{"id":902,"date":"2017-09-29T11:23:13","date_gmt":"2017-09-29T11:23:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=902"},"modified":"2017-09-29T11:23:13","modified_gmt":"2017-09-29T11:23:13","slug":"barcelona-en-sus-bares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/09\/29\/barcelona-en-sus-bares\/","title":{"rendered":"Barcelona en sus bares"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/boadas.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-903\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/boadas-182x300.jpg\" alt=\"Fachada del Boadas. Imagen de su web\" width=\"182\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/boadas-182x300.jpg 182w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/boadas.jpg 611w\" sizes=\"(max-width: 182px) 100vw, 182px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si <strong>Logro\u00f1o<\/strong> es el territorio de la infancia, <strong>Barcelona<\/strong> es el pa\u00eds de los sue\u00f1os. Logro\u00f1o era la prosa; Barcelona, la poes\u00eda. Porque para un cr\u00edo educado en el monocultivo de bares logro\u00f1eses acudir, guiado por la mano paterna, hasta <strong>El Corte Ingl\u00e9s de la plaza de Catalu\u00f1a<\/strong> y aposentarse en su terraza exterior mientras a la espalda se ofrec\u00eda el maravilloso espect\u00e1culo de su <strong>buffet policr\u00f3mico<\/strong> supon\u00eda ingresar en el reino de la fantas\u00eda. Espa\u00f1a, a\u00f1os 70. La fantas\u00eda hecha realidad. La fantas\u00eda que te acompa\u00f1ar\u00e1 toda la vida, de modo que pensar en Barcelona significa verse a uno mismo en pantal\u00f3n corto, jugando con las palomas de la plaza, retrat\u00e1ndose en <strong>Canaletas<\/strong> y esperando la hora en que tomara el ascensor hacia, en efecto, el bar de El Corte Ingl\u00e9s. Donde los sue\u00f1os se materializaban en forma de <strong>Pepsi Cola o Cacaolat<\/strong>.<\/p>\n<p>Que Logro\u00f1o en sus bares se marche hoy de excursi\u00f3n por Barcelona obedece a razones propias de la agenda pol\u00edtica, que tienen mejores analistas que quien esto firma para no llegar a ninguna conclusi\u00f3n y lanzar de paso alg\u00fan insulto por el camino. Lo que pretenden estas l\u00edneas que siguen es reivindicar a Barcelona en sus bares, aquellos locales que tanto hicieron por mi educaci\u00f3n sentimental en la infancia y la adolescencia. Cuando descubr\u00ed que a la baraja de garitos logro\u00f1eses pod\u00eda a\u00f1adir otra tipolog\u00eda que resultar\u00eda tambi\u00e9n definitiva para construir la imagen completa del concepto bar en mi p\u00e1rvulo mag\u00edn.<\/p>\n<p>El bar de El Corte Ingl\u00e9s era desde luego una parada obligatoria en la preceptiva visita anual a la Capital Condal, pero el peregrinaje por sus calles exig\u00eda otros hitos igual de memorables. Por ejemplo, la <strong>Barceloneta<\/strong>. Cuando la Barceloneta no era todav\u00eda el territorio ol\u00edmpico que lleg\u00f3 con los Juegos del 92 y se transform\u00f3 en un parque tem\u00e1tico para el turisteo. Aquellas memorables casas de comidas, con la barra rozando los dos metros de altura, que obligaba a auparte de puntillas para pedir la comanda. Camareros con mandil gigante, pizarras asimismo cicl\u00f3peas con la oferta del d\u00eda, pollos &#8216;a last&#8217; (me encantaba esa denominaci\u00f3n) y, s\u00ed, esos tragos ins\u00f3litos por Logro\u00f1o, donde no se ten\u00eda noticia de la Pepsi desde luego (aqu\u00ed \u00e9ramos todav\u00eda fans monotem\u00e1ticos de la Coca Cola) y por supuesto se ignoraba todo sobre el bebedizo llamado Cacaolat. Era tambi\u00e9n frecuente que aquellos bares despacharan con la mayor normalidad del mundo una botella de agua con gas, preferentemente <strong>Vichy<\/strong>. Lo cual nos turbaba, porque aquella p\u00f3cima se reservaba en los hogares logro\u00f1eses para esos momentos en que a alguien le dol\u00eda la tripa y no hab\u00eda a mano el otro brebaje misterioso que todo lo curaba: el agua del Carmen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/petrichol.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-904\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/petrichol-300x226.jpg\" alt=\"Granja de la calle Petrixol. Foto de La Vanguardia\" width=\"300\" height=\"226\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/petrichol-300x226.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/petrichol-768x578.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/petrichol-1024x771.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/petrichol.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las rutas barcelonesas por sus bares inclu\u00edan a media tarde otro cap\u00edtulo obligado: alguna de las chocolater\u00edas alojadas en la querida calle Petrichol (hoy, <strong>Petrixol<\/strong>: que Puigdemont me perdone) y alguna de las cantinas de la vecina plaza del Pino (disculpas de nuevo: <strong>plaza del Pi<\/strong>) para el tentempi\u00e9 previo a la hora de cenar, que en mi caso ten\u00eda car\u00e1cter de festival cuando tal acontecimiento ten\u00eda lugar en una cafeter\u00eda americana ubicada en la Diagonal, cuya lujuriosa oferta desataba en mi imaginaci\u00f3n los mismos efectos que la menci\u00f3n a un pollo asado para el idolatrado <strong>Carpanta<\/strong>. De aquel bar, un establecimiento ampl\u00edsimo llamado <strong>La Oca,<\/strong> se pod\u00eda salir adem\u00e1s con un atractivo adicional: la propia cena. Es decir, llevarte contigo las sobras. Porque hab\u00eda adoptado la buena costumbre (americana) de preparar una tartera de ocasi\u00f3n para que te comieras en casita aquello por lo que hab\u00edas pagado. Un h\u00e1bito hoy muy frecuente, pero que entonces representaba una novedad marciana. Tan marciana como nuestra respuesta: prefer\u00edas no acabarte la cena para saborear ese momento en que sal\u00edas a la Diagonal t\u00faper en ristre. Aunque s\u00f3lo llevara dentro las patatas fritas de guarnici\u00f3n ten\u00eda su aquel perfumar con el guiso el taxi amarillo y negro que te recog\u00eda.<\/p>\n<p>Con el tiempo, clausurada la costumbre familiar de recorrer Barcelona con periodicidad ferroviaria, se espaciaron las visitas, que adoptaron tambi\u00e9n un enfoque m\u00e1s maduro: cosas de la edad. Fue cuando empec\u00e9 a comprobar que la ciudad hab\u00eda cambiado. No necesariamente a mejor. La mentalidad nacionalista (cainita, identitaria y clasista, valga la redundancia) se apropiaba, lenta pero contundentemente, del car\u00e1cter barcelon\u00e9s que me resultaba tan pr\u00f3ximo. Tan querido. Un car\u00e1cter tranquilo, ingenuo y bienintencionado. Cort\u00e9s, educado, c\u00edvico. As\u00ed es como recuerdo la Barcelona de entonces, simbolizada en aquel tipo de bar llamado granja que festoneba la ciudad entera y tan agradable resultaba: Barcelona, como el tipo de Espa\u00f1a al que muchos aspir\u00e1bamos. Que (ay) se fue convirtiendo en algo distinto. M\u00e1s agresivo. Menos confortable. No reparto culpas: simplemente, lo anoto.<\/p>\n<p>Al menos esa fue mi experiencia la \u00faltima vez que recorr\u00ed sus calles de arriba a abajo, que es el m\u00e9todo habitual: de la monta\u00f1a al mar. Un paseo que tuvo el sabor amargo de toda despedida. Adi\u00f3s a <strong>La Venta del Tibidabo<\/strong>, con su maravillosa terraza (a mis pies la ciudad, como cantaba Loquillo) y adi\u00f3s los bares de la Barceloneta, ya consagrados a la globalizaci\u00f3n y carentes del encanto de sus predecesores. Adi\u00f3s al <strong>Caf\u00e9 de la \u00d3pera<\/strong>, decimon\u00f3nico local situado en las Ramblas que garantizaba facturas astron\u00f3micas y un paseo por el siglo XIX. Y adi\u00f3s al <strong>Boadas<\/strong>, cocteler\u00eda donde culmin\u00e9 una velada memorable, que puesta por escrito va a quedar (lo siento) muy pedante: un perfecto gin tonic tras escuchar a <strong>Van Morrison<\/strong> en concierto, con el majestuoso (y vecino) Liceo como escenario. A la salida, el cantante de Belfast pas\u00f3 en coche (lunas tintadas) a mi vera, sombrero en ristre. Le dije adi\u00f3s con la mirada. Tambi\u00e9n le dije adi\u00f3s a Barcelona. La de la infancia y la de mis sue\u00f1os. La Barcelona de los bares inolvidables que siempre seguir\u00e1 siendo m\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/roy.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-905\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/roy-300x225.jpg\" alt=\"Exterior del bar Roy de Sitges. Foto de la web\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/roy-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/roy-768x577.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/09\/roy.jpg 800w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P.D. Las excursiones a esa a\u00f1orada Barcelona aqu\u00ed revisitada se inclu\u00edan en un paquete con destino a la vecina Sitges, la playa de mi ni\u00f1ez. Que dispone de su propia panoplia de bares, entre los cuales tiendo a aconsejar el venerable caf\u00e9 Roy de la c\u00e9ntrica calle Parelladas (perd\u00f3n de nuevo: Parellades en la lengua de Gerard Piqu\u00e9). Un laber\u00edntico local pr\u00f3digo en encantos, cuyas maravillas exigir\u00edan otro art\u00edculo ad hoc. O ex profeso. Las resumo en dos: su inigualable terraza, subida a una coqueta tarima, y sus legendarias tertulias, donde cualquiera puede participar, a condici\u00f3n de que acredite sentido com\u00fan y sentido del humor. Curiosamente, dos de las virtudes hoy en retroceso por aquel rinc\u00f3n de Espa\u00f1a (de Espa\u00f1a, al cierre de esta edici\u00f3n).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Si Logro\u00f1o es el territorio de la infancia, Barcelona es el pa\u00eds de los sue\u00f1os. Logro\u00f1o era la prosa; Barcelona, la poes\u00eda. 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