{"id":913,"date":"2017-10-13T10:29:45","date_gmt":"2017-10-13T10:29:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=913"},"modified":"2017-10-06T15:36:26","modified_gmt":"2017-10-06T15:36:26","slug":"los-bares-ingleses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/10\/13\/los-bares-ingleses\/","title":{"rendered":"Los bares ingleses"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/ingl\u00e9s-2.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-917\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/ingl\u00e9s-2-300x39.jpeg\" alt=\" \" width=\"300\" height=\"39\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/ingl\u00e9s-2-300x39.jpeg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/10\/ingl\u00e9s-2.jpeg 697w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ah, el bar. <strong>Hermosa palabra: bar<\/strong>. De etimolog\u00eda extranjera, por cierto. Inglesa. As\u00ed que puesto que procede del <strong>ingl\u00e9s<\/strong>, no deber\u00eda extra\u00f1arnos que de ese idioma provengan otras voces hermanas que apuntan hacia el mismo universo hostelero. Cualquiera podr\u00e1 recordar, si peina alguna cana, el momento glorioso en que irrumpi\u00f3 entre nosotros otro concepto an\u00e1logo: el <strong>pub<\/strong>. \u201c\u00bfQu\u00e9 es un pub?\u201d, nos preguntamos. \u201cNi idea\u201d fue la contestaci\u00f3n m\u00e1s generalizada. Aunque en nuestro p\u00e1rvulo caletre ya anidaba la idea imprecisa de que el pub era un bar, aunque de categor\u00eda m\u00e1s elevada. Pose\u00eda un estatus superior, derivado de su propio nombre (el cual remit\u00eda a la querida Inglaterra seg\u00fan la magra informaci\u00f3n que nos llegaba), y tambi\u00e9n de su m\u00e1s elegante aspecto. <strong>El Robinson de la Gran V\u00eda,<\/strong> seg\u00fan recuerdo, fue el primer establecimiento cuyas puertas se abrieron encabezadas por semejante nomenclatura. Y claro: intimidaba. De modo que hubo que esperar a que se popularizase ese nuevo concepto<strong> por las calles Vitoria y alrededores<\/strong> para que el pub se entronizara entre nosotros, ingres\u00e1ramos sin miedo y pasar\u00e1mos a la siguiente pantalla: a ver cu\u00e1l ser\u00eda la siguiente ocurrencia en materia de bares angl\u00f3filos&#8230;<\/p>\n<p>&#8230;Que ahora ya adoptan la forma de invasi\u00f3n. De repente, como habr\u00e1 detectado el improbable lector,<strong> la modernidad hostelera ha adoptado el vocabulario ingl\u00e9s<\/strong>. En los bares que aspiren a ingresar en el olimpo de lo novedoso, ha nacido incluso una jerga propia, como queda claro desde la rotulaci\u00f3n. Ya no hay comida: todo es <em>food<\/em>. Ni tragos: la palabra fetiche es <em>drink<\/em>, verbo que con seguridad pocos sabr\u00e1n luego conjugar (se lo aclaro gratis: <em>drink\/drank\/drunk,<\/em> si<strong> la profesora Julia Baigorri<\/strong> no me enga\u00f1aba). Hay garitos que se intitulan <em>friendly<\/em>. Otros van m\u00e1s lejos: son friendly, desde luego, pero sobre todo para las mascotas. Perd\u00f3n, <em>pets<\/em>. Y as\u00ed sucesivamente: el castizo cafelito se ve sustituido por el brit\u00e1nico <em>coffee<\/em>, que mejorar\u00e1 sin duda su calidad para amoldarse a su nueva denominaci\u00f3n. El bar de vinos, tan ca\u00f1\u00ed, se transform\u00f3 hace tiempo en <em>wine bar<\/em>. Y refrescarse el gaznate con una ca\u00f1a representa un placer muy inferior al derivado de solazarse con una <em>beer<\/em>.<\/p>\n<p>Todos estos vocablos, y unos cuantos m\u00e1s, se han apoderado de nosotros mediante una eficaz campa\u00f1a de marketing que, sin embargo, carece de recorrido en la vida real. Lo cual es una pena. Quiere decirse que la clientela conspicua se resiste a ser dominada por los hijos de la Gran Breta\u00f1a y alrededores, de modo que nos evita espect\u00e1culos muy prometedores, porque ser\u00edan desternillantes. Ver por ejemplo a una cuadrilla de chiquiteadores natos pidiendo a Manolo en <strong>El Soldado<\/strong> ches o cuacho <em>wine glasses<\/em>, por ejemplo. O acudir al <strong>Soriano<\/strong> y reclamarle la raci\u00f3n diaria de <em>mushroom<\/em> (<em>with prawn, please<\/em>). O acudir luego al <strong>Jubera<\/strong> a por una cazuela de <em>brave potatoes,<\/em> mientras los testigos de semejante marcianada lloramos de risa.<\/p>\n<p>A esta lista imaginaria puede a\u00f1adir quien lo desee sus propias locuras. No debe entenderse sin embargo que esta moda merezca reproches entre quienes la practican: el due\u00f1o de un bar que se resista a seguir la tendencia se arriesga a ser visto hoy como un sospechoso, ajeno a la modernidad. Un rancio, vaya. As\u00ed que no deber\u00e1 extra\u00f1ar<strong> la apertura de locales en Logro\u00f1o<\/strong> como el que inspira estas l\u00edneas, un hallazgo reciente cuyo r\u00f3tulo sirve para ilustrar mis cavilaciones. Donde no se limitan a despachar el mejor <em>coffee<\/em> ni una estupenda <em>beer<\/em>: es que tienen <em>much more<\/em> que ofrecer. De modo que, con total seguridad, cuando un parroquiano logro\u00f1\u00e9s de toda la vida, ese tipo de ejemplares que usted y yo conocemos, se acode una ma\u00f1ana en la barra y no le convenzan las sugerencias del camarero, le har\u00e1 la siguiente pregunta: \u201c\u00bfY qu\u00e9 es eso de <em>much more<\/em>, chiguito?\u201d. A lo cual, \u00e9ste le responder\u00e1 en perfecto ingl\u00e9s, como si fuera un locutor de la BBC: <em>\u201cOf course: my taylor is rich and my mother is in the kitchen\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>En fin&#8230; Ser\u00e1n enfermedades propias de la etapa de crecimiento de este nuevo universo donde florecen conceptos como el <strong>gastrobar<\/strong> e inventos similares. Pero ante todo, mucha calma: el tiempo lo filtra todo. Y habida cuenta la predisposici\u00f3n de la <strong>RAE<\/strong> para dar por buenas cuantas voces lleguen avaladas por el uso popular, no hay que preocuparse: dentro de unos a\u00f1os hablaremos todos en ingl\u00e9s mientras nos tomamos un trago. Sobre todo, en La Rioja, regi\u00f3n que como no se cansan de recordar todos los consejeros de Educaci\u00f3n<strong> de Luis Alegre a esta parte<\/strong>, es desde hace unos cuantos cursos perfectamente <strong>biling\u00fce<\/strong>. O est\u00e1 a punto de serlo, que nunca se sabe. De modo que mientras llega ese d\u00eda, podemos solazarnos con la grandeza del idioma nacido en San Mill\u00e1n que dispone de una estupenda variedad de palabras para referirse a la misma realidad. Porque un bar es m\u00e1s que un bar: tambi\u00e9n puede ser taberna, cantina, mes\u00f3n, tasca, caf\u00e9, cafeter\u00eda, cervercer\u00eda, pub o club. O ambig\u00fa, mi favorita. (<em>Sorry: my favourite word all over the world<\/em>).<\/p>\n<p>P.D. La expansi\u00f3n del ingl\u00e9s, tan invasiva, conecta el \u00e1mbito de los bares logro\u00f1eses con otro sector pujante: el turismo. Es frecuente observar cuadrillas (o <em>groups<\/em>) de extranjeros deambulando por<strong> Laurel, San Juan y alrededores<\/strong>, maravill\u00e1ndose ante la oferta que ya conocen de primera mano los ind\u00edgenas. Y, en consecuencia, los camareros logro\u00f1eses han tenido que refrescar su arsenal de conocimientos: antes sab\u00edan lat\u00edn. Ahora, tambi\u00e9n ingl\u00e9s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Ah, el bar. Hermosa palabra: bar. De etimolog\u00eda extranjera, por cierto. Inglesa. As\u00ed que puesto que procede del ingl\u00e9s, no deber\u00eda extra\u00f1arnos que de ese idioma provengan otras voces hermanas que apuntan hacia el mismo universo hostelero. 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