{"id":1218,"date":"2025-04-28T11:49:14","date_gmt":"2025-04-28T09:49:14","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1218"},"modified":"2025-04-28T11:49:14","modified_gmt":"2025-04-28T09:49:14","slug":"regreso-al-poseidon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2025\/04\/28\/regreso-al-poseidon\/","title":{"rendered":"Regreso al Poseid\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>El cine, y su terminal Hollywood, es una forma extremada de vida. Durante un tiempo, un actor o una actriz es el tope de la rutilancia o de la fama, pero al final de la pel\u00edcula aparece momificado al cabo de diez d\u00edas en el vest\u00edbulo su casa, o hundido en el fondo de una piscina o en el fondo de un tubo de barbit\u00faricos. La celebridad, el mito, es en Hollywood muy a menudo una historia de ca\u00edda, en forma de muerte o de olvido. O de las dos cosas a la vez. Una historia, en fin, de tragedia, que acorta el camino entre el Olimpo y el Hades.\u00a0 Entre la alfombra roja y las miserias del inframundo cotidiano. En el interior de tu mansi\u00f3n tienes varios Oscars en una estanter\u00eda y fuera, en el jard\u00edn, eres \u2013cuentan de Gene Hackman (1930-2025)\u2013 un vecino antip\u00e1tico, apartado del oficio hace veinte a\u00f1os. Hollywood es siempre el Sunset Boulevard de Billy Wilder. En la secuencia que habr\u00eda la pel\u00edcula pero que luego se cort\u00f3 por su <em>rigor mortis<\/em> dos cad\u00e1veres hablaban en la Morgue de Los Angeles. Un cad\u00e1ver le dec\u00eda al otro, reci\u00e9n llegado: \u201cNo te asustes. Estamos aqu\u00ed todos juntos. No pasa nada\u201d. Para luego preguntarle si trabajaba en el cine. El novato en morir le dice que s\u00ed, y tras hacerle un peque\u00f1o relato biogr\u00e1fico, el cad\u00e1ver veterano le confiesa: \u201cLo que me interesa es saber c\u00f3mo moriste\u201d. A m\u00ed tambi\u00e9n me interesa saber c\u00f3mo murieron Hackman, su mujer y su perro. Era mi actor favorito Gene Hackman, un portento de sobriedad y verosimilitud, y me ha entristecido el escenario de su muerte. Y hago memoria de cu\u00e1ndo lo vi por primera vez, y tambi\u00e9n mor\u00eda, y descend\u00eda al Hades. Lo conoc\u00ed cayendo. Mi primer Hackman fue su reverendo Scott de <em>La aventura del Poseid\u00f3n<\/em> (1972). Yo ten\u00eda once a\u00f1os y me llev\u00f3 a verla mi t\u00eda Mar\u00eda Luisa al Sahor, a su pantalla oce\u00e1nica. El sacrificio final de Scott \u2013un personaje que como todos los dem\u00e1s iban desprendi\u00e9ndose de sus atributos (ropa, complementos, el <em>clergyman<\/em> en su caso) para convertirse en n\u00e1ufrago\u2013 me impresion\u00f3 enormemente. Aquel cura que atravesaba un mundo invertido, en el que los urinarios estaban boca abajo, como los quer\u00eda Duchamp, atravesando cortinas de agua y de fuego, buscando la salida no por la cubierta sino por la sala de m\u00e1quinas: por el laberinto de tuber\u00edas rusientes que llegaba a formar un octavo c\u00edrculo infernal de Dante. Un transatl\u00e1ntico, con nombre de deidad marina, que en su vuelco pon\u00eda patas arriba el orbe y precisaba un nuevo Mois\u00e9s que pastoreara a la grey peregrina entre sus aguas abiertas. Un barco que era tambi\u00e9n el del cine, pues viajaban en \u00e9l Shelley Winters y Ernst Borgnine o Red Buttons. Cuando m\u00e1s adelante los fui viendo a todos en <em>Lolita<\/em>, <em>Marty<\/em> o <em>\u00a1Hatari!<\/em> me di cuenta que los hab\u00eda descubierto en los intestinos del SS. Poseid\u00f3n, ya al final de sus carreras, pero en mi inicio como grumete en las salas cinematogr\u00e1ficas. No digamos cuando luego vi a Leslie Nielsen en <em>\u00a1Aterriza como puedas!<\/em>\u00a0 y entonces me expliqu\u00e9 c\u00f3mo no iba a capotar el Poseid\u00f3n estando el doctor Barry Rumack al mando. Nunca olvidar\u00e9 el plano de Hackman, del reverendo Scott, en esa especie de huerto de los olivos en las calderas del mundo transatl\u00e1ntico. Colgado del volante de una v\u00e1lvula al rojo vivo, entre chorros de vapor. Sabe que girar la v\u00e1lvula desbloquear\u00e9 la salida (a esas alturas o profundidades de la pel\u00edcula, tambi\u00e9n la de los espectadores), y que eso le costar\u00e1 la muerte, la ca\u00edda al aceite en llamas. Y su oraci\u00f3n, su r\u00e9plica: \u201c\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s quieres de nosotros? Lo estamos haciendo todo nosotros. Nosotros unidos. Y lo hemos hecho sin exigirte que nos hicieras un milagro. Pero \u00a1maldita sea!, no nos abandones. \u00bfAcaso estamos solos? \u00bfCu\u00e1ntos hemos de morir? Ahora me toca a m\u00ed. \u00a1Aqu\u00ed estoy!\u201d. A\u00fan se me pone la piel de gallina. Pero este viernes, viendo a Trump con Zelensky, me acord\u00e9 de otra frase de Hackman como terrible capit\u00e1n Ramsey en <em>Marea roja<\/em> (1995), cuando le dice a su comandante (Denzel Washington): \u201cEstamos aqu\u00ed para defender la democracia, pero no para practicarla\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cine, y su terminal Hollywood, es una forma extremada de vida. 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