{"id":1248,"date":"2025-04-28T12:14:09","date_gmt":"2025-04-28T10:14:09","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=1248"},"modified":"2025-04-28T12:14:09","modified_gmt":"2025-04-28T10:14:09","slug":"pasarela-sobre-el-sueno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2025\/04\/28\/pasarela-sobre-el-sueno\/","title":{"rendered":"Pasarela sobre el sue\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p>Se celebra el centenario del nacimiento Marcello. Mastroianni. \u00a1En una Fontana!, por cierto, su primera Fontana, que no la m\u00e1s c\u00e9lebre: Fontana Liri, en el Lacio, en septiembre de 1924. Un Marcello que lo ser\u00eda por partida doble: Mastroianni de cuarto apellido y Rubini por su personaje en <em>La dolce vita<\/em>, de Fellini. Y de la Fontana, acu\u00e1tica y monumentalmente sensual en 1960 y hoy \u2013cuando la dulzura de aquella vida es ya un arcano\u2013 un estanque seco y cercado. No sabemos por cu\u00e1nto tiempo. Como tantos lugares jugosos del pasado, el real, el so\u00f1ado o el imaginado. El cine ha humedecido muchos de esos sue\u00f1os. Y los ha endulzado a favor de nuestras vidas. Y en eso, Fellini fue uno de sus m\u00e1s golosos autores. Y Roma, su reposter\u00eda, en su subsuelo y en superficie. El Marcello Rubini, el periodista de <em>La dolce vita<\/em>, sumergi\u00f3 literalmente al Marcello Mastroianni en las aguas de la Fontana de Trevi y lo ba\u00f1\u00f3 con el blanco y negro del <em>cinema<\/em>. Y del deseo. Y a partir de ah\u00ed, la Piazza y su laguna se convirtieron en una regi\u00f3n m\u00edtica t\u00e1ctil, transitable; en una Sixtina mundana, que funcionaba con unas monedas de lira arrojadas; una regi\u00f3n l\u00edrica, por tanto, s\u00ed, tambi\u00e9n. Como un <em>crowdfunding<\/em> on\u00edrico. Un \u00f3bolo, como el que se echa en los cepillos de los templos para iluminar y animar las figuras y bancos de los retablos. La moneda l\u00edrica, depositada en el lecho de la <em>fontana<\/em> facilitaba el eterno retorno de las figuras, su emersi\u00f3n humana y divina desde las profundidades de la pantalla l\u00edquida. Pues en la noche de la segunda estaci\u00f3n del retablo, del retablo barroco, que era la pel\u00edcula, <em>La dolce vita<\/em>, Mastroianni, inmerso en el barroco er\u00f3tico m\u00e1s deslumbrante, gracias a la unci\u00f3n de Anita Ekberg, diosa carnal del grupo escult\u00f3rico, la diosa Sylvia, domando el Oc\u00e9ano, a los tritones, a los hipocampos y a los papas, sali\u00f3 bautizado, Mastroianni digo, con el agua de la pila bautismal de la Fontana, como Marcello Rubini. Y \u00e9l y la Fontana y la Piazza y Roma y los espectadores (los espa\u00f1oles no hasta veinti\u00fan a\u00f1os m\u00e1s tarde, en que se autoriz\u00f3 la pel\u00edcula, prohibida durante dos d\u00e9cadas por una censura que vetaba estas imprimaciones profanas) tambi\u00e9n mutaron, mutamos. Y se inici\u00f3 la peregrinaci\u00f3n a ese santo lugar de aguas carnales, surcadas por Anita Ekberg: su Neptuna, su Poseidona, su Gracia. Y all\u00ed \u00edbamos, hombres y mujeres, como Rubini, a encontrarnos con la diosa. A empaparnos. De cine, de sue\u00f1os, de Roma. Y alrededor de la Fontana y de su olimpo, todo fue entre dos siglos <em>dolce vita<\/em>. A\u00fan recuerdo c\u00f3mo la primera vez, todav\u00eda pudimos comer unos macarrones con tomate \u2013un sabor de los que se te quedan inscritos para los restos en tu memoria gustativa\u2013 en una humilde <em>trattoria<\/em>, a la entrada de la <em>piazza<\/em>, atendida por una <em>mamma<\/em> que te los serv\u00eda en un plato hondo de loza, sobre una mesa de madera larga y comunal. Y veo en la prensa esta semana la escena de la deshidrataci\u00f3n absoluta: alegando la causa de su restauraci\u00f3n han vaciado de agua la fuente y los visitantes, tasados en n\u00famero, han de circular por una pasarela que sobrevuela la piscina. Y las monedas hay que echarlas en una caja <em>ad hoc<\/em>. Si, a pesar de la restricci\u00f3n \u2013contraria a aquel esp\u00edritu l\u00edrico\u2013, el visitante se arriesga a echar la moneda, tiene que ser ya un billete de cincuenta euros: la cuant\u00eda de la multa por echarla fuera del tiesto. Y \u00e9ste es el modo del nuevo mundo, el creado por la dana tur\u00edstica (de la que nadie queda exento, ojo, porque solemos pensar que los turistas son los otros; como en tiempos el infierno, seg\u00fan el fil\u00f3sofo): ver sus escenarios desde pasarelas, como un diorama intocable y distante, munidos de una audiogu\u00eda. Como un espect\u00e1culo perfectamente ajeno que s\u00f3lo quedar\u00e1 impreso en la memoria del m\u00f3vil. Y perfectamente deshabitado. Sin irrigaci\u00f3n ni humedades. Aseguran que el puente es provisional, que durar\u00e1 lo que la restauraci\u00f3n. Pero igual luego ya es tarde, o la soluci\u00f3n definitiva es peor e irreversible. Y Nanni Moretti \u00bfqu\u00e9 opinar\u00e1 de esto?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se celebra el centenario del nacimiento Marcello. Mastroianni. \u00a1En una Fontana!, por cierto, su primera Fontana, que no la m\u00e1s c\u00e9lebre: Fontana Liri, en el Lacio, en septiembre de 1924. Un Marcello que lo ser\u00eda por partida doble: Mastroianni de cuarto apellido y Rubini por su personaje en La dolce vita, de Fellini. 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