{"id":1236,"date":"2025-04-28T11:57:39","date_gmt":"2025-04-28T09:57:39","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1236"},"modified":"2025-04-28T11:57:39","modified_gmt":"2025-04-28T09:57:39","slug":"cine-anos-de-soledad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2025\/04\/28\/cine-anos-de-soledad\/","title":{"rendered":"Cine a\u00f1os de soledad"},"content":{"rendered":"<p>A\u00fan no he visto la serie basada en la novela, pero s\u00ed recuerdo cuando el cine lleg\u00f3 a Macondo, hacia la mitad del relato y de la estirpe. Y el efecto que caus\u00f3 en su poblaci\u00f3n, una mezcla de extra\u00f1amiento y decepci\u00f3n. Precisamente \u2013\u00a1gran paradoja!\u2013 a causa de su realismo m\u00e1gico. Es decir: no pod\u00edan aceptar ni comprender \u00abpor qu\u00e9 un personaje muerto y sepultado en una pel\u00edcula, y por cuya desgracia se derramaron l\u00e1grimas de aflicci\u00f3n, reapareci\u00f3 vivo y convertido en \u00e1rabe en la pel\u00edcula siguiente\u00bb. Advi\u00e9rtase como \u2013aun siendo ne\u00f3fitos en la experiencia cinematogr\u00e1fica\u2013 recurr\u00edan espont\u00e1neamente a la exigencia aristot\u00e9lica de la verosimilitud e incluso a la del p\u00fablico burgu\u00e9s primerizo y \u2013como ahora comprobar\u00e1n, y tampoco lejos del pensamiento del fil\u00f3sofo\u2013 exig\u00edan un justo reparto o una justa compensaci\u00f3n por el sufrimiento compartido con los fantasmas del lienzo; pues no responde a otra raz\u00f3n la necesidad de la ficci\u00f3n en nuestras vidas, como dec\u00eda E. L. Doctorow. O sea: la descarga colaborativa del drama. Y por eso \u00abel p\u00fablico que pagaba dos centavos para compartir las vicisitudes de los personajes, no pudo soportar aquella burla inaudita y rompi\u00f3 la silleter\u00eda\u00bb. El simulacro de la muerte. Siendo esto, precisamente, lo que la electricidad de la literatura y del cine pretenden: hacer resurgir de las cenizas. Con id\u00e9nticos prop\u00f3sitos, el argentino Bioy Casares, escritor lim\u00edtrofe entre la fantas\u00eda, la ciencia ficci\u00f3n y el policiaco, ingeniar\u00eda un maquina similar en <em>La invenci\u00f3n de Morel<\/em>. Y antes Julio Verne en <em>El Castillo de los C\u00e1rpatos<\/em>. Y hasta el alcalde de Macondo \u00abexplic\u00f3 mediante un bando, que el cine era una m\u00e1quina de ilusi\u00f3n que no merec\u00eda los desbordamientos pasionales del p\u00fablico\u00bb. Presas de una contradicci\u00f3n entre deslumbramiento y desconfianza, entre alborozo y desencanto, los primeros espectadores de Macondo optaron \u00abpor no volver al cine, considerando que ya ten\u00edan bastante con sus propias penas para llorar con fingidas desventuras de seres imaginarios\u00bb. Cierto que al poco, los macondinos reaccionar\u00edan con id\u00e9ntico escepticismo frente al gram\u00f3fono, otro invento bisagra entre siglos. Y en general frente a todo aquel artilugio que les hac\u00eda dudar de \u00abd\u00f3nde estaban los l\u00edmites de la realidad\u00bb, ignorantes de que ellos mismos eran una m\u00e1xima muestra de esos l\u00edmites difusos. No hab\u00edan manifestado, en cambio, un recelo tan manifiesto frente a las bombillas, el tren y el tel\u00e9fono, que \u2013muy al contrario\u2013 fueron vistas como maravillosas invenciones, cuando no \u2013especialmente el tel\u00e9fono\u2013 una prueba divina para testar la capacidad de asombro de los lugare\u00f1os. Netflix ha llegado a Macondo. Y no se han hecho esperar las reacciones. Pero lo cierto es que \u2013como siempre ha sucedido en la relaci\u00f3n entre los espectros de la literatura y los de las im\u00e1genes animadas en pantalla, frente a los apocal\u00edpticos de esta transfusi\u00f3n\u2013 no se borran rec\u00edprocamente, sino que se realimentan. Se reavivan. Como rescoldos de la imaginaci\u00f3n. Y ahora mismo, la novela de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez vuelve a ser un <em>best-seller<\/em>, a sus cincuenta a\u00f1os de existencia en papel y en el cine que activa en el celebro cada lectura de sus p\u00e1ginas. Y cuesta encontrar ejemplares en las librer\u00edas de medio mundo. Me encanta pensar que estos d\u00edas de regalos y sorpresas, una ma\u00f1ana o una noche \u2013mejor\u2013 alguien abre un paquete y dentro est\u00e1 <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>. Y entonces, Macondo llega por primera vez a unas manos, a unos ojos, a una cabeza, a una casa. Y quedar\u00e1 fundada para siempre en la memoria de quien se asome a su acontecer. Y con Macondo llegar\u00e1, para personas en edad de leer, un torrente de seres y sucesos, una pel\u00edcula incesante; pues tanto se parece al cine que aparece y desaparece cada vez, tras cada proyecci\u00f3n. Cuando abres y cierras el libro, cuando se ilumina y se apaga el haz de luz de la cabina. Del mito. Buena entrada en el nuevo a\u00f1o, cuyas soledades se ver\u00e1n muy aliviada si vuelven a entrar en Macondo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A\u00fan no he visto la serie basada en la novela, pero s\u00ed recuerdo cuando el cine lleg\u00f3 a Macondo, hacia la mitad del relato y de la estirpe. Y el efecto que caus\u00f3 en su poblaci\u00f3n, una mezcla de extra\u00f1amiento y decepci\u00f3n. Precisamente \u2013\u00a1gran paradoja!\u2013 a causa de su realismo m\u00e1gico. 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