{"id":1088,"date":"2024-02-01T17:35:37","date_gmt":"2024-02-01T16:35:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1088"},"modified":"2024-02-01T17:35:37","modified_gmt":"2024-02-01T16:35:37","slug":"visitar-obras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2024\/02\/01\/visitar-obras\/","title":{"rendered":"Visitar obras"},"content":{"rendered":"<p style=\"font-weight: 400;\">Transito la Exposici\u00f3n <em>Casas y calles. <\/em>Me quedo un rato clavado delante de su cartel, con el edificio en construcci\u00f3n, la gr\u00faa, de la que parece pender el edificio, su mecano, su esqueleto, y entonces recuerdo que, no muy lejos del tiempo de esta casa, a\u00f1os 70, yo pude construir con mi padre una ciudad. Mi infancia tuvo en la rec\u00e1mara un despacho, una mesa m\u00e1s bien, en una empresa constructora, Construcciones Gilcon S. L., en Avenida de Portugal, 15. El 1\u00ba izquierda, lo recuerdo muy bien, porque sub\u00ed en incontables ocasiones para buscar a mi padre a la salida de la oficina. Pero sol\u00eda ir antes de la hora porque me fascinaba el material, de oficina, su olor, forma y textura: papel calco, gomas, l\u00e1pices, tizas, minas, los sellos y tampones de tinta, las cintas para m\u00e1quina de escribir, los metros, las calculadoras con rollo de papel. Y el <em>atrezzo<\/em> que compon\u00edan, en el mostrador o en el suelo, las muestras de ladrillo, de pav\u00e9s o de marcos de ventanas. Y, claro, el orden en que mi padre, un administrativo, ten\u00eda aquella caja de herramientas, aquella paleta, en cierto modo, de artista. All\u00ed se pensaban y hac\u00edan casas. Y algunos s\u00e1bados mi padre ten\u00eda que ir a visitar obras. \u201cVisitar obras\u201d: era un concepto o algo (porque yo era muy ni\u00f1o para conceptos, pero ya experto en los Ex\u00edn Castillos o construir en el colegio, en trabajos manuales, casas con tizas o con pinzas de ropa), una cosa, en fin, que me fascinaba: mi padre iba a visitar obras. Yo, ahora, cuando visito ciudades, lo que intento es precisamente eso, visitar obras. Las ciudades son obras, las presentes y las pasadas, las que se erigieron y las que se sepultaron. Todas se solapan en el plano de la memoria, que es el proyecto urban\u00edstico de nuestra existencia. Ese plano se despliega solo, mientras puede hacerlo, y por \u00e9l nos vamos guiando. O perdiendo. El callejeo de esta Exposici\u00f3n reabre v\u00edas y galer\u00edas del pasado, m\u00e1s o menos reciente, y algunos de sus tramos son como estaciones fantasma del Metro, que los convoyes actuales pasan de largo pero el controlador, con su uniforme de chaqueta y gorra azul sigue en la caseta, y en penumbra. \u00a0Conservo de mi padre alguna papeler\u00eda de aquellos a\u00f1os que trabaj\u00f3 en la Constructora. Folios, sobres, hojas de presupuestos, diversos tipos de documentos, todos en blanco, como si acabaran de salir de imprenta. En alguno de ellos est\u00e1 la letra de mi padre, a BIC,\u00a0 su firma. Con la caligraf\u00eda de los oficinistas de entonces. Una forma de alfabeto tambi\u00e9n desaparecida, como tantas artesan\u00edas.\u00a0 Trazada con mimo de pendolista. Sabiendo que esa letra suya ten\u00eda que firmar y certificar. Las \u201ccertificaciones\u201d. Alguna guardaba de alguna obra. \u201cCertificar\u201d las calles, las casas, la ciudad. Un amigo m\u00edo madrile\u00f1o, cuando iba al cine y en la pel\u00edcula sal\u00eda Madrid, era salir e ir \u2013como dec\u00eda \u00e9l\u2013 a \u201ccertificar\u201d que los sitios (casas, plazas, calles) estaban, efectivamente, en el lugar donde la pantalla figuraba que estaban. \u00a0Y s\u00f3lo cuando lo certificaba daba por buena la pel\u00edcula. Ciudades como Logro\u00f1o permiten una certificaci\u00f3n privilegiada por haber fusionado en un mismo plano po\u00e9tico la calle real y la de ficci\u00f3n a la vez que varias ciudades distintas; a <em>Calle Mayor<\/em> me refiero. Pel\u00edcula en la que una de sus secuencias capitales suced\u00eda en un edificio\u2026en obras. Una de las im\u00e1genes, de los logos de mi vida, fue siempre, el grafismo de la Constructora, que ten\u00eda adem\u00e1s sedes en Logro\u00f1o y Valencia. Estaba en el \u00e1ngulo superior izquierdo de la papeler\u00eda: el dibujo de un contrapicado de un gran edificio de tres cuerpos. Un rascacielos como los que elevaba el arquitecto Howard Roark en la pel\u00edcula <em>El manantial (<\/em>1949). Yo imitaba aquel logo en mis cuadernos escolares, intentando lograr la misma perspectiva. Sobre todo \u2013qu\u00e9 paradoja\u2013 cuando el p\u00f3ster de <em>El coloso en llamas<\/em> era casi igual. Y yo, como no la pod\u00eda ver, por estar interno en Valencia, precisamente, lo remedaba sobre la planta del logo. Alguna de aquellas certificaciones eran de unas obras destinadas a cines. Nunca construidos. Tambi\u00e9n guardaba mi padre un llavero \u2013sin llaves\u2013 de la Constructora con el que hoy abro el plano de la planta de mi recuerdo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Transito la Exposici\u00f3n Casas y calles. 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