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	<title>Un fondo surrealista | Material escolar - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular.  Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.</description>
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		<title>Un fondo surrealista | Material escolar - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Nov 2021 16:41:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Bernardo Sánchez Salas</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Leo esta semana en la prensa que en Madrid resiste desde hace treinta años un grupo surrealista, el Grupo Surrealista de Madrid, y que durante este tiempo ha tenido una media de diez afiliados. Lo celebro y me enternece. Y me imagino a los diez, al pie del cañón contracultural y situacionista, en medio de un mundo que es –o funciona­– ya desde hace mucho tiempo como el urinario dadaísta boca arriba de Duchamp (y como los urinarios al revés de <em>La aventura del Poseidón</em>); es decir: como un órgano surrealista a todo motor, que desborda las imaginaciones de las huestes bretonianas o buñuelescas. Hubo un tiempo en que el gusto burgués se escandalizaba de las ocurrencias de aquel círculo epatante, pero hoy sucede a la inversa, siendo el realismo sucio en su creatividad galopante el que epat­­a a los surrealistas de corazón. O como mínimo los deja ‘ojopláticos’ (y un ojo como un plato, por cierto, bien podría entrar en el catálogo surrealista, si no lo hizo ya). ­­O nos deja a todos ojopláticos, porque no hace falta pertenecer al Grupo para que nos descoloquen aspectos de la nueva normalidad ­–contra la que el Grupo se manifesta en cualquiera de sus altavoces (revistas, editorial, panfletos)–; más que nada porque diez es la cifra perfecta, y proyecta la idea de una asociación compacta y activa. Y consciente del límite de su onda revolucionaria. Hacen un trabajo de fondo, tan de fondo, que le confesaban el otro día a un periodista (Sergio Fanjul, <em>El País</em>), al hilo de la treintena, que se encontraban a gusto en lo subterráneo y que «para lo suyo» no tenía sentido hacer proselitismo. Dicho así, el Grupo merecería ingresar con todos los honores en Los Misterios de Madrid, o en el subsuelo fascinante de una novela de Emilio Carrere. Fanjul, tras hablar con algunos de los diez, situaba a los surrealistas treintañeros «entre el materialismo y lo espiritual, entre la política y la poesía, entre este mundo y otros posibles». Suena a un surrealismo maduro, cercano a otro <em>ismo</em>: el romanticismo. En la actualidad, la imposibilidad del mundo que vivimos es, sin embargo, un hecho, y de esta manera: ¿qué no es surrealista? Sin salir del museo de titulares de prensa de las últimas semanas, y dejando aparte filones surreales como el del precio de la luz o la (no)renovación del C. G. P. J. (una no ‘salida’ digna del ángel exterminador de Buñuel), en todas las secciones, de las deportivas a las salmón pasando por sociedad, ocio o nacional, el surrealismo lo invade todo. Y así, fuera de contexto: «Artistas con un millón de grillos en los oídos» (cambien grillos por hormigas y estamos en <em>El perro andaluz</em> de Buñuel); «La edad de oro de las grandes naves industriales» (<em>idem</em>: una nueva <em>L’age d’or</em>); metamorfosis y metáforas alucinantes y hasta telúricas como «La Real se estrella contra un bosque de piernas», o «Las aguas de Doñana se vuelven lágrimas», o «La Princesa Mako se convierte en una simple mortal», o «Lo que Isabel II tiene en común con Sherlock Holmes», o «Alaphilippe vive en el arcoiris», o «Goles con el volcán en las gradas», o «El misterio de las piedras zen que parecen levitar», o «El seísmo de Evergrande exporta sus temblores» o «Un presupuesto, dos países»; teatros como «Se utiliza a Europa como si fuera un muñeco de los ventrílocuos» o «Los títeres crecen mejor al aire libre»; noticias como «Habrá ginebra y juguetes en Navidad»; hablando de Carrere: «Conjura para la unidad en la cena de Los Provincianos», o «Los banqueros centrales se inquietan por los cuellos de botella en la oferta económica», o «El botellón se cronifica en Barcelona y enturbia la gestión municipal» o «Ultimátum de ERC: si no hay impulso al catalán en NETFLIX rechazarán los presupuestos»; asuntos misteriosos, tipo «El Madrid gana tras una cabezada» o «Los pitos son buenos» u «Ocho iconos contra los clichés»; y luego la abstracción pura, o sea: «Nuestro valor viene de ser una operadora de móvil», «Un empleado readmitido puede ser despedido sin incorporarse» o «Nos falta creer». Mi preferido es «Casi veinte años de lucha detrás de una palabra». Los surrealistas madrileños, treinta. Y muchas más palabras.</p>
<p> </p>
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