{"id":1069,"date":"2024-01-12T19:33:37","date_gmt":"2024-01-12T18:33:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1069"},"modified":"2024-01-12T19:33:37","modified_gmt":"2024-01-12T18:33:37","slug":"el-bosque-de-fondo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2024\/01\/12\/el-bosque-de-fondo-2\/","title":{"rendered":"El bosque de fondo"},"content":{"rendered":"<p style=\"font-weight: 400;\">A lo largo de la vida, casi todo conspira para no dejarnos ver el bosque. Y para irnos y enredarnos por las ramas. De las que, adem\u00e1s, nos desplomamos con frecuencia y nos lesionamos. Gravemente. Ramas de diverso entramado. Algunas de ellas aut\u00e9nticas mara\u00f1as, o tent\u00e1culos o garras. Esos brazos con los que los \u00e1rboles de las forestas de los cuentos intentan atrapar al h\u00e9roe o a la hero\u00edna que huye del maleficio, ya entrada la noche, bajo una tormenta. Para engullirlos en las fauces de su corteza. Las ramas que tejen la pesadilla, vaya. Los pintores del romanticismo y el primer Disney fijaron su imaginario. Y lo clavaron. Otras ramas, en cambio, componen un est\u00fapido tendedero de vanalidades e idioteces. Ramas plagadas de nudos de mentiras. No resultan menos peligrosas, muy al contrario, y de ellas tambi\u00e9n nos podemos ahorcar. Lo hacemos con cierta frecuencia. Hay d\u00edas, semanas, en fin, encaramadas a las peores ramas. \u00c9stas \u00faltimas, sin ir m\u00e1s lejos, plantadas sobre un odio enraizado. Muy mala semilla. Exudan una resina t\u00f3xica. Y de pronto, qu\u00e9 cosa, se abre al final el bosque de fondo, el que viene <em>de profundis<\/em>; un bosque al que hoy nos hac\u00eda falta regresar, por una cuesti\u00f3n vital, neuronal. Para oxigenarnos y alucinar en colores. Para asilvestrarnos. Su creador, cuidador, mago y obrero, Agust\u00edn Ibarrola (1930-2023), parece hab\u00e9rnoslo desplegado al marcharse (o no: seguir\u00e1 siendo el genio perpetuo de ese bosque, a pie de obra, para recibir). Y a \u00e9l retornamos prestos como la pandilla de ni\u00f1os perdidos que somos; a veces muy perdidos. Una selva \u00a0\u2013o <em>silva<\/em>, como los ramos de versos; y tambi\u00e9n las piezas de este bosque riman entre s\u00ed, y componen una Pastoral\u2013 que por sus fechas de invenci\u00f3n, principios de los 80 (siglo XX), tambi\u00e9n podr\u00edamos considerar un arbolado de la Transici\u00f3n. De transici\u00f3n de la grisalla, del p\u00e1ramo siniestro del franquismo \u2013que Ibarrola sufri\u00f3 primero, y a continuaci\u00f3n el etarra, otra ci\u00e9naga\u2013 a un camino de baldosas que agotan toda la paleta de colores e incluso aportan los que faltan: \u00a0a Oma, el Bosque de Oma, el Bosque de Ibarrola, en la biosfera de Urdaibai, geogr\u00e1ficamente; y po\u00e9ticamente en un mapa interior y a la vez exterior, que nos gu\u00eda por un territorio libre, en el que las piedras y los \u00e1rboles hablan, miran y juegan entre ellos y \u00a0con quien se interna en su circuito: un fant\u00e1stico jerogl\u00edfico, escrito, tallado y dibujado en un lenguaje secreto y a la vez claro, expresivo. Universal. Es, de hecho, Oma, un universo. Una biosfera en s\u00ed mismo. A nuestra escala. Pintada del natural. La naturaleza es un libro e Ibarrola es autor de cap\u00edtulos memorables, como Oma. Obra, s\u00ed, de un artista, pero tambi\u00e9n de un guardia forestal, singular, \u00fanico; atento a la elocuencia crom\u00e1tica de los troncos, de la vegetaci\u00f3n, de la roca, del suelo. Oma es el manual corporativo del bosque: un inventario de se\u00f1ales, rostros, arcos, dianas, labios, neuronas, c\u00e9lulas, iconos, bandas, caprichos, criaturas, manchas, figuras, lunares, ventanas, cenefas, flechas, direcciones, estelas, iris, tatuajes. Oma es una fronda tatuada. As\u00ed podr\u00edamos definirlo tambi\u00e9n. Hay \u00e1ngulos de Oma desde los cuales, si miras, el horizonte es un tapiz continuo. O un efecto \u00f3ptico. O se mueve contigo. O camina hacia a ti, como el bosque del <em>Rey Lear<\/em>. No se trata de un paisaje <em>naif<\/em>: Oma es otra civilizaci\u00f3n. Con sus c\u00f3digos. Con su lenguaje. Y con un sentido del humor propio. Nunca les agradecer\u00e9 lo suficiente a Maite Pagazaurtund\u00faa y Sandalio Landaribar aquella excursi\u00f3n a Oma, y a casa de los Ibarrola: sus amigos de a\u00f1os. Y a ver el Bosque. Despu\u00e9s de atravesar el paisaje recreado sobre su textura ya no contemplas igual ning\u00fan bosque, ni a las personas que los habitan. Ni a ti mismo, retornado a un peque\u00f1o salvaje de Truffaut. Y te certifica que la naturaleza es un escenario inacabado. Como nosotros. C\u00f3mprense una peseta de este bosque y pi\u00e9rdanse.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A lo largo de la vida, casi todo conspira para no dejarnos ver el bosque. Y para irnos y enredarnos por las ramas. De las que, adem\u00e1s, nos desplomamos con frecuencia y nos lesionamos. Gravemente. Ramas de diverso entramado. Algunas de ellas aut\u00e9nticas mara\u00f1as, o tent\u00e1culos o garras. 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