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	<title>La enseñanza, en el centro | Material escolar - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular.  Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.</description>
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		<title>La enseñanza, en el centro | Material escolar - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2023 16:17:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Bernardo Sánchez Salas</dc:creator>
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Pero eso no quita. Entraba en ocasiones: a la Portería, a saludar a la madre de mi amigo Fermín; con mi novia, que sí que estudiaba allí, a escuchar conferencias en su Salón de Actos, bien una sobre los trilobites –ella iba para bióloga– o una, para no olvidar, de Azúa y Gil de Biedma, mano a mano, en la que éste detalló verso por verso cómo había escrito <em>Pandémica y Celeste</em>; a su mítica Biblioteca, a buscar algún libro antiguo –yo iba para letras–; a ver alguna representación de su grupo de teatro clásico; ¡ah! y a examinarme, eso sí, de la Selectividad, en aquel mismo salón de los poetas, los fósiles y el repertorio grecolatino. Era el tiempo de las carpetas historiadas. Y a votar, claro, cuando cursábamos Primero de democracia. Mis padres y mi abuela también votaron en sus estancias. Aún, años más tarde, ya al final, fui a tomar prestado para alguna Exposición (creo que la del centenario del Cinematógrafo) algún objeto <em>julioverniano</em> de los que se conservaban en aquellos grandes armarios acristalados, como del British, de los pisos superiores: que yo recuerde, un estereóscopo, un proyector de opacos y una linterna mágica. Objetos, todos ellos, de la misma edad del cinematógrafo, en la bisagra entre los siglos XIX y XX, y de la era del museo de reproducciones y de los animales disecados. Y un día también, hablando de imágenes impresas, pude ver las placas del doctor Zubía. Estas visitas tardías coincidieron, es curioso, con el inventario de las primeras vidas del edificio. A mí, que Bachillerato lo hacía en la Laboral, un edificio moderno de principio de los setenta, de ladrillo rojo y un piso de altura, me fascinaba del Sagasta, en el sentido espacial y cerebral, su dimensión unamuniana o machadiana. Era para mí el Sagasta, ya de antes, un horizonte familiar, prácticamente infantil. Lo veía siempre al final del repecho de la calle San Juan con el Muro del Carmen. Y sobre todo, era para mí, de niño, una especie de fortaleza que, en San Mateo, se veía rodeada y oculta por la Feria de la Flor y de la Planta: una foresta de película, de las de Tarzán o de Allan Quatermain, escenografiada con cascadas, estanques y puentes artificiales, y luces de colores y los primeros enanitos de jardín y plantas exóticas que tapaban las ventanas del Instituto. Me fascinaba aventurarme en aquella expedición cada año. También me gusta cuando sale en <em>Calle Mayor</em>; cuando don Tomás, el intelectual, el filósofo, mira el Sagasta desde la Biblioteca del Círculo, a través de las ventanas y le dice a Federico aquello de: «Hay más. Está el Instituto de segunda enseñanza». Y se entrevé al fondo, en la bruma del blanco y negro. Pero lo que más gusta del Sagasta, lo que me esperanza cuando lo veo, es que una arquitectura por y para la enseñanza, para formarse e interpretar y ver el mundo, está situada en el centro de la ciudad. Y no sólo urbanísticamente. Es una edificación que en sí misma constituye una ciudadela en el corazón de la ciudad.  Es como si la ciudad fuese generada por el Sagasta y a la vez la ciudad protegiera al Sagasta, como un depósito de conocimiento primordial, destinado a los herederos del futuro. En su centro. Neurálgico, o sea: que atañe a lo decisivo, la transmisión de la ciencia y el placer del saber. Un centro. Educativo. La clave de una sociedad. Cuando viajo suelo visitar colegios e institutos como si fueran catedrales o museos. Escucho los ecos de las voces de sus pasillos, los timbres de inicio y fin de sesión, ¡perdón, de clase!, me asomo a sus Patios. Pues lo mejor del Sagasta, ya no es nada de esto que cuento, ya no nos pertenece a quienes podemos contar cosas parecidas o paralelas a las que acabo de recordar. Lo importante es que mañana lunes comienza a labrarse la siguiente memoria del Sagasta. La ciudad recupera mañana muchos metros cuadrados de vida joven y de inteligencia renovada. Y la ciudad vuelve a valer por dos ciudades. La primera lección de mañana ha de ser que las alumnas y los alumnos sepan en qué sitio están. Y que es suyo.</p>
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