubialde y compa\u00f1\u00eda) le acompa\u00f1ar\u00edan en su nueva odisea hacia Duquesa de la Victoria. Con los ojos cerrados, como si fuera un l\u00edder religioso. Un gur\u00fa. A\u00f1o 1976. Bienvenidos a La Taberna de Mere.<\/p>\n<p>Que hab\u00eda nacido como pub, al estilo de la moda entonces pujante, bajo la denominaci\u00f3n de <strong>Peter&amp;John<\/strong>, nombre que abandon\u00f3 por <strong>La Barca de Robinson<\/strong>, en honor al c\u00e9lebre local del final de la Gran V\u00eda. Y llegados a este punto, nuestro hombre se acelera. Como un vendaval enumera los favores debidos a tantos amigos convertidos en clientes (\u00bfO es al rev\u00e9s?), con quienes mantiene infinita deuda de gratitud. Alfredo Barqu\u00edn y Julio Revuelta estrenan una lista muy prolija. Una especie de <strong>miniGotha logro\u00f1\u00e9s de la \u00e9poca<\/strong>, que encabezan Cholo Eizaga, Francis Mart\u00ednez Corbal\u00e1n y Manel Reboiro. Y prosigue con \u00abdon Gabino\u00bb, el llorado ejecutivo bancario que cont\u00f3 en sus \u00faltimos a\u00f1os con su butaca particular en este local: un asiento tapizado en azul que Mere hizo fabricar para que uno de sus parroquianos favoritos estuviera como en casa.<\/p>\n<p>O mejor que en casa, puesto que \u00e9se es el secreto de nuestros bares predilectos. Que garanticen una atm\u00f3sfera genuina, esa clase de ambiente que Mere aseguraba durante el largo tiempo en que estuvo al frente de este bar que hoy, ya clausurado, guarda una apariencia de museo. Donde el visitante tropieza todav\u00eda con un esp\u00edritu familiar, una presencia fantasmal pero cercana y grata. Tal vez porque si hablaran sus paredes, donde cuelgan las fotos de sus incondicionales, ver\u00edamos a la Ni\u00f1a Pastori charlar con Victoria Abril o Lolita Flores, a Arturo Fern\u00e1ndez de ch\u00e1chara con Curro Romero y una tertulia multitudinaria donde participar\u00edan El Viti, Arzak, Argui\u00f1ano, Jos\u00e9 Mari Manzanares, Tit\u00edn, Francis Paniego, Ni\u00f1o de la Capea, Joaqu\u00edn Cort\u00e9s, Emilio Guti\u00e9rrez Caba (\u00abHicimos la mili juntos\u00bb), Concha Velasco, Lucio, Palomo Linares y Pepe Blanco. Todos ellos, desde luego, unos campeones.<\/p>\n<p>Como se deduce, Mere es un forofo del mundo del toro, lo cual le condenaba en la a\u00f1eja <strong>feria de San Mateo<\/strong> a llevar los bolsillos desbordantes de encargos que repart\u00eda seg\u00fan la siguiente norma: \u00abAl contado\u00bb. M\u00e1s carcajadas. Aunque alguna nube cruza su semblante. Mere se emociona si recuerda a su familia, empezando por su esposa. Y acuosa la retina, revisa el listado completo de clientes y amigos. O amigos y clientes: \u00abT\u00fa entrabas aqu\u00ed y en una esquina ve\u00edas a Miguel \u00c1ngel Ba\u00f1os y en la otra, a Pedro Gonz\u00e1lez Ripa\u00bb. M\u00e1s campeones: la cuadrilla de Luisja Rodr\u00edguez Moroy, la de Jaime Garc\u00eda Calzada o la de Ignacio y resto de compa\u00f1eros de Comercial Cant\u00e1brica&#8230; Los Chopera, el a\u00f1orado Javier Echarri (\u00bfEso que asoma por sus ojos es una lagrimilla?), Eduardo G\u00f3mez (\u00abOtro fen\u00f3meno, ponlo, ponlo\u00bb), Manolo Monta\u00f1a, Abundio Ba\u00f1os y resto de su prole, Pepe \u00abel de Tebriz\u00bb, Balta \u00abel de Garel\u00bb, Rosel, Cadi\u00f1anos, Dionisio Ruiz, su estanquero Julio, los Bezares, los Adarraga, Javier Pascual&#8230;<\/p>\n<p>\u2013\u00bfTe dejas a alguien, Mere?<br \/>\n\u2013No s\u00e9&#8230; Pon a Emilio Carreras. Un campe\u00f3n.<\/p>\n<p>Anotado queda. El bochorno de junio azota <strong>la Glorieta<\/strong>. Como las puertas de la Taberna, tambi\u00e9n la libreta se cierra. Sus p\u00e1ginas contienen algo m\u00e1s que el relato de una vida: encierran una suerte de atlas hist\u00f3rico de Logro\u00f1o. La ciudad que fue, un estilo de vida desaparecido. Cuando el co\u00f1\u00e1 era el rey de las barras y las damas prefer\u00edan tragos como Calisay o Cointreau. Cuando media docena de anises llevaban marca de origen riojano. Cuando Mere, de terno siempre impecable, agitaba en su coctelera<strong> un Manhattan, un Gin Fizz o un Americano<\/strong> y, animado por una copa de chinch\u00f3n, acababa ciertas noches de farra bailando jotas con los clientes que abarrotaban el bar. Llenos casi diarios: la aut\u00e9ntica medida de su \u00e9xito. \u00abYo creo que ven\u00edan por m\u00ed. Porque contaba chistes a punta pala\u00bb.<\/p>\n<p>Risotada final. Confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2013 \u00bfEchas de menos el bar?<br \/>\n\u2013 A veces. Y lo volver\u00eda a abrir. Pero s\u00f3lo con la gente que quiero.<\/p>\n<p>Hermenegildo Garc\u00eda, Mere para el mundo. Camarero de camareros. Un fen\u00f3meno. Un grande. Un campe\u00f3n.<\/p>\n<p>P. D. Cuando se le pregunta a Mere, como es norma en esta secci\u00f3n, sobre sus bares favoritos (salvando el suyo) de Logro\u00f1o, contesta con una variante propia de su personalidad: derivando la respuesta a otro sector vecino, el de la restauraci\u00f3n. As\u00ed que en vez de bares, enumera sus restaurantes favoritos, una relaci\u00f3n que inaugura El Cachetero, que era como su segundo hogar en su anterior encarnaci\u00f3n, y que incluye al Eg\u00fc\u00e9s, Buenos Aires, Taberna de Herrer\u00edas y La Cocina de Ram\u00f3n. Que aproveche. Y un par de bares ya difuntos: el a\u00f1orado El Duque (&#8220;Pon que su due\u00f1o Sufi era mi amigo&#8221;) y el Robinson tambi\u00e9n desaparecido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hermenegildo Garc\u00eda, Mere para el mundo. Hijo de Manolo y de Consuelo, nieto de Julia, \u00abla de La Chatilla\u00bb, sobrino de Amada, hermano de Manolo, Mois\u00e9s y Enrique. 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