{"id":213,"date":"2018-12-02T12:35:12","date_gmt":"2018-12-02T11:35:12","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=213"},"modified":"2018-12-02T23:10:26","modified_gmt":"2018-12-02T22:10:26","slug":"el-cine-lunar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2018\/12\/02\/el-cine-lunar\/","title":{"rendered":"El cine lunar"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/12\/PolidorPA2010_6349.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone wp-image-222\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/12\/PolidorPA2010_6349-300x200.jpg\" alt=\"polidorpa2010_6349\" width=\"605\" height=\"403\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/12\/PolidorPA2010_6349-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/12\/PolidorPA2010_6349-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2018\/12\/PolidorPA2010_6349.jpg 933w\" sizes=\"(max-width: 605px) 100vw, 605px\" \/><\/a><\/p>\n<p>En la \u00faltima secuencia de <em>El cielo protector<\/em> (1990), ella, Kit, tras un vagabundeo extraviado, como son\u00e1mbulo, se ve de nuevo en un punto de T\u00e1nger que cree reconocer. De hecho, algo le ha conducido hasta all\u00ed, necesariamente, la esquina del Cine Alcazar, en la Calle Italia, muy cerca de la Kasbah. Va ligera, casi vol\u00e1til, con un vestido y una chaqueta de tonos azules, un azul celeste. En el Alcazar (que a\u00fan hoy existe, no es un decorado) ponen <em>Remorques<\/em>, de Jean Gr\u00e9millon, <em>Remordimientos.<\/em> No por casualidad. Kit, en un paso gir\u00f3vago, contempla fugazmente a Mich\u00e8le Morgan y a Jean Gabin en su cartelera. <em>Remordimientos<\/em> podr\u00eda ser, en lo nuclear de su drama, un reflejo de lo vivido por ella con Port y George, un c\u00edrculo amoroso ag\u00f3nico, terminal, marcado por el deseo, la enfermedad, la traici\u00f3n, el peregrinaje y la fragilidad; entre el mar y el cielo, entre el sol y la luna. En un desierto azul. Kit se vuelve, y cruza la acera que comunica el Alcazar con el Caf\u00e9 franc\u00e9s. Viene hacia nosotros. Y hacia Paul Bowles. Y hacia Bernardo Bertolucci. No lo sab\u00edamos, pero estamos siguiendo a Kit a trav\u00e9s de la c\u00e1mara que observa sus movimientos desde el interior del Caf\u00e9 donde se reun\u00edan los tres amigos amantes. En la calle hay mucho viento. Un viento que levanta toldos y ropas, como si estuviera a punto de borrarlos; que pega la tela del vestido de Kit a su cuerpo. Comienzan a sonar los compases ar\u00e1bigos del inicio de <em>Je chant\u00e9<\/em> de Charles Trenet. Durante unos segundos, reina una atm\u00f3sfera encantatoria, fabulesca, justo el tiempo en que Kit se acerca al cristal del Caf\u00e9 y vemos su rostro, de mirada anhelante, carencial, que est\u00e1 buscando, que pregunta, que est\u00e1 viva y a la vez muerta. Una mirada pr\u00e1cticamente infantil. Y de pronto, la canci\u00f3n se motoriza, y la c\u00e1mara con ella, en uno de los <em>travellings<\/em> hacia atr\u00e1s, hacia el principio, m\u00e1s hermosos de la historia del cine; una regresi\u00f3n vertiginosa. Bertolucci sol\u00eda referirse al placer de la regresi\u00f3n. Y la canci\u00f3n habla de un cantante errante que canta noche y d\u00eda a lo largo del camino; que duerme sobre la hierba del bosque mientras la luna se le aproxima a paso de lobo; que tiene de todo y no tiene de nada; pero que a pesar de su ligereza le atormenta el hambre, y por eso se cae y muere a medio camino, y luego vive de nuevo como un cantante fantasma y&#8230; Tambi\u00e9n habla de Kit, claro, que ya ha entrado en el Caf\u00e9 y, todav\u00eda despistada, mira a un lado y a otro, buscando, mientras camina hacia su fondo (el del local, el de la pantalla y el suyo), en el que, por fin (y principio), se reencontrar\u00e1 con Bowles, que la aguarda en su seno, en sus ojos azules. Bowles, no se ha movido de su puesto en el Caf\u00e9, en la novela, en la historia, en la pel\u00edcula. Autor y testigo. Padre. Y entonces la c\u00e1mara acompa\u00f1a a Kit \u2013una Kit, sin nada, despojada, fantasma, hambrienta, que ya ha medio muerto una vez- hasta el rinc\u00f3n donde habr\u00e1 de reencontrase con quien m\u00e1s sabe de ella. Y escuchamos la voz de Bowles que le pregunta \u00ab\u00bfTe has perdido?\u00bb. Aliviada y reanimada, reflejada en la cinta de espejos que como un viejo praxinoscopio bordea el per\u00edmetro del Caf\u00e9, Kit responde que s\u00ed. Y Bowles concluye, hablando por los ojos: \u00abAl no saber cu\u00e1ndo moriremos, pensamos que la vida es inagotable. Pero todo ocurre s\u00f3lo un cierto n\u00famero de veces. Y son muy pocas veces. \u00bfCu\u00e1ntas veces m\u00e1s recordar\u00e1s una cierta tarde de tu infancia; una tarde tan arraigada en tu ser que no puedes concebir tu vida sin ella? Quiz\u00e1 tres o cuatro veces. Quiz\u00e1 menos. \u00bfCu\u00e1ntas veces contemplar\u00e1s la luna llena? Veinte quiz\u00e1. Sin embargo, nada parece tener l\u00edmite\u00bb. Y en este aviso para navegantes (que somos todos, entre el cielo y la tierra), el director de <em>La Luna<\/em> hablaba tambi\u00e9n por los ojos de Bowles a los ojos de Debra Winger, Kit, y a los nuestros. Para Bernardo Bertolucci el cine, su naturaleza de rayo lunar, era un cord\u00f3n umbilical con la imagen matriz, materna; con una entra\u00f1a de sue\u00f1os y revoluciones no natas; con un instante, inefable, en el que coinciden la muerte y el nacimiento. En este lapso, s\u00f3lo definible por su luz, ocurre todo el cine de Bertolucci y les ocurre todo a sus personajes, y a nosotros; un tiempo temporizado por una luna que viaja del azul al rojo <em>prima della rivoluzione<\/em>, al incendio sangu\u00edneo. En su interior, en su c\u00e1mara, el cineasta y el espectador son su Edipo, enamorado, errado y finalmente desojado, deslumbrado. Fetal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la \u00faltima secuencia de El cielo protector (1990), ella, Kit, tras un vagabundeo extraviado, como son\u00e1mbulo, se ve de nuevo en un punto de T\u00e1nger que cree reconocer. De hecho, algo le ha conducido hasta all\u00ed, necesariamente, la esquina del Cine Alcazar, en la Calle Italia, muy cerca de la Kasbah. 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