{"id":1005,"date":"2023-05-10T18:24:05","date_gmt":"2023-05-10T16:24:05","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1005"},"modified":"2023-05-10T18:24:05","modified_gmt":"2023-05-10T16:24:05","slug":"libros-y-librillos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2023\/05\/10\/libros-y-librillos\/","title":{"rendered":"Libros y librillos"},"content":{"rendered":"<p>Mi amigo R. ve\u00eda de ni\u00f1o c\u00f3mo su padre, que era carpintero, llenaba la casa de librillos. Si el padre advert\u00eda que una puerta o una ventana andaba un poco floja conclu\u00eda: \u00abesto es el librillo\u00bb. Entonces, sacaba la caja donde guardaba los librillos y repon\u00eda el que hab\u00eda sido doblado por el peso, o por un tornillo flojo que hab\u00eda astillado el marco. A R. le fascinaba aquella peque\u00f1a pieza met\u00e1lica, como de Meccano, que se desplegaba en dos alitas batientes, con agujeros y que era capaz de aguantar la puerta del balc\u00f3n o la ventana de su habitaci\u00f3n. As\u00ed que la primera biblioteca de su vida fue la de los librillos de su padre. Al que tambi\u00e9n le debe su primer libro, el primer libro de R., que luego escribir\u00eda muchos, aunque de \u00e9ste al que me referir\u00e9 s\u00f3lo fue autor de los librillos. Su padre ten\u00eda una buena amistad con los propietarios de una conocida Imprenta de la ciudad, para la que hac\u00eda arreglos de carpinter\u00eda. Gracias a esa relaci\u00f3n pens\u00f3 que R. podr\u00eda ganarse unas pesetillas trabajando en ella durante el verano, en lo que fuera. Ser\u00eda, adem\u00e1s, su primer trabajo. Nada m\u00e1s llegar a la Imprenta, condujeron a R. a la parte trasera del taller, atravesando en el camino la zona de prensas, guillotinas y taladradoras que produc\u00edan el ruido de una metal\u00fargica a comp\u00e1s. Y lo pusieron delante de una mesa de madera, ya muy gastada por el uso de las herramientas de corte y por los pegotes indelebles de las colas de encuadernaci\u00f3n. Le result\u00f3 muy familiar a R., porque era lo m\u00e1s parecido al banco de trabajo que ten\u00eda su padre en la carpinter\u00eda. Repujado, grabado, estriado por tantas labores. Escrito, se podr\u00eda decir. Esto le dio confianza. Y la sensaci\u00f3n de que su padre y \u00e9l estaban en un mismo oficio. La tarea que le encomendaron a R. fue hacer a mano los pliegues que formar\u00edan, una vez encuadernados, los ejemplares de la edici\u00f3n de un libro. De esta manera, R., se pasaba las horas doblando cada s\u00e1bana en cuatro, con una operativa manual a la que enseguida le cogi\u00f3 el truco. Le funcionaban las manos como paletas que, en pocos segundos, cada vez en menos, armaba\u2026 pues un librillo, formado por unas ocho p\u00e1ginas. Cuando acababa un pliego, lo levantaba y bat\u00eda sus dos cuerpos, a ver si le funcionaba. Si le funcionaba como un librillo. El ya sab\u00eda, porque hac\u00eda un tiempo que hab\u00eda comenzado a leer, que un libro funcionaba si los librillos que lo forman est\u00e1n bien cortados, engranados y enfrentados. Que leer un libro era pasar los librillos interiores que lo enhebran y descubrir el paisaje resultante, entre p\u00e1ginas. O sea: la puerta, la ventana que se abre al lector adolescente, que ya era R. para entonces. El libro para el que dobl\u00f3 todos sus pliegues trataba de su ciudad. Era una gu\u00eda hist\u00f3rica. A medida que plegaba se asomaba a su contenido, que se iba articulando \u2013como la propia ciudad, que se abr\u00eda aqu\u00ed por su pasado\u2013 pliegue a pliegue, librillo a librillo. El caso es que todos estos antecedentes constituyeron para mi amigo R. el umbral del ejercicio de la literatura, que se desplegar\u00eda tiempo despu\u00e9s con la ligereza alada de los librillos con que su padre atornillaba las puertas y las ventanas del hogar. R. acab\u00f3 siendo escritor. \u00a0Por contar cosas, pero sobre todo por el misterio del artefacto del libro. Porque era para \u00e9l el verdadero tema. Lleva mucha raz\u00f3n, materialmente, cuando para decirnos que est\u00e1 escribiendo dice \u00abtengo un nuevo libro entre las manos\u00bb. Escribe abriendo y engrasando, con un cuidado ebanista, cada librillo de los que van desportillando las tramas y los argumentos. Y cuando lee, coge el libro, igualmente entre las manos, y antes de aplicarse a la lectura, lo palpa, y calcula el n\u00famero de pliegues que lo componen. Y cuando visita las casas de los amigos, primero inspecciona los librillos de puertas y ventanas, y luego la biblioteca. Y cuando va a librer\u00edas de lance, procura hacerse con ejemplares de aquella gu\u00eda hist\u00f3rica, a la que tiene por su primer libro. \u00a1Y adem\u00e1s se lo pagaron!; no como algunos otros que har\u00eda despu\u00e9s; aunque estos se hab\u00eda limitado a escribirlos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi amigo R. ve\u00eda de ni\u00f1o c\u00f3mo su padre, que era carpintero, llenaba la casa de librillos. Si el padre advert\u00eda que una puerta o una ventana andaba un poco floja conclu\u00eda: \u00abesto es el librillo\u00bb. 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