{"id":978,"date":"2018-01-12T08:25:58","date_gmt":"2018-01-12T08:25:58","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=978"},"modified":"2018-01-12T08:25:58","modified_gmt":"2018-01-12T08:25:58","slug":"el-bar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2018\/01\/12\/el-bar\/","title":{"rendered":"&#8216;El bar&#8217;"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/01\/El-bar.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-979\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/01\/El-bar-210x300.jpg\" alt=\"Cartel de la pel\u00edcula 'El bar'\" width=\"210\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/01\/El-bar-210x300.jpg 210w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/01\/El-bar-717x1024.jpg 717w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/01\/El-bar.jpg 756w\" sizes=\"(max-width: 210px) 100vw, 210px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Puesto que su hermano mayor vive en <strong>Logro\u00f1o<\/strong>, hace alg\u00fan tiempo no era tan raro tropezarte con<strong> Alex de la Iglesia<\/strong> por estas calles pobladas de bares tan parecidos al que protagoniza su peli as\u00ed titulada:<strong> &#8216;El bar&#8217;<\/strong>. Con el paso del tiempo, ocurre que o bien su visita ya no es tan habitual o es que tal vez no coincidimos como aquella ma\u00f1ana de <strong>Navidad<\/strong> en que guardamos paciente fila en la tienda donde cada uno protestaba por la mala vida que nos daban nuestros respectivos <strong>Macs<\/strong>. Donde por cierto recibimos esa clase de trato que justifica que al menos quien esto escribe se cambiara de ordenador y que la citada tienda desapareciese pronto de nuestra vista. Ignoro si tambi\u00e9n el director de &#8216;El bar&#8217; desert\u00f3 de <strong>Steve Jobs<\/strong>: las noticias que llegan de \u00e9l no descienden a estos detalles. Se limitan a confirmar su \u00e9xito en el mundo del cine, sus cuitas como director de la Academia ya superadas y su ejemplar habilidad para convertir cada entrega de su filmograf\u00eda en un cap\u00edtulo donde indaga sobre eso tan raro que llamamos Espa\u00f1a. Eso tan raro llamado nosotros.<\/p>\n<p>Espa\u00f1a en sus bares: acodado en la barra, el pie en el estribo, De la Iglesia jugueteaba tal vez con el mondadientes por entre las comisuras de los labios mientras cavilaba sobre su pen\u00faltimo artefacto como quien va encajando piezas en ese rompecabezas nacional y se pregunta c\u00f3mo se construye el imaginario que nos rodea, siempre tan ca\u00f1\u00ed. Y concluye: se construye en el bar. Ese tipo de espacio donde cada cual saca lo peor de s\u00ed mismo, el ruido ambiente todo lo contamina y la redenci\u00f3n tantas veces resulta imposible: s\u00ed, el bar. Por supuesto. <strong>El bar como met\u00e1fora de Espa\u00f1a<\/strong>. Ojo: no cualquier bar. No: para reflexionar sobre ese espa\u00f1olito que viene al mundo para que le hielen el coraz\u00f3n, De la Iglesia elige el bar de-toda-la-vida. Serr\u00edn en el suelo, cabezas de gambas al pie de las mesas de formica, taburetes vintage y camareros con mucha mili en el mandil, que cada ma\u00f1ana procuran preservar intacto ese universo tan caro a toda una generaci\u00f3n de ciudadanos que encuentran entre sus paredes lo que resulta tan dif\u00edcil de hallar fuera de Espa\u00f1a, con la se\u00f1alada excepci\u00f3n de algunos garitos italianos seg\u00fan mi pobre experiencia. Es decir, el bar como complemento del hogar familiar, donde sin embargo podemos comportarnos con esa clase de libertad que nos niega el propio domicilio.<\/p>\n<p>Dicen que De la Iglesia quer\u00eda rodar su peli en <strong>el tot\u00e9mico Palentino de la madrile\u00f1a calle del Pez<\/strong>: ese tipo de bar que ya empieza a no existir. El bar que todav\u00eda resiste en algunos recodos de nuestras ciudades, Logro\u00f1o incluida. Ese bar que todos llevamos dentro, donde todav\u00eda se tarifan las viandas y tragos a precios anteriores a la fiebre del euro. Pero los due\u00f1os del <i>Palen<\/i> se negaron a dejarse invadir por la cofrad\u00eda del cine y las pantallas del pa\u00eds se vieron colonizadas por una especie de clon de ese Palentino que, en efecto, tambi\u00e9n media Espa\u00f1a lleva dentro. Lo cual parece una met\u00e1fora pertinente del cine como f\u00e1brica de sue\u00f1os y tambi\u00e9n como una vigorosa confirmaci\u00f3n de que algunos caballeros patrios no se dejan avasallar por la fama sobrevenida de este tiempo tan vertiginoso: que inventen ellos, vino a decir el due\u00f1o del Palentino.<\/p>\n<p>As\u00ed que De la Iglesia y compa\u00f1\u00eda se inventaron, en efecto, su clon del <i>Palen<\/i>, lo poblaron de esas mismas criaturas que usted y yo hemos visto en nuestra andanzas como parroquianos (el camarero fet\u00e9n, el cliente insoportable, el parroquiano rarito que lleva anidando en el mismo rinc\u00f3n tanto tiempo como la botella de Fundador que envejece en la vitrina) y convirtieron (de nuevo) al bar en protagonista: porque eso ocurre tambi\u00e9n en este pel\u00edcula, que acabo de despachar <strong>desde el deuved\u00e9 familiar<\/strong>. Que el aut\u00e9ntico protagonista, el primer actor es el propio bar.<\/p>\n<p>Alguna vez se ha hecho recuento en este blog de tantos <strong>bares legados por el cine<\/strong>. Eran por supuesto estupendos los del Lejano Oeste, con el pianista a punto de ser abatido en cada secuencia. Donde se perpetraban aquellos insuperables di\u00e1logos a lo &#8216;Johnny Guitar&#8217; (\u201cMi\u00e9nteme, dime que siempre me has querido\u201d) o nos mond\u00e1bamos de risa cuando Alan Ladd se ped\u00eda en &#8216;Ra\u00edces profundas&#8217;&#8230; un vaso de leche. Maravillosos garitos tambi\u00e9n los del cine negro, tragos r\u00e1pidos y furtivos bien ahumados por la nicotina que exhalaba de sus labios alguna mujer fatal (Rita Hayworth en &#8216;Gilda&#8217;, Ava Gardner en &#8216;Fugitivos&#8217;, Gene Tierney en &#8216;Laura&#8217;, Gloria Grahame en &#8216;Sobornados&#8217;) e inolvidable mi garito predilecto, el bar de Rick en la mil veces vista Casablanca: ese bar donde todos nos escandalizamos cuando el inolvidable Claude Rains se encarnaba en el capit\u00e1n Renault y descubr\u00eda que all\u00ed, horror, se jugaba a las cartas. En todas esas cintas, en realidad, el bar nunca juega un papel secundario; al contrario, a su alrededor se moviliza la trama, se activan los personajes y crece la pel\u00edcula hasta convencernos de la verdad: que nuestra experiencia como espectadores aspira a traspasar la pantalla y acodarnos en esa barra tan prometedora. O sentarnos en sus veladores. Ver la vida pasar desde esos bares que desde luego son de pel\u00edcula.<\/p>\n<p>Yo creo que demasiadas veces, cuando ingresamos en alguno de nuestros locales favoritos o visitamos alguno nuevo, nuestro subconsciente (o nuestros corazones) aspiran a tropezarse con uno de esos bares. <strong>Un bar de cine<\/strong>, donde confraternizar con la parroquia como si fu\u00e9ramos estrellas de <strong>Hollywood<\/strong> (o de <strong>Cinecitt\u00e0<\/strong>), los camareros fueran tan interesantes como el T\u00edo P\u00edo de &#8216;Gilda&#8217; y su atm\u00f3sfera tan inigualable como la del bar de Rick: bares donde te entren por ejemplo ganas de cantar &#8216;La Marsellesa&#8217; ante un jerarca nazi aunque no te hayas tomado ni un vino.<\/p>\n<p>As\u00ed que s\u00f3lo puedo felicitar al se\u00f1or De La Iglesia: aunque le pongo algunos peros a su peli, mi enhorabuena. Ha logrado edificar en las diversas pantallas ese bar que todos llevamos dentro.<\/p>\n<p>Y ojal\u00e1 que los sucesores de Mr. Jobs le hayan arreglado su Mac.<\/p>\n<p>P.D. El bar desde donde emite la emisora de Alex de la Iglesia en su pen\u00faltima cinta ser\u00e1 de mentirijillas, pero desde luego existe. Aunque ahora se bate en retroceso, se trata de una tipolog\u00eda fet\u00e9n, que deber\u00eda preservar la <strong>UNESCO<\/strong>. Y es un bar muy madrile\u00f1o, desde donde contribuye a configurar una proteica paleta de garitos propios del foro con otros dos linajes que tambi\u00e9n han conocido mejores d\u00edas. La taberna de toda la vida (larga vida a<strong> La Venencia<\/strong> y su inmarcesible tiza) y el caf\u00e9, del que restan algunos fedatarios. El <strong>Gij\u00f3n<\/strong>, por supuesto, y el renacido <strong>Comercial<\/strong>: lo visit\u00e9 en una excursi\u00f3n reciente y fue un placer ahuyentar sombr\u00edos fantasmas. La nueva direcci\u00f3n le ha lavado la cara pero mantiene la decoraci\u00f3n conspicua, tan querida. Su esp\u00edritu permanecer\u00e1 mientras la parroquia de guardia mantenga la saludable costumbre de acodarse en su barra o entablar tertulia en sus mesas. All\u00ed por cierto nos observa una foto de <strong>Rafael Azcona<\/strong>: honor a los lares tutelares.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Puesto que su hermano mayor vive en Logro\u00f1o, hace alg\u00fan tiempo no era tan raro tropezarte con Alex de la Iglesia por estas calles pobladas de bares tan parecidos al que protagoniza su peli as\u00ed titulada: &#8216;El bar&#8217;. 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