{"id":1033,"date":"2023-07-30T12:47:28","date_gmt":"2023-07-30T10:47:28","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1033"},"modified":"2023-07-30T12:47:28","modified_gmt":"2023-07-30T10:47:28","slug":"tirarse-a-la-piscina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2023\/07\/30\/tirarse-a-la-piscina\/","title":{"rendered":"Tirarse a la piscina"},"content":{"rendered":"<p>El lunes por la noche, en la 2, y tras guardar la digesti\u00f3n reglamentaria, vi en apnea <em>La primera sirena <\/em>(1952), en una copia maravillosamente lavada, que hac\u00eda rechiflar el cloro <em>technicolor<\/em>, o el <em>technicloro<\/em>. Ba\u00f1o nocturno ideal para una semana como \u00e9sta, tan sofocante y t\u00f3xica en muchos aspectos. Me fascinaban de ni\u00f1o las acrobacias de esta diosa de la sincronizada, Esther Williams (1921-2013); de esta diosa o <em>vedette <\/em>en ba\u00f1ador que nunca supe si nadaba o volaba. Y de la que luego yo buscaba replicas en la piscina de mujeres de Cantabria. \u00a0Al igual que de las propias piscinas de las pel\u00edculas: abracadabrantes fuentes de color y tramoya. Las mismas gafas que utilizaba yo para la piscina me serv\u00edan para el cine. Y las utilizaba en ambos casos para bucear. Esther Williams, en 1973, con 52 a\u00f1os (\u00bfc\u00f3mo funciona la edad en una sirena?), renunci\u00f3 a una \u00faltima inmersi\u00f3n, a modo de coda. Podr\u00eda pensarse, con l\u00f3gica, que ve\u00eda en ella una especie de contradicci\u00f3n en t\u00e9rminos, y el riesgo de dejar en el espectador \u2013cuya memoria segu\u00eda al borde las piscinas fant\u00e1sticas de la Metro\u2013 una estela decadente y amarga, y la clausura definitiva de su Escuela de Sirenas. Pero no: se lo prohibi\u00f3 su tercer marido, el actor Fernando Lamas, por \u201crazones de peso\u201d (de su esposa). Sin embargo, a Esther Williams, cuyo peso en 1973 hubiera ido a favor de personaje y obra, lo lament\u00f3 el resto de su vida, porque le hab\u00edan ofrecido una de las m\u00e1s hermosas y emocionantes secuencias natatorias de la historia del cine. Una secuencia memorable, que nos marc\u00f3 a fuego (\u00a1y a agua!) a los que la contemplamos \u2013la primera vez, luego fueron muchas m\u00e1s veces\u2013 en la fecha de su estreno y en mi caso con 12 a\u00f1os, acompa\u00f1ado por mi t\u00eda Mar\u00eda Luisa, socorrista en tantas pel\u00edculas, y en el SAHOR, que era como la piscina ol\u00edmpica de los cines de Logro\u00f1o. Es verdad que la secuencia, de haber sido surcada por ella, hubiera supuesto asistir a la implosi\u00f3n del fuelle de la Hija de Neptuno, pero hubiera supuesto tambi\u00e9n la gloria del cementerio marino. En una \u00e9poca en la que Hollywood reclutaba para el siniestro total \u2013en Jumbos, dirigibles, rascacielos y la falla de San Andr\u00e9s\u2013 a estrellas en tiempo de descuento, desde Gloria Swanson o Mirna Loy a Olivia de Havilland o Ava Gardner, a Esther Williams le ofreci\u00f3 el productor Irwin Allen \u2013y c\u00f3mo no lo iba a intentar\u2013 el papel de Belle Rosen en <em>La aventura del Poseid\u00f3n<\/em>, que siendo una de las primeras pel\u00edculas del g\u00e9nero catastrofista ya la daba la vuelta. Recuerden: Belle Rose era una ex-campeona de nataci\u00f3n que viajaba en el Poseid\u00f3n con su marido, Manny, camino de Israel a conocer a su nieto. Tras \u201cvulcar\u201d el transatl\u00e1ntico, Belle, en el descenso al inferno acu\u00e1tico, tendr\u00e1 que atravesar un pasadizo inundado y\u2026 Al final, fue Shelley Winters quien, con la misma edad que Esther Williams y 16 kilos que engord\u00f3 para papel (a sabiendas de que eran irreversibles) la que incorpor\u00f3, \u00a1y c\u00f3mo! a la sirena tard\u00eda Belle Rosen, y resolvi\u00f3 la secuencia, sin doble alguno, sumergida en el tanque de agua de la Twenty Century Fox. La Winters no era una nadadora m\u00edtica, pero ten\u00eda una gran experiencia acu\u00e1tico-po\u00e9tica en desaparecer bajo las aguas, en pel\u00edculas legendarias: se hab\u00eda \u201cca\u00eddo\u201d del bote que remaba Monty en <em>Un lugar en el sol<\/em> (1951) y se hund\u00eda al volante de un coche, y con su cabello cimbre\u00e1ndose como un pu\u00f1ado de algas pre-rafaelitas en <em>La noche del cazador <\/em>(1955). Luego sab\u00eda a lo que se enfrentaba. Y hay que verla nadar conteniendo la respiraci\u00f3n, aleteando su vestido de Nochevieja entre los hierros del Poseid\u00f3n. Hasta que emerge, boqueando, y cada espectador con ella. Y la medallita y el tema de flauta y maderas de John Williams. Es esta secuencia una cumbre (y a la vez de un fondo de piscina, donde cubre) del romanticismo espectacular, en la que tambi\u00e9n daba sus \u00faltimas bocanadas una naviera cinematogr\u00e1fica cl\u00e1sica, en ese momento con el agua al cuello.<\/p>\n<p>Esther Williams muri\u00f3 un d\u00eda de mi cumplea\u00f1os y sus cenizas de sirena son plata del Pac\u00edfico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El lunes por la noche, en la 2, y tras guardar la digesti\u00f3n reglamentaria, vi en apnea La primera sirena (1952), en una copia maravillosamente lavada, que hac\u00eda rechiflar el cloro technicolor, o el technicloro. Ba\u00f1o nocturno ideal para una semana como \u00e9sta, tan sofocante y t\u00f3xica en muchos aspectos. 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