{"id":1123,"date":"2024-06-17T13:45:41","date_gmt":"2024-06-17T11:45:41","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1123"},"modified":"2024-06-17T13:45:41","modified_gmt":"2024-06-17T11:45:41","slug":"y-a-la-novena-descanso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2024\/06\/17\/y-a-la-novena-descanso\/","title":{"rendered":"Y a la novena descans\u00f3"},"content":{"rendered":"<p style=\"font-weight: 400;\">T\u00fa dices: \u201cLa novena\u201d. Y nadie piensa en otra cosa que no sea una sinfon\u00eda. Y de Beethoven. Con la excepci\u00f3n de alguna Copa. El domingo pasado, d\u00eda 7, se cumplieron doscientos a\u00f1os de convivencia de la especie humana con \u201cLa novena\u201d. Hay obras musicales que entran por un o\u00eddo y salen por otro. Y hay otras que entran y ya nunca salen. Se alojan en tu cabeza y hasta en el universo. En el hilo musical del cosmos, por ejemplo, se filtr\u00f3 un d\u00eda <em>El Danubio Azul<\/em> y desde entonces, este vals ya es su principal motor. Y en los alveolos del cerebro ingresa un d\u00eda \u201cLa novena\u201d y ah\u00ed se te queda, armando de continuo la tormenta rom\u00e1ntica perfecta. Una okupa emocional de por vida. Por eso estremece pensar en el estruendo que tuvo que habitar en el fuero interno de Beethoven cuando la compon\u00eda sin poder evacuar sus notas, tapiadas por la sordera y, por tanto, circulando por todos los corredores de la b\u00f3veda de su genio, como cuando un vendaval atraviesa pasillos abriendo y cerrando puertas. A perpetuidad. Generar para tus adentros \u201cLa novena\u201d es hacer implosionar un <em>big-bang<\/em> entre pecho y espalda. No s\u00e9 si Beethoven era consciente de la cantidad de energ\u00eda que iba liberar en la atm\u00f3sfera cuando la partitura, interpretada por una armada sinf\u00f3nica, saltara a la \u2018meloesfera\u2019 (que es una palabra que creo no existe). Sobre todo su <em>allegro ma no tanto<\/em> del IV Movimiento, apodado Himno u Oda de la alegr\u00eda <em>aka<\/em> juventud, que es una embestida l\u00edrica y po\u00e9tica que te agarra y es como subirte al L\u00e1tigo de la Feria, y que cuando concluye ya eres otra persona, o lo que sea. Igualmente, al director que le toca afrontar este movimiento, sumado a los tres anteriores, se le ve, sobre todo en la escalada loca del Himno, dibujar en el aire una cosmogon\u00eda, de forma que, como Dios,\u2026 y a la novena sinfon\u00eda, descans\u00f3. Pero no antes de crear el verbo, porque la sorpresa mayor del <em>finale <\/em>es cuando implosiona la palabra, por primera vez en toda la composici\u00f3n. Cuando sale el bar\u00edtono proclamando \u2013en verso del propio Beethoven\u2013 que hay que sustituir los sonidos no agradables, el ruido podr\u00edamos decir ahora, por los tonos alegres. Y as\u00ed como el cine sonoro invent\u00f3 el valor del silencio, aqu\u00ed la palabra inventa el valor de la m\u00fasica, de la materia sinf\u00f3nica, que en \u201cLa novena\u201d est\u00e1 propulsada hasta la c\u00fapula. La mayor alegr\u00eda, la mayor juventud se manifiesta cuando irrumpe la palabra, en la fraternidad del Coro. Qu\u00e9 t\u00edo, Beethoven. Pero esta composici\u00f3n, partitura definitiva de la cordillera vertiginosa de nuestro esp\u00edritu exultante, es m\u00e1s que su <em>finale<\/em>, suponiendo que haya algo despu\u00e9s del <em>finale<\/em> de \u201cLa novena\u201d. Es un tema continuo, forma parte de nuestra forma de escuchar y ver. Est\u00e1 en el aire. Y a cada uno nos ha podido llegar de una manera, y desde cualquiera de los infinitos \u00e1ngulos de su sentido. Est\u00e1 viva. Es una forma inteligente. Y cambiante: puede entrarte por la juglar\u00eda <em>pop<\/em> de Miguel R\u00edos, por la emblem\u00e1tica comunitaria europea o incluso por la distop\u00eda de drugos y sofistos en el Korova Milkbar. Me refiero a su uso y versi\u00f3n en <em>La naranja mec\u00e1nica<\/em> de Kubrick \u2013que ya fuera responsable de programar a Strauss jr. en la radiof\u00f3rmula de la odisea espacial\u2013. Kubrick se serv\u00eda de un repertorio de himnos \u201calegres\u201d, que iban desde <em>Cantando bajo la lluvia<\/em> a la Oda de \u201cLa novena\u201d, para ironizar acerca de la aplicaci\u00f3n individual del estado de \u00e9xtasis y para mostrar que, en ese sentido, la m\u00fasica m\u00e1s ext\u00e1tica pod\u00eda acompa\u00f1ar tanto la elevaci\u00f3n del esp\u00edritu (o de las naves espaciales) como coreografiar la pr\u00e1ctica de la ultraviolencia (caso de Alex); que la cultura y el arte pueden convivir tr\u00e1gicamente con el horror, o no poder erradicarlo, o incluso \u2013depende c\u00f3mo se manipule\u2013 ser su tapadera. \u00bfCu\u00e1ntas cat\u00e1strofes humanitarias o genocidios nos han ocurrido a pesar de \u201cLa novena\u201d; y nos siguen ocurriendo cada a\u00f1o, a pesar de estrenarlo con un Concierto de a\u00f1o nuevo? Ya en <em>Apocalipsis Now<\/em>, al teniente coronel Kilgore, Wagner le pon\u00eda, y le abr\u00eda la pituitaria para oler el Napalm.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>T\u00fa dices: \u201cLa novena\u201d. Y nadie piensa en otra cosa que no sea una sinfon\u00eda. Y de Beethoven. Con la excepci\u00f3n de alguna Copa. El domingo pasado, d\u00eda 7, se cumplieron doscientos a\u00f1os de convivencia de la especie humana con \u201cLa novena\u201d. Hay obras musicales que entran por un o\u00eddo y salen por otro. 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