{"id":88,"date":"2013-02-15T18:39:42","date_gmt":"2013-02-15T18:39:42","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=88"},"modified":"2013-02-15T18:39:42","modified_gmt":"2013-02-15T18:39:42","slug":"cenicero-en-sus-bares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2013\/02\/15\/cenicero-en-sus-bares\/","title":{"rendered":"Cenicero en sus bares"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/02\/cenicero.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-89\" title=\"Julio Ezquerro, en la barra del bar El Puerto de Cenicero, retratado por Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/02\/cenicero.jpg\" alt=\"Julio Ezquerro, en la barra del bar El Puerto de Cenicero, retratado por Justo Rodr\u00edguez\" width=\"600\" height=\"374\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/02\/cenicero.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/02\/cenicero-300x187.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Como hab\u00eda advertido cuando inici\u00e9 este blog, alguna vez ten\u00edamos que irnos de excursi\u00f3n. Ya hab\u00edamos hecho alg\u00fan viajecito a las afueras de <strong>Logro\u00f1o<\/strong>, pero lo que propongo hoy es un desplazamiento en toda regla: nos vamos a <strong>Cenicero<\/strong>. El destino elegido es pertinente: quitando la capital de La Rioja, se trata del segundo municipio de la regi\u00f3n cuyos bares m\u00e1s he frecuentado. Empezando por uno ya clausurado, aunque mantiene la hermosa rotulaci\u00f3n que le distingu\u00eda: el <strong>Gallo de Oro<\/strong>.<\/p>\n<p>Traspas\u00e9 sus puertas hace un mill\u00f3n de a\u00f1os, convocado en su seno por una noticia aparecida en <strong>Diario LA RIOJA<\/strong>. La firmaba <strong>Eduardo G\u00f3mez<\/strong>, quien desvelaba a sus lectores que all\u00ed radicaba el bar m\u00e1s barato de La Rioja. No ment\u00eda: esa misma tarde comprobamos que, en efecto, una copa de an\u00eds y una rosquilla costaban lo que promet\u00eda Eduardo: 7 pesetas de los primeros a\u00f1os 80. Repito: 7 pesetas. Para los finolis, 0,04 euros. As\u00ed que a una hora inusual, la hora t\u00edpica de la ronda de vinos, esa noche la cogimos de an\u00eds. Con gran \u00e9xito. Desde entonces, aquel bar, ocupado por una venerable clientela que ignoraba a santo de qu\u00e9 ven\u00eda nuestra sorprendente visita, tiene un lugar en mi coraz\u00f3n. Y siempre que me doy una vuelta por all\u00ed y lo veo resistiendo aunque cerrado, en el recoleto espacio que le aloja, atrincherado tras los soportales, pienso lo mismo que cuando tropiezo con el <strong>Pachuca<\/strong> logro\u00f1\u00e9s: qu\u00e9 pena que siga cerrado.<\/p>\n<p>Desde aquella primera expedici\u00f3n, el Gallo de Oro no es el \u00fanico bar de Cenicero que me fue conquistando. La ruta habitual pod\u00eda continuar en el <strong>Marqu\u00e9s<\/strong>, <strong>Meri<\/strong>, <strong>City Sky<\/strong>, <strong>Juanan<\/strong>\u2026 La mayor parte, muy ricos en decibelios y entregados por lo general a la causa jevi, una iconograf\u00eda que se romp\u00eda por completo a la altura del <strong>Joymi<\/strong>, decorado como si el tiempo se hubiera detenido en a\u00f1os 70 y atendido por unas encantadoras damas. Porque ah\u00ed radica el imbatible atractivo de los bares de Cenicero, que son como sus gentes: dif\u00edcil encontrar otras m\u00e1s simp\u00e1ticas ni con m\u00e1s salero. De modo que el buen humor y la hospitalidad estaban aseguradas en cada una de nuestras incursiones, que sol\u00edan incluir el <strong>Baja Baja<\/strong> (subterr\u00e1neo, como su nombre indica), alguna vez amagaron con ingresar en el <strong>Casino<\/strong> y finalmente desembocaban en el <strong>Verde Manzana<\/strong>, local que tambi\u00e9n dispon\u00eda de un espacio bajo el nivel de la calle para el momento bailable.<\/p>\n<p>Dejo sin embargo para el final lo mejor. Porque lo mejor para m\u00ed en cada expedici\u00f3n por los bares de Cenicero ocurr\u00eda cuando la ronda paraba en<strong> El Puerto<\/strong>, cuyo encanto resid\u00eda en\u2026 La verdad es que no lo s\u00e9, pero lo ten\u00eda. Un encanto may\u00fasculo. Para empezar, por su inigualable terraza, encajonada bajo el porche que recib\u00eda al visitante a mano derecha y le guiaba luego a la barra situada enfrente, una hermosa barra, decorada con motivos taurinos, desde donde se exped\u00eda a los veladores las vituallas a trav\u00e9s de un gracioso ventanuco.<\/p>\n<p>Con estas l\u00edneas intento compartir mi emoci\u00f3n por aquel local desaparecido pero no s\u00e9 si lo consigo. Como ya tengo escrito, esto de los bares es una experiencia dif\u00edcilmente compartible: para que uno se encuentre en un bar mejor que en casa se necesita algo et\u00e9reo, m\u00e1gico, inefable. Complicado de explicar, casi imposible. Ese bar ideal tiene que reunir cierta inaprensible suma de talentos: camareros dotados por el don de la profesionalidad, unos parroquianos con quien uno siente que puede confraternizar aunque los acabe de conocer, una atm\u00f3sfera propia\u2026 Bares con identidad. Con una personalidad innegociable: uno entra en ellos y sabe de pronto que \u00c9SE es su sitio.<\/p>\n<p>Todas estas virtudes adornaban a El Puerto, otro m\u00e1s en la larga n\u00f3mina de bares difuntos por quienes derramo una imaginaria l\u00e1grima de vez en cuando. Sus due\u00f1os, al menos, lo conservan tal cual lo recuerdo: <strong>Justo Rodr\u00edguez<\/strong> lo retrat\u00f3 como vemos en una reciente visita a Cenicero gracias a la amabilidad de su propietario, <strong>Julio Ezquerro<\/strong>, Santa Dar\u00eda le bendiga. Observo la foto: tengo la sensaci\u00f3n de que mientras se disparaba la c\u00e1mara, se disparaba tambi\u00e9n una oleada de nostalgia. El Puerto, El Gallo de Oro, Cenicero: qu\u00e9 d\u00edas los de aquellas noches.<\/p>\n<p>P.D. Uno de los alicientes a\u00f1adidos a cualquier ronda por Cenicero ten\u00eda que ver con la singular oferta de alcoholes que acredita: sus famosos vinos, qui\u00e9n lo duda, pero tambi\u00e9n su m\u00e1s desconocida bebida aut\u00f3ctona, el <strong>tirol\u00e9s<\/strong>. \u00bfQu\u00e9 es el tirol\u00e9s? Bueno, el que lo haya probado ya lo sabe: un peligro. Y hecha esta advertencia, quienes quieran saborear tan sugerente p\u00f3cima que en exageradas dosis depara inolvidables resacas (de las que exigen una bolsa de agua en la cabeza), deber\u00e1n saber lo que sabe cualquier cenicerense: que el tirol\u00e9s es un verm\u00fa. Nada m\u00e1s, pero nada menos. En alg\u00fan bar recuerdo haberlo visto servir mezclado con moscatel: \u00e9se s\u00ed que era un c\u00f3ctel batido y agitado. Muy agitado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como hab\u00eda advertido cuando inici\u00e9 este blog, alguna vez ten\u00edamos que irnos de excursi\u00f3n. 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