{"id":119,"date":"2018-07-29T10:47:25","date_gmt":"2018-07-29T08:47:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=119"},"modified":"2018-07-30T18:42:14","modified_gmt":"2018-07-30T16:42:14","slug":"bajo-el-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2018\/07\/29\/bajo-el-fuego\/","title":{"rendered":"Bajo el fuego"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/07\/Eclipse2018_8766baja.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-123\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/07\/Eclipse2018_8766baja-300x279.jpg\" alt=\"eclipse2018_8766baja\" width=\"765\" height=\"711\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/07\/Eclipse2018_8766baja-300x279.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/07\/Eclipse2018_8766baja-768x715.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/07\/Eclipse2018_8766baja.jpg 829w\" sizes=\"(max-width: 765px) 100vw, 765px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Este jueves, en un ba\u00f1o de esos de final de la tarde, los mejores, en el <em>drive-in<\/em> estival de las Franco-Espa\u00f1olas, me volv\u00ed a tirar a la piscina con Benjamin Braddock. La primera vez ser\u00eda con veinte a\u00f1os, calculo, en alguna reposici\u00f3n de <em>El graduado <\/em>en los ochenta. A los veinte a\u00f1os, digamos que a\u00fan flotas. Adivinas, s\u00ed, el fondo, pero todav\u00eda a varios metros de distancia bajo tus pies. Ni se te ocurre tocarlo \u2013el fondo, digo- de no ser por ver cu\u00e1nto aguantas sin respirar; por deporte, vaya. Y vuelves a subir, sin mayor problema. A lo veinte a\u00f1os, a\u00fan se aguanta bastante sin respirar. Y se saca, luego, la cabeza, tan ufano. <em>El graduado<\/em> \u2013ahora te das cuenta, claro, a base de bracear, de inmersiones y de forzar tu capacidad pulmonar- trataba precisamente de c\u00f3mo mantenerse por encima de la l\u00ednea de flotaci\u00f3n. La tuya y la general. A Benjamin tampoco le ha servido de nada un trabajo de fin de m\u00e1ster. Es graduarse y hundirse. Se ve -lo vemos- como a un buceador acoquinado en el c\u00f3rner del fondo de una piscina. Y con la cabeza metida en el interior de una pecera o de unas gafas de bucear. Desde esta profundidad abisal, el cerebro percibe la vida como si estuviera envasado al vac\u00edo: se oye hablar a gente sin que se les oiga; se ve escuchar a la gente sin que se oigan y se ve escribir canciones para ninguna voz. Simplemente se boquea. El cerebro permanece activado a duras penas, en medio de una oscuridad familiar, muy parecida a la ceguera provocada por un ne\u00f3n deslumbrante. O esto es lo que dec\u00edan Simon y Garfunkel en <em>El sonido del silencio<\/em>, que acompa\u00f1ar\u00e1 a Benjamin en su inmovilidad de ahogado. En su apnea existencial. En su infancia no resuelta. En su miedo submarino. El joven Braddock, benjam\u00edn de los tiburones que condujeron a Am\u00e9rica desde Kennedy hasta Nixon y m\u00e1s all\u00e1 (y m\u00e1s ac\u00e1), demuestra \u2013pese a ser un buen partido- no tener m\u00e1s estabilidad que la de una colchoneta de piscina. Benjamin se mantiene en la delgada l\u00ednea existente entre la respiraci\u00f3n y el ahogamiento, entre el \u00e9xito y el naufragio. Y como la colchoneta y las burbujas puede pinchar en cualquier momento. Mientras, se va quemando al sol. Todos est\u00e1n m\u00e1s o menos quemados en <em>El graduado<\/em>. Benjamin es un quemado prematuro. Se supone que tiene veinti\u00fan a\u00f1os. Sin embargo, v\u00e9ase a Mrs. Robinson, una quemada veterana; tatuada incluso por el tedio irradiado desde el solarium del <em>american way of life<\/em>. Porque lo m\u00e1s er\u00f3tico de Mrs. Robinson -estar\u00e1n conmigo- son las marcas blancas que sobre su piel ha dejado impresas el dos piezas, expuesto al sol de las piscinas que por entonces ya se estaban llenando de petr\u00f3leo. Resulta un mapa de fronteras, de sendas de piel intacta, que Benjamin no se atreve a franquear. Los veranos, exceptuando el verano original, el de la vacaci\u00f3n infantil y la felicidad acu\u00e1tica, son una especie de unidad de quemados, en varios sentidos, con quemaduras de diversa consideraci\u00f3n. Lo que no est\u00e1 al rojo vivo (taxis en Barcelona, los mostradores de Ryan Air\u2026), arde directamente. Arde Grecia en una tragedia pompeyana. Con parejas abrazadas en coches y en residencias de ancianos. Datos para que los graduados en arqueolog\u00eda interpreten el tipo de drama infame, a menudo criminal, en que han vivido estos siglos nuestros, tan abandonados de los dioses. Ha ardido Grecia como ve\u00eda arder el r\u00edo Agamen\u00f3n en <em>La Il\u00edada <\/em>seg\u00fan Alessandro Baricco: \u00abUn muralla de fuego que ven\u00eda hacia m\u00ed. Ard\u00edan los olmos, los sauces, los tamariscos; ard\u00edan el loto y el junco y la juncia; ard\u00edan los cad\u00e1veres y las armas y los hombres. Me detuve. El fuego me alcanz\u00f3. Lo que nadie, nunca hab\u00eda visto, lo vieron todos ese d\u00eda: un r\u00edo en llamas. Las aguas hirviendo, los peces escabull\u00e9ndose aterrorizados por entre los torbellinos incandescentes\u00bb. Ha ardido, en el coraz\u00f3n de Atenas, la mirada de Ulises: los papeles, los libros, las notas, las cartas, los proyectos, la materia de Theo Angelopoulos (1935-2012), el \u00faltimo cineasta hom\u00e9rico, que film\u00f3 la niebla y el r\u00edo primordiales. Y el sonido del silencio. Arde el Mediterr\u00e1neo cl\u00e1sico, desde las cubiertas de embarcaciones a la deriva, cargadas de inmigrantes insolados. En tierra, arden los lanzallamas en la frontera ceut\u00ed. No es de extra\u00f1ar que el viernes ardiera tambi\u00e9n la luna; o se desangrara. Pero hay esperanza: el mar del futuro acaba de aparecer bajo los adoquines de Marte. En septiembre, hablamos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este jueves, en un ba\u00f1o de esos de final de la tarde, los mejores, en el drive-in estival de las Franco-Espa\u00f1olas, me volv\u00ed a tirar a la piscina con Benjamin Braddock. La primera vez ser\u00eda con veinte a\u00f1os, calculo, en alguna reposici\u00f3n de El graduado en los ochenta. 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