{"id":930,"date":"2017-11-10T09:22:15","date_gmt":"2017-11-10T09:22:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=930"},"modified":"2017-11-10T09:23:46","modified_gmt":"2017-11-10T09:23:46","slug":"el-vino-tenia-un-precio-primera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/11\/10\/el-vino-tenia-un-precio-primera-parte\/","title":{"rendered":"El vino ten\u00eda un precio (primera parte)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/11\/copas-de-vino-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-934\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/11\/copas-de-vino-1-300x200.jpg\" alt=\"Copas de vino de Rioja. Foto de Justo Rodr\u00edguez para Diario LA RIOJA\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/11\/copas-de-vino-1-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/11\/copas-de-vino-1.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace unos meses, este <a href=\"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/05\/15\/calle-laurel-huelga-de-chiquiteadores\/\">blog <\/a>aloj\u00f3 una reflexi\u00f3n retrospectiva sobre cierto <strong>boicot<\/strong> de la clientela conspicua de los bares castizos con ocasi\u00f3n de una fulgurante (aunque lejana) subida del precio del vino, all\u00e1 en el pleistoceno. Bueno, no tan lejana. Porque aquella rebeli\u00f3n ocurri\u00f3 en los a\u00f1os 80 (ochenta): las tarifas se dispararon de un d\u00eda para otro y los parroquianos reaccionaron como corresponde. Cabalmente. Es decir, que no s\u00f3lo se indignaron, sino que peregrinaron hasta su red social favorita para proclamar su ira: las p\u00e1ginas de <strong>Diario LA RIOJA<\/strong>. All\u00ed se consign\u00f3 su protesta\u2026 con nulo \u00e9xito, la verdad: el precio del vino sigui\u00f3 por las nubes, pero al menos los firmantes del manifiesto tuvieron la oportunidad de divulgar al mundo su enojo explay\u00e1ndose a conciencia. Sin limitarse como hoy a la dictadura de los 140 caracteres. (perd\u00f3n: 280 al cierre de esta edici\u00f3n).<\/p>\n<p>Aquel episodio (bastante camp, hay que admitirlo) me intrig\u00f3. M\u00e1s all\u00e1 de la exploraci\u00f3n arqueol\u00f3gica, me parec\u00eda que fomentaba alguna clase de pesquisa en torno al presente. Al aqu\u00ed y al ahora. As\u00ed que, atenci\u00f3n: pregunta. A cu\u00e1nto se cobra la copa de vino en nuestros bares favoritos. Porque el lector habr\u00e1 observado que la pol\u00edtica de precios en el gremio de la hosteler\u00eda puede calificarse como oscilante, o (por no tildarlo de veleta) veleta. Es decir, que no hay un precio \u00fanico para el mismo producto, puesto que en determinarlo intervienen distintos factores que acaban por distorsionar la realidad. Se llama econom\u00eda de mercado. Es una rama de la parapsicolog\u00eda. As\u00ed que, habida cuenta mis muchas limitaciones en este \u00e1mbito y en otros cuantos, hice lo de siempre. Consultar a fuentes generalmente bien informadas, como se dec\u00eda antes en el periodismo. Con todos ustedes, el logro\u00f1\u00e9s <strong>Fernando B\u00f3beda<\/strong>, observador agudo y due\u00f1o de un <a href=\"https:\/\/quienariojavino.com\/\">blog <\/a>sobre vino cuya lectura recomiendo vivamente.<\/p>\n<p>Quien recogi\u00f3 con la cortes\u00eda y sagacidad habituales la invitaci\u00f3n, que se sustanciaba en la siguiente propuesta: que fuera anotando en sus periplos <strong>chiquiteadores<\/strong> que le llevan <strong>de la San Juan a la Laurel y zonas aleda\u00f1as<\/strong> (y bebo porque me toca) a cu\u00e1nto se cobra un vino. Se trata por lo tanto de una prueba muy arbitraria, que no pretende molestar a nadie sino que se limita a medir a t\u00edtulo de ejemplo muy emp\u00edrico qu\u00e9 le pasa a una botella de vino cuando ingresa en un bar y contribuye a rellenar unas cuantas copas. Qu\u00e9 sucede en ese momento en que el camarero de guardia acude a la m\u00e1quina registradora y te trae la factura. Valga esta experiencia que relata el amigo B\u00f3beda para hacernos una idea, teniendo en cuenta que inici\u00f3 su peregrinaje en el ya remoto verano.<\/p>\n<p>\u201cTom\u00e9 como referencia el<strong> Tob\u00edas Selecci\u00f3n<\/strong>, de Cuzcurrita\u201d, relata. \u201cEncontr\u00e9 precios que van de 1,50 a 2,10 euros en una botella que a precio de bar oscila entre los 5 y los 6 euros\u201d. Siguiente ejemplo, <strong>Tobelos<\/strong>, la bodega de Bri\u00f1as. \u201cEs m\u00e1s constante\u201d, explica. \u201cSe cobra a una horquilla entre 2 y 2,30 euros, cuando en precio de origen es s\u00f3lo ligeramente superior\u201d, a\u00f1ade. \u201cMi referencia\u201d, apunta sobre este particular, \u201ces precio de botella en origen multiplicado por 2,5, contando siete copas por botella en crianza y ocho en cosechero\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfSirven de algo a alguien estas correr\u00edas cronometradas calculadora en mano de nuestro hombre? Veamos. Porque avanzando el est\u00edo se dej\u00f3 caer el amigo B\u00f3beda por la querida <strong>Le\u00f3n<\/strong>, donde prosigui\u00f3 sus investigaciones. Con estos resultados. \u201cUn corto y un <strong>Ram\u00f3n Bilbao Reserva,<\/strong> m\u00e1s tapa de chorizo y cecina con media barra de pan, nos sali\u00f3 por 3,60 euros\u201d, anota. En otro local, registra lo siguiente: \u201cUn corto y un <strong>Zuazo Gast\u00f3n<\/strong>, m\u00e1s dos lonchas generosas de queso, 3 euros\u201d. Y subraya: \u201cLo dejo a tu criterio\u201d. Como insinuando que\u2026 Como insinuando que rellene el improbable lector los puntos suspensivos y luego tome nota de la siguiente parada leonesa del referido peritador: \u201cCorto de cerveza m\u00e1s <strong>Rioja Bord\u00f3n<\/strong> y dos croquetas, 3,50\u201d.<\/p>\n<p>Proseguimos, con pesquisas m\u00e1s recientes. \u201cEstar poteando por San Juan y pedir un <strong>Bozeto de Tom Puyaubert<\/strong> en dos bares ejemplares sirviendo vino \u2013pr\u00e1cticamente pared con pared por dar m\u00e1s datos-, y pagar en uno 1,70 y 2,20 en el otro\u201d, a\u00f1ade. Se pueden agregar puntos suspensivos (licencia de quien firma estas l\u00edneas) o concluir que, en efecto, la econom\u00eda de mercado es una rama de la parapsicolog\u00eda. Para comprender algunos de sus estropicios, se necesita la g\u00fcija. O bien concluir con el mentado B\u00f3beda su siguiente dictamen. Primer principio, compartido por cierto, en forma de pregunta: \u201c\u00bfEl vino se vende caro en Logro\u00f1o? Te dir\u00e9 que el del cosechero s\u00ed me parece un precio abusivo\u201d. Y dos: \u201cLa idea final es que las cuadrillas de chiquiteros como las hemos conocido no interesan. Y si sobreviven \u00fanicamente podemos encontrarlas en los barrios. Ellos, los chiquiteadores, no alternan a vinos con crianza, \u00fanicamente a cosecheros. Resultado: Laurel y San Juan est\u00e1n vedadas para ellos por razones econ\u00f3micas\u201d.<\/p>\n<p>A lo cual, servidor, que carece de semejante ciencia, s\u00f3lo puede a\u00f1adir la frase c\u00e9lebre de Tony Soprano: \u201cAm\u00e9n a todo\u201d. Y que, como los folletines antiguos, continuar\u00e1.<\/p>\n<p>P.D. A este menester de calibrar el precio de un vino, que ya insisto en que carece de validez cient\u00edfica y debe tomarse como lo que es (un pasatiempo), contribuye el autor de estas l\u00edneas con su propio trabajo de campo. Una factura reci\u00e9n endosada en un bar de <strong>Madrid<\/strong>, bastante chulo por cierto: se aloja en la calle Ponzano esquina a Bret\u00f3n, zona hoy en pleno proceso de gentrificaci\u00f3n, bajo el nombre de <strong>La Malcriada<\/strong>. El precio puede quitar el hipo: 7,80 euros, a suerte de 3,90 por cabeza. Era un Rioja de <strong>Luis Ca\u00f1as<\/strong>, fet\u00e9n por cierto. Que en Logro\u00f1o se tarifa mucho m\u00e1s econ\u00f3mico, aunque aqu\u00ed debo a\u00f1adir alguna advertencia que matiza la conclusi\u00f3n m\u00e1s apresurada. Una, que como es costumbre en Madrid, la dosis de vino era generosa, tirando a exagerada: con esa raci\u00f3n se llenan entre nosotros un par de copas, as\u00ed que el vino te saldr\u00eda por la mitad (1,95 euros). Segundo aviso: que, como tambi\u00e9n es costumbre en la capital del Reino de Espa\u00f1a, se acompa\u00f1a de <strong>una tapa de regalo<\/strong>, un jugoso huevo relleno que me transport\u00f3 a la infancia, cuando semejante bocado poblaba las mesas familiares de media Espa\u00f1a. Tercera apostilla: que hubo otro obsequio de la casa, a petici\u00f3n del consumidor, consistente en un platillo de estupendas aceitunas, una de mis devociones. Y cuarto: que todo lo antedicho fue despachado con gracia, simpat\u00eda y sentido de la profesionalidad por una espabilad\u00edsima camarera. De donde concluyo que el precio final, inicialmente astron\u00f3mico, finalmente no fue para tanto. Y que el poeta ten\u00eda raz\u00f3n: es de necios confundir valor con precio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hace unos meses, este blog aloj\u00f3 una reflexi\u00f3n retrospectiva sobre cierto boicot de la clientela conspicua de los bares castizos con ocasi\u00f3n de una fulgurante (aunque lejana) subida del precio del vino, all\u00e1 en el pleistoceno. Bueno, no tan lejana. 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