{"id":1232,"date":"2025-04-28T11:56:11","date_gmt":"2025-04-28T09:56:11","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1232"},"modified":"2025-04-28T11:56:11","modified_gmt":"2025-04-28T09:56:11","slug":"pantalla-de-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2025\/04\/28\/pantalla-de-fuego\/","title":{"rendered":"Pantalla de fuego"},"content":{"rendered":"<p>Los Angeles (L.A,), y la regi\u00f3n de Hollywood que la rodea f\u00edsica y m\u00edticamente hasta parecer un mismo lugar expandido en serpiente por el Sunset Boulevard hasta desembocar en el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, es de por s\u00ed una \u201cno ciudad\u201d. M\u00e1s bien una eclosi\u00f3n de luz, una combusti\u00f3n solar. Y no otra cosa sino las horas de luz m\u00e1s prolongadas de Norteam\u00e9rica fueron las que llevaron hasta all\u00ed las primeras c\u00e1maras de cine y a las figuras que habr\u00edan de revelarse delante de sus \u00f3pticas. La luz que ba\u00f1aba L.A. se transformaba desde el amanecer hasta los <em>sunsets<\/em> que el taller de pintura Hollywood \u2013directores de fotograf\u00eda, el\u00e9ctricos, escen\u00f3grafos, laboratoristas del <em>technicolor<\/em>\u2013 \u00a0recrearon en atardeceres incendiados, que la naturaleza s\u00f3lo puede aspirar a imitar. En nuestra vida nunca atardecido como en Tara, por ejemplo. Esas franjas rojas y amarillas que hac\u00edan arder los cielos, cuyas cenizas ca\u00edan sobre nuestros ojos. La pantalla como espacio que ard\u00eda por los cuatro costados. El cine reinvent\u00f3 el fuego como forma de emoci\u00f3n, de ignici\u00f3n interior del espectador y del mundo. Un fuego inextinguible. Cu\u00e1ntas cosas ard\u00edan cuando ard\u00eda Atlanta, una Atlanta refundada en L.A. Ard\u00eda incluso la ciudad, un gran maderamen proveniente de otras pel\u00edculas. Pero sus pavesas, que el viento a\u00fan no se ha llevado, eran las de la pasi\u00f3n y la guerra. Y el foco de ignici\u00f3n la propia incandescencia del haz de luz que atraviesa el cine y a sus agentes. Qu\u00e9 se abrasaba en el cielo final y sangu\u00edneo de <em>Duelo al sol<\/em> sino el deseo y el fuego en el cuerpo. Una sangre inyectada en cada l\u00ednea del horizonte en llamas. El cine ha sido una \u00f3pera de fuego, una caldera. Desde los carbones que combustionaban en el alto horno de los proyectores (tan alto como la cabina; en el \u201cpara\u00edso\u201d de la sala) hasta la pantalla, cuyo coraz\u00f3n se inflamaba como el mapa de \u201cLa Ponderosa\u201d. Y ha sido fuego real, cuando sus lenguas, aceleradas por una chispa de ox\u00edgeno y \u00e9ter, carbonizaron en 1897, en las primeras horas <em>Lumi\u00e8re<\/em>, una barraca de pino, tela y vestidos galantes de crinolina, y a 126 espectadores. Con ese fuego estuvo a punto de acabar todo. Hemos visto, en fin, arder en la pantalla candente del cinema la antigua Roma (y aqu\u00ed Ner\u00f3n nunca hubiera alcanzado a la Metro Goldwyn Mayer en espectacularidad y <em>ars gratia artis<\/em>), el Museo de Cera de Vicent Price (habitado por aquellas figuras regaladas en tres dimensiones) y hasta el Coloso (en llamas, claro). Lo que estaba amenazado por la ferocidad del fuego en aquella \u201cTorre infernal\u201d \u2013t\u00edtulo original de la pel\u00edcula\u2013 no s\u00f3lo era el edificio, un Titanic arquitect\u00f3nico, sino el propio pasado del cine, mutante en los a\u00f1os 70 tanto en lo industrial como art\u00edstico. Y de una manera irreversible. El fuego m\u00e1s devorador e inexorable \u2013bien lo sabe y lo demuestra la imagen cinematogr\u00e1fica\u2013 es el tiempo. \u00a0Y en la \u00faltima planta del Coloso, con un fuego dantesco chamusc\u00e1ndoles los trajes de noche, figuraban estrellas como Fred Astaire, William Holden, Jennifer Jones\u2026, por s\u00f3lo hablar de aquellas que llegaron al cine cuando el fuego era a\u00fan en blanco y negro. Y estaban como despidi\u00e9ndose entre ellas, cautivas de una especie de cueva de Plat\u00f3n en la que las centellas de la hoguera del exterior (la que en el mito proyectaba las sombras en la cueva: s\u00ed, lo que est\u00e1n pensando, el fil\u00f3sofo invent\u00f3 el cine) hubieran saltado hasta el interior provocando el siniestro y el ocaso consiguiente. En otras cat\u00e1strofes simuladas del momento \u2013terremotos, accidentes a\u00e9reos o naufragios\u2013 ser\u00edan Gloria Swanson, Mirna Loy, Ava Gardner, Dana Andrews, Shelley Winters y hasta Olivia de Havilland, que fuera en su d\u00eda testigo y superviviente del incendio b\u00edblico de Atlanta. L. A., Hollywood, ha sido siempre la capital del simulacro (y as\u00ed lo celebra). De hecho, cerca de los incendios de esta semana, en los Estudios Universal, hay una atracci\u00f3n que se titula \u201cLlamaradas\u201d. Pareciera que las chispas de fuego plat\u00f3nicas hubieran vuelto a saltar a la sala, con su cabeza de f\u00f3sforo activa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los Angeles (L.A,), y la regi\u00f3n de Hollywood que la rodea f\u00edsica y m\u00edticamente hasta parecer un mismo lugar expandido en serpiente por el Sunset Boulevard hasta desembocar en el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, es de por s\u00ed una \u201cno ciudad\u201d. 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