{"id":965,"date":"2017-12-31T09:55:32","date_gmt":"2017-12-31T09:55:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=965"},"modified":"2017-12-31T10:14:34","modified_gmt":"2017-12-31T10:14:34","slug":"los-contertulios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2017\/12\/31\/los-contertulios\/","title":{"rendered":"Los contertulios"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/12\/unnamed.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-967\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/12\/unnamed-300x228.jpg\" alt=\"Vista de La Granja. Foto de Jal\u00f3n \u00c1ngel (Archivo Casa de la ImagenI\" width=\"300\" height=\"228\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/12\/unnamed-300x228.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/12\/unnamed-768x584.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/12\/unnamed-1024x778.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2017\/12\/unnamed.jpg 1764w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En aquel tiempo ancestral los ni\u00f1os observ\u00e1bamos a nuestros padres a una distancia prudente, siguiendo el viejo mandato: no molestar. No importunar a los mayores, a quienes uno se acostumbr\u00f3 a ver de lejos en aquella <strong>cafeter\u00eda La Granja<\/strong> que durante a\u00f1os ejerci\u00f3 como una prolongaci\u00f3n del hogar familiar. Te sentaban en el sofacito bajo la escalera, te obsequiaban como mucho con un vaso de agua del grifo y ejerc\u00edas de actor sin frase en la pel\u00edcula que s\u00f3lo protagonizaban ellos, los adultos. Ellos y nosotros \u00e9ramos planetas aislados cuyas \u00f3rbitas s\u00f3lo de vez en cuando se rozaban entre s\u00ed. Los mayores tambi\u00e9n formaban su propia \u00f3rbita, la construida <strong>en torno a la tertulia<\/strong> orquestada con sus afines, planetas de s\u00ed mismos: de la tertulia vecina pod\u00eda desprenderse cierta ma\u00f1ana alg\u00fan miembro que se encontraba de repente hu\u00e9rfano de compa\u00f1\u00eda y buscaba algo de calor entre los semiextra\u00f1os. Tertulias casi siempre multitudinarias: yo localizaba entre aquel barullo de ternos y corbatas, risotadas y chocar de cucharillas en las tacitas de caf\u00e9 a mi padre como una sombra fugaz, subsumido entre la pi\u00f1a formada por el resto de contertulios y sent\u00eda una punzada de envidia. De mayor quer\u00eda ser como ellos.<\/p>\n<p>\u00bfY c\u00f3mo eran ellos en <strong>aquella interminable tertulia que fue Logro\u00f1o durante largos a\u00f1os<\/strong>? Lo antedicho. Se\u00f1ores pulcramente aseados y vestidos, la barba rasurada (salvo en el caso de aquel militar c\u00e9lebre o del m\u00e9dico apodado as\u00ed, El Barbas), que procuraban arreglar el mundo cada d\u00eda para comprobar al filo de la medianoche que su prop\u00f3sito hab\u00eda sido en vano. Tambi\u00e9n alg\u00fan grupo de mujeres, damas de distinguida indumentaria compartiendo risas o atacando en solitario el cafelito. Pero sobre todo hombres. Hombres sentados en las mesitas del fondo, convertidas en paso de paloma seg\u00fan los dictados del camarero <strong>Santos<\/strong> y del jefe de todo aquello, <strong>D\u00e1maso<\/strong>, vig\u00eda sutil desde la m\u00e1quina de caf\u00e9. M\u00e1s hombres con el pie en el estribo de la barra, el pa\u00f1uelo asomando por el bolsillo de la americana, que se dejaban limpiar los zapatos mientras se ped\u00edan una de gambas, h\u00e1bito al que mi padre fue sin embargo siempre refractario y esa herencia me dej\u00f3: no permitir que nadie te lustre jam\u00e1s el calzado.<\/p>\n<p>Aquella tertulia de La Granja fue perdiendo integrantes por razones de pura biolog\u00eda, que tiene cosas que la raz\u00f3n no entiende. Del primitivo grupo se quedaron s\u00f3lo unos pocos contertulios, embargados por esa clase de tristeza que se alcanza cuando sabes lo que antes ignorabas: que la vida es una enfermedad mortal. S\u00f3lo quedaban ya junto a mi padre el relojero <strong>Barrios<\/strong>, <strong>Antonio<\/strong> (el del Ayuntamiento) y el legendario <strong>Julio<\/strong>, cuya estatura alcanzaba para m\u00ed la aureola de un Mat\u00edas Prats (senior), por la sencilla raz\u00f3n de que lo escuchaba de buena ma\u00f1ana hablando cada d\u00eda desde el micr\u00f3fono de<strong> Radio Rioja<\/strong>: como trabajaba en Obras P\u00fablicas, se encargaba del parte de carreteras. Yo los segu\u00ed viendo luego ya de adolescente tomando la misma distancia, la larga distancia. Me asombraba su tenacidad para sostener la costumbre de acodarse en aquella hermosa barra curvil\u00ednea manteni\u00e9ndose fieles a unas pocas m\u00e1ximas, pero de imprescindible cumplimiento: por ejemplo, nunca quedaban con antelaci\u00f3n. No exist\u00eda la cita previa: cada cual se dejaba caer m\u00e1s o menos a la misma hora, de modo que todos ellos se agrupaban con la misma naturalidad y elegancia de los trozos de glaciar cuando se desprenden de la roca madre y vagan por la mar oc\u00e9ana hasta dar con otro de los suyos.<\/p>\n<p>Otra m\u00e1xima era el silencio. Pod\u00edan estar durante un largo rato cuchicheando, otras veces alzaban algo la voz o re\u00edan alguna ocurrencia del vecino, pero la mayor parte del tiempo la dedicaban a contemplar mudos la vida a trav\u00e9s de los enormes ventanales que daban a<strong> la calle Sagasta<\/strong>. Vieron desaparecer a la plantilla cl\u00e1sica de camareros, dijeron adi\u00f3s a la gallarda decoraci\u00f3n ic\u00f3nica y se despidieron tambi\u00e9n de los miembros m\u00e1s veteranos de las otras tertulias, que en consecuencia dejaron de orbitar a su alrededor. Se transformaron sin saberlo en numantinos: resist\u00edan como (casi) los \u00faltimos logro\u00f1eses adictos al rito inmemorial de la confidencia ritual o el cotilleo repentino. Al h\u00e1bito de jugarse la consumici\u00f3n a los chinos (o los dados). A la tendencia matinal de abandonarse a la conversaci\u00f3n en principio intrascendente donde sin embargo anidaba a menudo la aut\u00e9ntica sustancia de los d\u00edas.<\/p>\n<p>Yo ignoraba todo esto, por supuesto, aunque algo intu\u00eda. Desde entonces mantengo un respecto secular hacia las tertulias en los bares y tambi\u00e9n a sus integrantes. Supongo que fue la clase de ense\u00f1anza que adquir\u00ed por el m\u00e9todo que garantiza la perfecci\u00f3n en el arte del adiestramiento: que lo entendieras por tu cuenta. Solito. Sin lecciones ni sermones. No se necesitaba a ning\u00fan maestro para concluir que la regla b\u00e1sica era sencilla: abrir muy bien los ojos y los o\u00eddos. Porque ah\u00ed se encerraba <strong>el misterio de la vida,<\/strong> que por entonces a\u00fan me parec\u00eda interminable.<\/p>\n<p>No lo era. Este oto\u00f1o se llev\u00f3 a Antonio, el \u00faltimo miembro de aquella tertulia paterna. Mi padre fue el primero en caer, hace ahora veinticinco a\u00f1os: repaso la cifra y todav\u00eda me asombro. Porque aunque La Granja ha vivido mejores tiempos y su actual aspecto clausurado invita a la depresi\u00f3n, yo todav\u00eda sigo pasando por su puerta y siento su presencia fantasmal acompa\u00f1ando mis pasos logro\u00f1eses. A\u00fan veo tambi\u00e9n a sus compa\u00f1eros de tertulia, que militaban en una categor\u00eda distinta a la de amigo: ninguno lo era. No, no eran amigos. Eran otra cosa, m\u00e1s sutil y profunda. Camaradas. Compa\u00f1eros de viaje. As\u00ed que terminada la ch\u00e1chara ma\u00f1anera, cada cual se iba por donde hab\u00eda venido, lo cual quedaba confirmado en cuanto ve\u00edas al relojero Barrios haciendo de nuevo guardia ante su tienda de <strong>Portales<\/strong>, sard\u00f3nico centinela de la calle, una de las personas m\u00e1s divertidas que he conocido. Tambi\u00e9n \u00e9l se fue, como Julio, cuya voz dej\u00e9 de atender en Radio Rioja alertando de no s\u00e9 qu\u00e9 peligro acechando en la carretera hacia Navaj\u00fan por Valdemadera.<\/p>\n<p>Hoy, una preciosa foto de <strong>Jal\u00f3n \u00c1ngel<\/strong> retratando aquel bar tal y como lo conoc\u00ed, tal y como lo recuerdo en estas enso\u00f1aciones, me invita a contener alg\u00fan sollozo por tanta y tanta p\u00e9rdida. Por la de quienes nos precedieron en este valle de l\u00e1grimas y por la p\u00e9rdida de esa antigua ceremonia de la tertulia, que apenas se practica ya entre nosotros. En esa foto, que se exhibe estos d\u00edas en el Ayuntamiento cortes\u00eda de la Casa de la Imagen, La Granja es una presencia no menos fantasmal que la fantasmal presencia de quienes la habitaron: iluminada por una luz que har\u00eda feliz a <strong>Hopper<\/strong>, enfocada desde <strong>Hermanos Moroy<\/strong>, la elegante rotulaci\u00f3n invita a ingresar en ese acogedor vientre tan rico en l\u00edquido amni\u00f3tico donde aguarda la promesa de <strong>un Logro\u00f1o mejor<\/strong>. Donde Santos te despachar\u00eda el cruas\u00e1n que t\u00fa no sab\u00edas que quer\u00edas pedir y D\u00e1maso vigilar\u00eda desde la m\u00e1quina del caf\u00e9 como el timonel de una fragata. Donde los caballeros se dar\u00edan codazos entre risas mientras lanzaban sus alegatos al aire repleto de humo, fumando con la distinguida parsimonia que s\u00f3lo <strong>alg\u00fan logro\u00f1\u00e9s castizo<\/strong> preserva y arreglando cada ma\u00f1ana lo que al d\u00eda siguiente se volver\u00eda a estropear, mientras jugaban a los chinos (o a los dados) en silencio.<\/p>\n<p>Mientras la vida iba y ven\u00eda alrededor de nuestro peque\u00f1o mundo.<\/p>\n<p>P. D. Tal vez la tertulia muri\u00f3 cuando muri\u00f3 la tipolog\u00eda de caf\u00e9s que las cobijaban. Carentes de locales estilo La Granja, los logro\u00f1eses se resignaron a deambular en busca de la tertulia perdida y s\u00f3lo hallada, seg\u00fan mi recuento, en dos bares: el <strong>Ibiza<\/strong>, donde al fondo puede tropezar la clientela cada ma\u00f1ana con un grupito de veteranos en el arte de hablar por los codos, y el <strong>Carlton<\/strong>, cuya tertulia alguna vez ha aparecido tambi\u00e9n por aqu\u00ed. Donde acaba de causar baja otro de sus miembros, <strong>F\u00e9lix Pedrosa<\/strong>, logro\u00f1\u00e9s de esa misma estirpe. El linaje de logro\u00f1eses caballerosos y elegantes que nos dejan el list\u00f3n casi insuperable a sus sucesores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; En aquel tiempo ancestral los ni\u00f1os observ\u00e1bamos a nuestros padres a una distancia prudente, siguiendo el viejo mandato: no molestar. 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