{"id":1014,"date":"2023-07-03T17:11:25","date_gmt":"2023-07-03T15:11:25","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1014"},"modified":"2023-07-03T17:11:25","modified_gmt":"2023-07-03T15:11:25","slug":"indiana-jones-y-la-palma-de-oro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2023\/07\/03\/indiana-jones-y-la-palma-de-oro\/","title":{"rendered":"Indiana Jones y la Palma de oro"},"content":{"rendered":"<p>Estar\u00e1n conmigo en que el momento m\u00e1s emocionante \u2013si no, el \u00fanico\u2013 de la \u00faltima ceremonia de los Oscars fue cuando Harrison Ford le entreg\u00f3 el Oscar a Key Huy Quan. O lo que es lo mismo \u2013todo a la vez en todas partes, claro\u2013 cuando Indiana Jones le entreg\u00f3 el Oscar a \u201cTap\u00f3n\u201d, el galop\u00edn chino de <em>El templo maldito<\/em>. Parec\u00eda que Indy <em>aka <\/em>el doctor Jones le hab\u00eda conseguido y tra\u00eddo la m\u00edtica estatuilla tras partirse el cobre y la espalda por ella en las ruinas de alguna antigua civilizaci\u00f3n habitada por extra\u00f1os cruzados, para finalmente ponerla en manos de quien, al cabo de casi cuarenta a\u00f1os, pod\u00eda considerar una especie de hijo, como cualquiera de nosotros, los afiliados al mito del intr\u00e9pido arque\u00f3logo desde el final de nuestra adolescencia. Key Huy Quan, de hecho, en ese instante \u2013que fue sorpresa\u2013, regres\u00f3 a sus doce o trece a\u00f1os, dando saltos, llorando de alegr\u00eda, abraz\u00e1ndose y besando a un Indiana octogenario como a un padre al que hace mucho, mucho que no ves. De no ser\u2026 en las pel\u00edculas. Mucho m\u00e1s tiempo incluso que el que llevaba sin ver Henry Jones Senior a su hijo Henry Jones Junior en <em>La \u00faltima cruzada<\/em>. Key Huy Quan es ya, en fin, como un hermano peque\u00f1o nuestro. El cine forma estas curiosas familias. Y crea esta noci\u00f3n (y emoci\u00f3n) del tiempo. El Oscar para un \u201cTap\u00f3n\u201d maduro era como la herencia que le dejaba Indiana Jones, algo bastante m\u00e1s importante que un preciado trofeo acad\u00e9mico. Se la deb\u00eda, adem\u00e1s, Indiana, desde que el golfillo de Shangai le salvara el pellejo sac\u00e1ndolos del Club Obi Wan a \u00e9l y a Willie Scott en un viejo Duensenberg conducido por \u00e9l mismo aunque casi no le llegara la gorra al volante. En el instante del reencuentro, del reconocimiento paterno, hace s\u00f3lo unos meses, Indiana Jones fue m\u00e1s real que nunca. Fue la demostraci\u00f3n de que exist\u00eda. El cine tiene esto: moldea existencias singulares y las incorpora a nuestras vidas. Acaban verific\u00e1ndose. No todas, depende de las calidades con que fueron ideadas. Y en este caso no hay duda de la excelencia del arte final. Indiana Jones, en la persona Harrison Ford, regresaba para hacer aquella entrega en mano, ante los Estados Generales del Cine, despu\u00e9s de vivir la mayor aventura que puede vivir (y padecer) cualquier h\u00e9roe, en la ficci\u00f3n filmada o escrita: la lucha contra el tiempo y el rescate de su oro. Del que el Arca de la Alianza, o el Santo Grial, o la Calavera de Cristal ven\u00edan siendo piezas separadas. No en vano, la \u00faltima de ellas, la postrimer\u00eda, es un \u201cdial de destino\u201d (muy feliz denominaci\u00f3n del artefacto); es decir: una m\u00e1quina del tiempo. Y esta ruleta del destino, que parece \u2013a la inversa\u2013 como regalada a Indy por el personaje de Key Huy Quan en <em>Todo a la vez en todas partes<\/em>, por su Waimond interdimensional y multiverso, por aquel \u201cTap\u00f3n\u201d por el que se tradujo en Espa\u00f1a el \u201cShort Round\u201d original, es decir, un \u201cMedia vuelta\u201d, pero que a la altura de 2023 ya son muchas vueltas completas, un dial loco, pues podr\u00eda ser efecto de esta aguja de marear, digo, lo que ha llevado a Indiana Jones\/ Harrison Ford hasta la Costa Azul a vivir una aventura que podr\u00eda muy bien ser \u00a1una sexta! secuela del personaje: <em>Indiana Jones y la Palma de Oro<\/em>. De la que ya conocemos su final: Indy recibe \u2013por sorpresa, igualmente\u2013 la Palma del Festival de Cannes, joya de la corona cinematogr\u00e1fica. Una aventura, muy arriesgada, de las que m\u00e1s, porque el de Cannes no es precisamente un mar en calma, sino unas aguas procelosas en las que todas las cuestiones relativas al cine en contacto con el estado actual de la pol\u00edtica, las ideas, la historia, la est\u00e9tica, el mercado del propio cine y, en general, las cuestiones candentes del momento \u2013lean las cr\u00f3nicas de su d\u00eda a d\u00eda, y pel\u00edcula a pel\u00edcula\u2013, cuestiones mucho m\u00e1s candentes que la lava hirviendo del templo de Mola Ram, convierten la alfombra roja en un r\u00edo rusiente, o como m\u00ednimo en el puente de madera entre cuyas tablas \u201cTap\u00f3n\u201d estuvo a punto de resbalarse al precipicio si no lo llega a agarrar Kate Capshaw. Pues de la aventura de Cannes, Indy ha salido, algo m\u00e1s viejo, pero indemne. E incontestable. Pongan ahora la fanfarria de John Williams.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estar\u00e1n conmigo en que el momento m\u00e1s emocionante \u2013si no, el \u00fanico\u2013 de la \u00faltima ceremonia de los Oscars fue cuando Harrison Ford le entreg\u00f3 el Oscar a Key Huy Quan. 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