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	<title>Escaña | Material escolar - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular.  Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.</description>
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		<pubDate>Sat, 08 May 2021 08:05:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Bernardo Sánchez Salas</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Tanto, tanto elogiar cómo se tiran las cañas en Madrid, que como en Madrid ningún sitio para que te tiren una caña bien tirada, menuda diferencia, que si fíjate la corona de espumita, qué blancura y qué punto de nata, y la alturita justa, bordeando el vaso, y atento a cómo rasean lo que sobra con la pala y no digamos la presión, perfecta, la presión, qué ciencia, en fin, la de la caña en Madrid… y ahora mira: a falta de otra cosa con qué cumplimentar un programa electoral para Madrid, el <em>ayusismo </em>ha encontrado en la frescura y efecto saciante de la caña autoctona la dosis exacta de placebo para evitar la sensación de vacío de programa, de la ‘nada con sifón’, aquella famosa fórmula de vermú y de columna que se inventara Alfonso Sánchez para <em>La Codorniz</em>. Que, al menos, colmaba de humor el vaso. Pues ahora, a falta de más nutrientes, «¡Caña, aquí!», como exigen los vecinos de Mirador de Montepinar, donde no hay quien viva. En eso consiste, o más bien se destila, todo el teorema y la sustancia. Máxime, tras estas jornadas festivas en torno al levantamiento de Mayo. La oportunidad de euforia cañista o cañóloga o cañera viene, pues, que ni pintada para el independentismo gato. La caña y su anexo natural ‘la tapa’: un manual accesorio de ideas, planes y disposiciones, sujetas a interpretación ­–la del boquerón en vinagreta o las aceitunas con aliño, dos mundos– y variantes (y encurtidos). Así las cosas, el debate en la capital parecería girar, podría decirse, entorno a la caña o el vermú de grifo. Esa suerte de bipartidismo. Está claro que si existe una reducción de las patatas bravas, también la puede haber de los problemas. El <em>ayusismo</em> sostiene que estos se disuelven en una ronda de cañas. Mírala, mírala, la caña de Alcalá. Y esto se lo van a comprar, porque el vacío, en su formato <em>ayusista</em>, es un campo magnético, capaz de reabsorber a su favor las partículas que circulan en sentido contrario, y de neutralizar fuerzas extrañas (y fuego amigo). Tanto que hemos elogiado, con mucha razón, claro, la caña de Madrid y ahora la candidata también se exporta blanco y en botella, de cerveza. Imaginen las columnas de un Paco Umbral sobre Díaz Ayuso. Y un<em> spleen</em> de Madrid sobre la ciudad entendida como gran plaza de la cebada, en su versión caña. Aunque la verdad es que la candidata se escribe ella sola. Y yo me pregunto si, en España, últimamente, no nos habremos pasado ‘de’ o ‘con’ las cañas y el tapeo, entendido todo esto, claro, como una vertebración <em>sui generis</em>, como un asunto de identidad. Incluso, en el tapeo, ¡eh! Porque hace poco escuché en una de las cuatro <em>etebés </em>a una paisana que decía preferir el <em>pintxo</em> a la tapa, porque «la tapa es más estatal» (<em>sic</em>). La tapa como forma de Estado. Qué cima de la teoría política, en fin. Es curioso que, al margen de esa estupidez, ahora prácticamente, cada comunidad autónoma tiene una cerveza asociada, una marca. Hay como un Estado de las autonomías cerveceras. Y no pidas en una comunidad la marca reina (o estrella, si estás en Galicia) de otra comunidad. Y luego, lo de las formas de entender la vida, y tal. Y una cerveza es más que un club, poco menos, todo eso. Una filosofía. Y así, se da un <em>mahouismo</em>, con sus <em>mahouistas</em>, y un <em>cruzcampismo</em> con sus <em>cruzcampistas</em> y un santo patrón San Miguel, para todos. Bueno, o igual tampoco, perdón, porque cada cual tendrá su devoción cervecista. Y si no te tomas un pincho de tortilla con la cerveza correcta, tendrás que responder ante Luis Tosar, ojito. El <em>ayusismo</em> confía su éxito al sueño de una <em>happy hour</em>, con la pinta a precio accesible. Lo que pasa, lo tiste, es que pensábamos que en las Elecciones del día 4, «pongamos que hablábamos de Madrid», a la que amamos más que a sus cañas, incluso, y de la que nos sentimos parte, sin voto, pero parte. Y que nos preocupa y afecta y nos toca. Pero nada, con sifón: «¡Caña, aquí!»: la que se avecina.</p>
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