{"id":907,"date":"2017-10-06T11:17:26","date_gmt":"2017-10-06T11:17:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=907"},"modified":"2017-10-06T15:04:13","modified_gmt":"2017-10-06T15:04:13","slug":"nuestro-amigo-el-bocata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/10\/06\/nuestro-amigo-el-bocata\/","title":{"rendered":"Nuestro amigo el bocata"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/bocata.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-908\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/bocata-300x200.jpg\" alt=\"Bocadillo de El Soldado. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/bocata-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/bocata-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/bocata-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/bocata.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No recuerdo la primera vez en que o\u00ed la palabra <strong>bocata<\/strong>, pero desde luego no olvido su impacto. Ya entonces me cautiv\u00f3 ese ingenio tan espa\u00f1ol para bautizar con semejante voz al entra\u00f1able <strong>bocadillo<\/strong> de toda la vida. Palabra (bocadillo) que, por el contrario, se bate desde entonces en retroceso. Carezco de pruebas, pero me malicio que eso de llamar bocata al bocadillo debi\u00f3 ocurrir en aquellos a\u00f1os en que ten\u00edamos en casa tocadiscos, aparato que empez\u00f3 a denominarse tocata y justific\u00f3 incluso llamar as\u00ed a un difunto programa de televisi\u00f3n. Pero el ced\u00e9 (y Spotify) mat\u00f3 al tocata, anacronismo que por supuesto nadie utiliza ya a estas alturas, pese al revival vintage del vinilo. Mayor fortuna alcanz\u00f3 por el contrario su gemelo bocata, voz que incluso se aup\u00f3 al Gotha al que aspira cualquier invento semejante: ser admitida por la <strong>RAE<\/strong>. \u201cForma coloquial para referirse al bocadillo\u201d, dictamina la docta casa.<\/p>\n<p>La RAE aclara que el sufijo &#8216;ata&#8217; proviene de la jerga&#8230; aunque no a\u00f1ade de cu\u00e1l. Ya les ayudo yo a los acad\u00e9micos: de aquella horterada llamada a\u00f1os 80. Que introdujo una avalancha de cambios en la cultura popular, muchos de cuyos hallazgos apenas sobreviven. S\u00ed resiste el concepto bocata, cuya aparici\u00f3n entre nosotros algo tuvo de conmoci\u00f3n: nos oblig\u00f3 a ser modernos, haza\u00f1a para la que est\u00e1bamos poco o nada preparados. Porque el primer bocadillo que conocimos en las escapadas lejos del hogar familiar ten\u00eda poco o nada de moderno: el bocadillo por excelencia de aquel Logro\u00f1o era el tremendo bocado que despachaban en <strong>La Viga<\/strong>, una vianda todav\u00eda heredera de la postguerra. No casaba nada bien con el concepto bocata: era casi un pecado denominar de tal guisa a un artefacto como aqu\u00e9l, media barra de pan hueco que reclamaba su tiempo para ser engullido. Porque el hambre (la gusa, mejor dicho) estaba garantizada.<\/p>\n<p>El bocadillo de La Viga rend\u00eda tributo a la tortilla de patata, servida rebosante de aceite seg\u00fan la recuerdo. Una <strong>tortilla casera,<\/strong> de abundantes proporciones, tarifada a precios tan razonables como se deduc\u00eda de la fiebre que desataba entre la mocedad logro\u00f1esa, cuyos bolsillos no admit\u00edan entonces grandes dispendios (ni tel\u00e9fonos m\u00f3viles, creo recordar). Uno hac\u00eda fila hasta hacerse con el bocadillo y tardaba luego una eternidad en acabar con \u00e9l, manchando de paso la pechera con el juguillo caracter\u00edstico, como era norma en la adolescencia. Un percance que tambi\u00e9n acechaba si atacabas el otro gran bocadillo del <strong>Logro\u00f1o<\/strong> aquel: el de <strong>calamares<\/strong> <strong>del Moderno<\/strong>, convenientemente loado en entradas previas y servido tambi\u00e9n a m\u00f3dicos precios.<\/p>\n<p>Con el tiempo, el bocadillo formato &#8216;king size&#8217; fue perdiendo terreno. Lo perdi\u00f3 incluso el concepto bocadillo, sobre todo desde que se transform\u00f3 en bocata. Le arrebat\u00f3 su espacio el emparedado, que alg\u00fan cursi llamar\u00e1 <strong>sandwich<\/strong> (<strong>bikini en Barcelona<\/strong>), y dej\u00f3 de menudear en la oferta de bares logro\u00f1eses. As\u00ed que siento una punzada retrospectiva cada vez que paso por la calle Oviedo y veo en <strong>El Rinc\u00f3n de Pepe<\/strong> al cr\u00edo que fui zamp\u00e1ndose el legendario bocadillo de jam\u00f3n, otro bocado en retirada que sobrevive en s\u00f3lo unos cuantos bares porque ahora somos tan finolis que acompa\u00f1ar la bebida con cualquier cosa que vaya entre pan y pan nos parece demasiado camp.<\/p>\n<p>Algo tendr\u00e1 que ver la mala fama que acecha precisamente al ingrediente por excelencia del amigo bocata: el pan. Dicen que engorda, que no s\u00e9 qu\u00e9, que qu\u00e9 s\u00e9 yo, que blablabla. El caso es que en la mayor\u00eda de bares se limitan a ofrecer una rebanada como compa\u00f1\u00eda del pincho de guardia y ni rastro de su imprescindible presencia como aliado del embutido o la tortilla&#8230; salvo alguna excepci\u00f3n. Soleada excepci\u00f3n: por ejemplo, los bocadillos de sardina con guindilla que preparan en tantas casas con gran \u00e9xito. <strong>El Gil, El Soldado o La Guarida<\/strong>, local herededo del difunto <strong>Alejandro<\/strong> donde alcanz\u00f3 precisamente gran \u00e9xito un bocadillo al que debo grandes momentos de celebraci\u00f3n gastron\u00f3mica a mayor gloria del colesterol: sus <strong>bocadillos<\/strong> <strong>de panceta<\/strong>, pr\u00f3digos por cierto en grasilla y por lo tanto proclives (tambi\u00e9n, tambi\u00e9n) a coronar la pechera con alg\u00fan lampar\u00f3n.<\/p>\n<p>S\u00f3lo esos deliciosos bocadillos (mejor dicho: semibocadillos, porque se despachan en formato minimal) se mantienen fieles al imperio gastron\u00f3mico de hace unos cuantos a\u00f1os. Lo cual me lleva a compartir estas cavilaciones con el amigo lector, porque acabo de comprobar que, frente a las tesis dominantes, el bocadillo merece siempre ser revisitado. S\u00f3lo hace falta reinventarlo. Echarle imaginaci\u00f3n y talento. Estoy seguro de que no falta ninguna de esas virtudes en nuestros bares favoritos; y siempre queda la opci\u00f3n de inspirarse en ejemplos como los que aqu\u00ed comparto: aqu\u00ed van unas cuantas propuestas de ra\u00edz riojana, por cierto. Porque nacieron del reto que lanz\u00f3 el infatigable <strong>Mikel Zeberio<\/strong> la gente del <strong>Mes\u00f3n Riojano de Santander<\/strong>: <a href=\"http:\/\/www.hoy.es\/culturas\/libros\/buenos-bocatas-20170929003249-ntrc.html\">bocadillos con fines ben\u00e9ficos<\/a>. Como los que inger\u00eda uno en La Vi\u00f1a tan a\u00f1orada. En beneficio de nuestro paladar, nuestra panza y nuestra memoria.<\/p>\n<p>P. D. Que se puede reconvertir el bocadillo de toda la vida en un manjar distinto, pero leal a sus principios, lo llevan demostrando unos cuantos locales de Espa\u00f1a entera de un tiempo a esta parte. Uno de ellos, por si sirve de pista, se llama <a href=\"http:\/\/, https:\/\/johnbarrita.com\/\">John Barrita<\/a><strong>,\u00a0<\/strong>alojado en <strong>la madrile\u00f1a calle Vallehermoso<\/strong> y luce el siguiente lema con pinta de eslogan: \u201cBocatas que molan\u201d. Con buena pinta, por cierto: de focaccia y sardina, por ejemplo, o de pisto y huevo. Porque si lo recomienda el gran <strong>Carlos Maribona<\/strong> en su imprescindible blog <a href=\"http:\/\/abcblogs.abc.es\/gastronomia\/\">&#8216;Salsa de chiles&#8217;<\/a>, es que merece la pena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; No recuerdo la primera vez en que o\u00ed la palabra bocata, pero desde luego no olvido su impacto. Ya entonces me cautiv\u00f3 ese ingenio tan espa\u00f1ol para bautizar con semejante voz al entra\u00f1able bocadillo de toda la vida. Palabra (bocadillo) que, por el contrario, se bate desde entonces en retroceso. 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