{"id":261,"date":"2019-02-03T12:09:07","date_gmt":"2019-02-03T11:09:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=261"},"modified":"2019-02-03T19:59:21","modified_gmt":"2019-02-03T18:59:21","slug":"el-televisor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2019\/02\/03\/el-televisor\/","title":{"rendered":"El televisor"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/02\/cabecera-iba\u0301n\u0303ez-serrador-premios-feroz-concepcio\u0301n-cascajosa-serielizados-bn.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-263\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/02\/cabecera-iba\u0301n\u0303ez-serrador-premios-feroz-concepcio\u0301n-cascajosa-serielizados-bn-300x169.jpg\" alt=\"cabecera-iban%cc%83ez-serrador-premios-feroz-concepcion-cascajosa-serielizados-bn\" width=\"575\" height=\"324\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/02\/cabecera-iba\u0301n\u0303ez-serrador-premios-feroz-concepcio\u0301n-cascajosa-serielizados-bn-300x169.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/02\/cabecera-iba\u0301n\u0303ez-serrador-premios-feroz-concepcio\u0301n-cascajosa-serielizados-bn.jpg 640w\" sizes=\"(max-width: 575px) 100vw, 575px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La televisi\u00f3n es el concepto pero el televisor es el objeto, el aparato, el mueble, la caja. Narciso Ib\u00e1\u00f1ez Serrador, Chicho, trabajaba para el televisor. Era, sobre todo, un genio del televisor. La televisi\u00f3n ya estaba inventada, pero \u00e9l fue uno de los inventores del televisor. De la cosa. Cuando el televisor era nuestro \u00fanico juguete y nos encerr\u00e1bamos con \u00e9l. Chicho conoc\u00eda perfectamente el efecto de su caja, que fue siempre todo menos tonta; frente al (tonto) meme que afirma lo contrario. El televisor es una caja lista, list\u00edsima, por tipos como Chicho, que fue un adelantado en percatarse de la nueva cercan\u00eda f\u00edsica que establec\u00eda el artefacto con la ficci\u00f3n, con el <em>show<\/em>, a diferencia de la pantalla del cine, que con ser m\u00e1s grande, estaba, sin embargo, m\u00e1s alta y m\u00e1s distante, inalcanzable. Quiz\u00e1 por eso no la frecuent\u00f3 tanto. Una inmediatez in\u00e9dita la del televisor, que era una versi\u00f3n de la ilusi\u00f3n de proximidad que consiguiera en su momento la radio, o sea, el aparato de radio. De hecho, al televisor se le prestaba al principio \u2013me refiero el primer televisor de casa, cuando, como se sol\u00eda decir y era literal, que la televisi\u00f3n \u2018entr\u00f3 en nuestras vidas\u2019- una forma de atenci\u00f3n similar a la que se le hab\u00eda prestado antes al mueble de la radio: orden en corro y haciendo converger la mirada de la unidad familiar hacia un mismo punto. Podr\u00eda decirse, incluso, que la radio se ve\u00eda (ese dial trasl\u00facido que sintonizaba el mundo de extremo a extremo de su ventana) y que el televisor se escuchaba, como un teatro radiof\u00f3nico. Chicho sab\u00eda que el televisor redimensionaba el sal\u00f3n de estar y a todo lo que habitaba en su interior. Con Chicho vimos su pantalla, su caja, como ya luego nunca la hemos vuelto a ver. Me refiero f\u00edsicamente, con una tensi\u00f3n y una excitaci\u00f3n irrecuperables. Y tampoco nunca despu\u00e9s el televisor nos ha vuelto a mirar igual a nosotros. Ni ha logrado ser tan interactivo (Chicho fue interactivo antes que de que existiera la televisi\u00f3n interactiva). Porque \u00e9se era el asunto, el <em>clic<\/em>: que era la caja, que era Chicho el que manejaba el mando a distancia (con anterioridad a la existencia de los mandos a distancia). Que cada vez que se abr\u00eda la rendija de la puerta de sus <em>Historias<\/em>, con aquel gozne sin engrasar desde los tiempos de Edgar Allan Poe, era para mirarnos a nosotros en el sal\u00f3n, y no a la inversa. Y funcionaba, porque cuando al final de <em>La zarpa <\/em>(1966) \u2013a\u00fan se me pone la piel de una gallina de cinco a\u00f1os- los nudillos de la mano del sobrino muerto llamaban a la puerta, volv\u00edamos la cabeza hacia la puerta de nuestro sal\u00f3n. O compet\u00edamos con los concursantes del <em>Un, dos tres<\/em>, a todos los efectos; sinti\u00e9ndonos parte, invitados reales. Y nos \u00edbamos a la cama como si de verdad nos hubiera tocado el apartamento; o desconsolados \u2013un desconsuelo indescriptible- si nos hab\u00edan dado calabazas. Nosotros, en fin, no pod\u00edamos sino estar \u2018pegados\u2019 al televisor. Cuyo resplandor nos tatuaba los dos rombos en la cara. Y nos manten\u00eda sin pesta\u00f1ear. Hablo \u2013como antes sucedi\u00f3 con la radio, a la que tambi\u00e9n se estuvo pegado- de un hilo, de una fruici\u00f3n, de una intimidad, de un encajonamiento, de un asombro. Como para no dormir. No era simplemente ver la televisi\u00f3n. Chicho fabular\u00eda esto en <em>El televisor<\/em> (1974), una de sus <em>Historias<\/em> digamos <em>post<\/em>, en la que puso a su propio padre pegado, casi literalmente, a un aparato de televisi\u00f3n, de los primeros en color (otro concepto de televisi\u00f3n); un televisor que acabar\u00eda encerrado a su vez en una caja de cart\u00f3n con un orificio, por el que no tanto era don Enrique el que ve\u00eda la pantalla \u2013como cre\u00eda \u00e9l- sino la pantalla la que miraba a don Enrique. Hasta la tragedia final. Y un padre, Narciso Ib\u00e1\u00f1ez Menta, que tambi\u00e9n lo hab\u00eda sido todo en los televisores argentinos de los a\u00f1os sesenta. No criticaba Chicho en <em>El televisor<\/em> la televisi\u00f3n sino que expresaba el p\u00e1lpito de que se iniciaba una nueva era en su concepto y tecnolog\u00eda; una era en la que la cuesti\u00f3n de la verdad de las im\u00e1genes constituir\u00eda el drama. En este sentido, una secuencia clave de <em>El televisor<\/em> era cuando don Enrique se arrodillaba, piadoso, delante del flamante aparato mientras se retransmit\u00eda la misa dominical, absolutamente convencido de que la misa le \u2018val\u00eda\u2019, sin necesidad de asistir a la iglesia. Y como la misa, el televisor empezaba a hacer \u2018valer\u2019 todo en nuestras vidas, de una forma vicaria, sin necesidad de acudir a la realidad, al exterior. Hablo en pasado de Chicho, aunque afortunadamente est\u00e1 muy vivo y anoche, sin ir m\u00e1s lejos, le dieron un Goya honor\u00edfico. De todas maneras, una falsa necrol\u00f3gica, incluso autonecrol\u00f3gica, hubiera sido motivo de cualquiera de sus ir\u00f3nicas presentaciones. Maestro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; La televisi\u00f3n es el concepto pero el televisor es el objeto, el aparato, el mueble, la caja. 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