{"id":1127,"date":"2024-06-17T13:46:47","date_gmt":"2024-06-17T11:46:47","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1127"},"modified":"2024-06-17T13:46:47","modified_gmt":"2024-06-17T11:46:47","slug":"la-altura-de-teo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2024\/06\/17\/la-altura-de-teo\/","title":{"rendered":"La altura de Teo"},"content":{"rendered":"<p style=\"font-weight: 400;\">En el espinazo entre el edificio de la <em>Gaceta del Norte<\/em>, donde estaba la tienda y la casa de sus t\u00edos, el primer d\u00faplex de la ciudad, y la Calle San Juan, lugar de su abuela, se mov\u00eda el ni\u00f1o. Sobre todo en los veranos. De la tienda a casa de la abuela. Ida y vuelta. En medio, la Plaza, una jugueter\u00eda, una librer\u00eda-papeler\u00eda, las \u00c1nimas, tabernas, ultramarinos, el Noche y d\u00eda (bar y tiempo) y la Esquina (del conf\u00edn). Cerca del tramo donde la San Juan arrancaba la peque\u00f1a cuesta para desembocar en el Muro del Carmen, repecho que tantas veces ascend\u00eda el ni\u00f1o teniendo la sensaci\u00f3n de salir al mundo, o al menos a su glorieta, estaba lo de Teo. Y de Pilar, su mujer, tan alta como \u00e9l. Que atend\u00eda con la bata blanca. Eran el techo de la calle, y su negocio, que era como una cueva, plat\u00f3nica, le produc\u00eda al ni\u00f1o fascinaci\u00f3n y misterio. Todo era g\u00e9nero de fantasmagor\u00eda: carretes, filminas, visores, peliculitas y c\u00e1maras. De vez en cuando, con motivo de alguna visita a la tienda, lo de \u201cSalas\u201d, sub\u00eda con su t\u00edo a buscar algunos ovillos o prendas a un almac\u00e9n que ten\u00edan arriba y entonces pasaban por el piso de la <em>Gaceta<\/em> y entraba su t\u00edo a saludar. Mientras que el almac\u00e9n desprend\u00eda un olor dulz\u00f3n, a las lanas Pingouin Esmeralda, la <em>Gaceta<\/em>ol\u00eda a papel de calco, l\u00e1pices, cinta de m\u00e1quina de escribir, tinta y tabaco. A periodismo. Era otra capa en la geolog\u00eda de la ciudad. Y ve\u00eda salir a su centro de operaciones a Teo, muy alto, atl\u00e9tico, con la c\u00e1mara siempre en funciones de escapulario \u2013as\u00ed, Teo y Carlos Saura (cu\u00e1ntas fotos de Espa\u00f1a se pod\u00edan haber intercambiado los dos)\u2013, fumando, silencioso. Impon\u00eda. Fotografiar deb\u00eda de ser eso. Hab\u00eda que tener una altura como la de Teo para retratar el mundo. Y Teo tambi\u00e9n aparec\u00eda al otro lado de la arter\u00eda de su infancia, en su establecimiento de la San Juan. Ya abajo, a pie de calle y de obra, pero igual de alto. Era un hombre de dos pisos, como poco. Estaba el ni\u00f1o viendo el mostrador y de pronto entraba \u00e9l y sin decir nada descorr\u00eda una cortinita y desaparec\u00eda tras ella. Mientras Pilar segu\u00eda atendiendo y ense\u00f1\u00e1ndole alg\u00fan s\u00faper-8 al ni\u00f1o, para su Cine-Max. Podr\u00eda decirse que el ni\u00f1o vio un d\u00eda atravesar a Teo la cortina y que se lo volvi\u00f3 a encontrar cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, tras d\u00e9cadas de positivado en la memoria. El ni\u00f1o ya era adulto y segu\u00eda pegado a la qu\u00edmica y po\u00e9tica de la imagen, gracias en parte a la caja de mago de lo de Teo. Y vio en una Exposici\u00f3n \u2013alumbrada, c\u00f3mo no, por la C\u00e1mara Oscura\u2013 una fotograf\u00eda, \u00e9sta que ven ustedes aqu\u00ed ahora, en la que un ni\u00f1o se asomaba a trav\u00e9s de una rendija del toldo de una t\u00f3mbola. En los a\u00f1os sesenta, ser\u00eda. Y no es s\u00f3lo que la fotograf\u00eda podr\u00eda ser perfectamente de Cartier-Bresson, sino que el ni\u00f1o de la imagen perfectamente podr\u00eda ser \u00e9l: el momento \u201cdecisivo\u201d, claro, en el que se hizo espectador, del cine y de todo. De la t\u00f3mbola de la vida. Y de esos juegos reunidos conserva el ni\u00f1o el dado: una cajita de carrete, de los que vend\u00edan en la tienda. Si arrojo el dado al aire, a veces cae por la vi\u00f1eta de Herr\u00e1iz en la que se ve el puente de Piedra y una caricatura de Teo c\u00e1mara en mano, como si fuera un turista. A veces, por el plano a vista de p\u00e1jaro del barrio. A veces, por las coordenadas: San Juan 36, y dos tel\u00e9fonos (como una r\u00e9flex de objetivos gemelos) 223940 y 223741. A veces, por la descripci\u00f3n de la caja de herramientas de los que miran: \u00ablaboratorio para aficionados. Venta de Materiales. Blanco y negro-color\u00bb. Y si cae de canto, pues el n\u00famero a boli del carrete, el 4 en este caso, o la divisa: FOTO-TEO, en rojo. Foto y Teo son sin\u00f3nimos. Y la Teofotograf\u00eda, una forma de entender y explicar el solar. De ni\u00f1o no hablaba con Teo. Y aunque nunca le llegar\u00eda a su altura, luego s\u00ed lo podr\u00eda hacer, hasta hace poco. Y lo recuerda, precisamente, a Teo, explic\u00e1ndose, las muletillas:\u00a0 \u00abte quiero decir\u2026 \u00bfentiendes?&#8230; \u00bfcomprendes?&#8230; O sea\u00bb.\u00a0 Entendido, querido Timoteo: estaba todo en tus fotos. Que somos todos aficionados en lo de vivir.\u00a0 Y que todo depende desde d\u00f3nde se mire.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el espinazo entre el edificio de la Gaceta del Norte, donde estaba la tienda y la casa de sus t\u00edos, el primer d\u00faplex de la ciudad, y la Calle San Juan, lugar de su abuela, se mov\u00eda el ni\u00f1o. Sobre todo en los veranos. De la tienda a casa de la abuela. 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