{"id":1084,"date":"2024-02-01T17:33:19","date_gmt":"2024-02-01T16:33:19","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1084"},"modified":"2024-02-01T17:33:19","modified_gmt":"2024-02-01T16:33:19","slug":"su-majestad-el-teatro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2024\/02\/01\/su-majestad-el-teatro\/","title":{"rendered":"Su majestad el teatro"},"content":{"rendered":"<p style=\"font-weight: 400;\">Cierra (literalmente) sus puertas <em>The Crown<\/em>. Un monumento de calidades. Y una obra ingeniada y debida \u2013en mi opini\u00f3n\u2013 al sustento del arte dram\u00e1tico en Inglaterra. El teatro es el origen de cualquier representaci\u00f3n, tambi\u00e9n en el cine o la televisi\u00f3n. Sus pantallas respectivas son cajas esc\u00e9nicas que hay que habitar y atrezar. A las que hay que dotar de profundidad. <em>The Crown<\/em> ha sido la joya de la corona (dramat\u00fargica), o una, al menos, de las m\u00e1s brillantes de la dinast\u00eda de las plataformas. S\u00f3lo \u2013\u00a1qu\u00e9 iron\u00eda!\u2013 el Corona\u2026 virus estuvo a punto de amputar su engaste final. Pero resurgi\u00f3, incluso rodada en Covid, y como el oro y las piezas que se van fundiendo en la hipn\u00f3tica secuencia de cr\u00e9ditos iniciales, pautada por la orfebrer\u00eda musical de Hans Zimmer, las temporadas siguientes han ido, cap\u00edtulo a cap\u00edtulo, ensamblando la tiara, emblema por excelencia del <em>dramatis <\/em>teatral, que hizo de la tragedia regia un tema mayor de la escena universal desde sus inicios, pero cuyas tramas pod\u00edan extrapolarse desde Ricardos (mi preferido es Romanos, claro), Eduardos y Enriques a cualquier intriga familiar; desde los palacios hasta las caba\u00f1as. Si bien, la estructura mon\u00e1rquica est\u00e1 dotada por definici\u00f3n de un <em>plus <\/em>de teatralidad. Y en fin, que como es nuestra imaginaci\u00f3n, la del espectador, la que, seg\u00fan exhortaba el heraldo del <em>Enrique V<\/em> de Shakespeare,\u00abdebe vestir a los reyes\u00bb, he aqu\u00ed <em>The Crown<\/em> y su ropaje suntuoso y a la vez internado de la mit\u00edca de la monarqu\u00eda; no s\u00f3lo la de Windsor, sino de la familia teatral. Porque el secreto de <em>The Crown<\/em>, de su encantamiento esc\u00e9nico, de su brillantez dial\u00e9ctica, de su reflexi\u00f3n imaginativa, de su verosimilitud dram\u00e1tica es la fuente teatral de sus creadores, en toda la escala: guionistas, productores, dise\u00f1adores art\u00edsticos, elenco. El teatro es la escuela. Y en Inglaterra, patria del bardo (y el bardo, fundador de la patria de los c\u00f3micos), el teatro ense\u00f1a cada raz\u00f3n y \u00e1ngulo de la verdad dram\u00e1tica. Y de la condici\u00f3n humana. Por eso, <em>The Crown<\/em> es una estampaci\u00f3n de saberes puramente teatrales, invertidos en el espect\u00e1culo para las pantallas. No hay pr\u00e1cticamente nadie en primera l\u00ednea de <em>The Crown<\/em> que no se haya curtido en las tablas: ese espacio que sintetiza la grandeza de los asuntos y caracteres, su iluminaci\u00f3n y su fondo, en los l\u00edmites de una escenograf\u00eda. Buckinham, Windsor, Balmoral han sido escenograf\u00edas definidas por las presencias, las palabras, los silencios, los contraluces: teatros. Escenas antol\u00f3gicas como \u2013cabalgo en desorden las temporadas\u2013 la pintura del retrato de de Churchill, la entrevista en televisi\u00f3n a Eduardo VIII, el cap\u00edtulo del desastre de Aberfan \u2013una de las mejores pel\u00edculas de 2019\u2013, la conversaci\u00f3n entre el Duque de Edimburgo y el pr\u00edncipe William (que le conduce al abrazo paterno), el primer encuentro entre Diana y Mohamed Al-Fayed en el hip\u00f3dromo, la conversaci\u00f3n entre Michael Fagan y la reina tras colarse aqu\u00e9l en su dormitorio \u2013que se valdr\u00eda a s\u00ed misma en el West End\u2013, el cat\u00e1logo de empleos prescindibles en la Corte que Tony Blair le plantea a la reina, la sororidad final entre las hermanas Margarita e Isabel despojadas de toda realeza, los varios <em>matchs<\/em> entre Charles y su madre, la despedida de la reina, su esposa, con la que cierra el Duque o el careo entre las \u201ccuatro\u201d Isabeles II\u2026 Cada una de estas escenas merecer\u00eda una producci\u00f3n en el National Theater, en Londres, en su sala magna, la Laurence Olivier. No hay, por cierto, casi nadie entre los que han inventado y representado <em>The Crown<\/em> que no tenga dos premios Oliviers o dos Tonys (si no ambos). S\u00f3lo la Madre de Isabel II (Marcia Warren, 80 a\u00f1os), hab\u00eda estrenado <em>El esp\u00edritu burl\u00f3n<\/em>de No\u00ebl Coward. Y hasta Tom Brooke, el intruso Fagan, hab\u00eda pasado por todo el circuito (Almeida, Royal Court, Old Vic). Igual son los Windsor, pero en mayor proporci\u00f3n son Chejov, O\u2019Neill o Shakespeare. Igual es Isabel II, pero es sobre todo, como dice el personaje, las historia de una mujer que en la atalaya de su vida no sabe qu\u00e9 mujer tuvo que dejar a un lado para ser reina. \u00a1God save <em>The Crown<\/em>!<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\n<p style=\"font-weight: 400;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cierra (literalmente) sus puertas The Crown. Un monumento de calidades. 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