{"id":309,"date":"2019-04-25T11:10:33","date_gmt":"2019-04-25T09:10:33","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=309"},"modified":"2019-05-06T20:08:54","modified_gmt":"2019-05-06T18:08:54","slug":"la-nave-fenix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2019\/04\/25\/la-nave-fenix\/","title":{"rendered":"La Nave F\u00e9nix"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/04\/PA199X_2635baja.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-313\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/04\/PA199X_2635baja-200x300.jpg\" alt=\"pa199x_2635baja\" width=\"595\" height=\"893\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/04\/PA199X_2635baja-200x300.jpg 200w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/04\/PA199X_2635baja-768x1152.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/04\/PA199X_2635baja-682x1024.jpg 682w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2019\/04\/PA199X_2635baja.jpg 829w\" sizes=\"(max-width: 595px) 100vw, 595px\" \/><\/a>Una catedral, como Notre-Dame, no se termina nunca. Los plazos de las catedrales no son los nuestros, los del individuo, que se hacen y deshacen en unos cuantos a\u00f1os, en lo que le puede costar a una catedral s\u00f3lo el cambiar su girola, o el pintar los frescos de una sola de sus capillas. A\u00f1adir una planta nueva en una catedral equivale a decenas de nuestras vidas. Una catedral, como Notre-Dame, no se corresponde con nuestra escala. Ni temporal, ni autoral. Pues el hombre, artesano de turno, en su acci\u00f3n puntual se ve rebasado en este caso por el curso y avatares del tiempo: definitivo maestro de obra. Y el hombre, su pe\u00f3n. Sin embargo, est\u00e1n llamados a operar en paralelo. Son los siglos y los hombres agentes que parad\u00f3jicamente parecen trabajar en la elevaci\u00f3n a la vez que en la consunci\u00f3n del edificio. De ah\u00ed su fragilidad, por gigantesca que sea su estructura. El m\u00e1s m\u00ednimo desajuste, un error o un accidente y quedar\u00e1 reducido a una zona cero: tiempo cero, lugar cero. Un id\u00e9ntico regreso a las cenizas se ha verificado en muchas de nuestras construcciones, indistintamente del material \u2013o inmaterial- del que estuvieran fabricadas; de su resistencia o de su tensi\u00f3n. Tanto es as\u00ed, que un catedral que a\u00fan se mantiene en pie constituye un \u00e9xito de la ingenier\u00eda humana, a pesar de \u00e9sta. \u00abEl tiempo es ciego, el hombre es est\u00fapido\u00bb, recordaba el narrador <em>de Nuestra Se\u00f1ora de Par\u00eds<\/em> al inicio del cap\u00edtulo dedicado a la arquitectura de \u00abla vieja reina de nuestras catedrales\u00bb. La frase es una versi\u00f3n de la sentencia de Ovidio en su <em>Metamorfosis<\/em> (XV): <em>tempus edax, homus edacior<\/em>, \u00abel tiempo roe, el hombre roe a\u00fan m\u00e1s\u00bb. Victor Hugo abr\u00eda el deslumbrante libro tercero de su novela con una reflexi\u00f3n entre ir\u00f3nica y pesimista, tr\u00e1gica en definitiva, sobre las sucesivas metamorfosis de Notre-Dame, desde sus or\u00edgenes hasta los anexos del XIX, de los que abominaba. Raz\u00f3n por la cual, seguramente, quiso como venganza po\u00e9tica coronar sus torres gemelas con una contrahechura: un ser de columna desviada, cabeza hundida entre los om\u00f3platos y una pierna m\u00e1s corta que la otra, pero bello en su armaz\u00f3n interno, intacto en su polvo enamorado. Su m\u00e1s hermosa g\u00e1rgola. La que sin esculpirse vimos siempre asomada en lo m\u00e1s alto de Notre-Dame. El narrador de Victor Hugo concluir\u00e1 en que, entre \u00ablas diversas se\u00f1ales de la destrucciones impuestas al antiguo edificio\u00bb, en medio de su competencia no declarada por degradarlo, \u00abla parte del tiempo ser\u00eda la menor, la peor ser\u00eda la de los hombres\u00bb; sin embargo es el hombre su ide\u00f3logo y su aparejador. No comparte el hombre los plazos de ejecuci\u00f3n de una catedral como Notre-Dame, est\u00e1 dicho, pero en la aspiraci\u00f3n del monumento ve invertido y proyectado su \u00e1nimo. Una catedral, como Notre-Dame, es un punto cardinal del anhelo humano. Un n\u00facleo entorno al cual la urbe y sus habitantes orbitan; alrededor del cual nos reunimos llamados por su toque de campana, y nos reconocemos. Y recordamos qui\u00e9nes, cu\u00e1ntos y qu\u00e9 somos: peregrinos de nuestra propia existencia. Orson Welles, en una sobrecogedora digresi\u00f3n de su pel\u00edcula <em>Fake<\/em>, evocaba delante de Chartres, la otra Gran Se\u00f1ora, c\u00f3mo una catedral representaba la m\u00e1s perfecta construcci\u00f3n de nuestra futilidad grandiosa. Afirmaba Welles, oraba Welles, dir\u00eda, que la creaci\u00f3n, que el canto \u00e9pico, que el gozo, que el formidable bosque de piedra de Chartres (<em>sic<\/em>) era una gloria an\u00f3nima que exaltaba la Gloria de Dios y la dignidad del hombre, y que \u2013sigo citando \u2018vers\u00edculos\u2019 de Welles- ser\u00eda el artefacto testimonial que elegir\u00edamos los humanos para que quedara en pie cuando las ciudades ya s\u00f3lo fueran polvo (como el esqueleto de Quasimodo, a\u00f1ado); como prueba de lo que una vez conseguimos. Y que eso, el levantar edificios como una catedral, es una voluntad irrenunciable, at\u00e1vica; pues aunque \u00abnuestras obras de piedra, pintadas o impresas, apenas perduran m\u00e1s de unas d\u00e9cadas, o un milenio o dos\u00bb, y constituyendo una certeza que \u00abtodo debe caer, o consumirse hasta el final en ceniza universal\u00bb, tambi\u00e9n es cierto que los \u00abartistas muertos, desde el vivo pasado\u00bb claman para que, siendo honestos, y aun conscientes de que \u00abnuestros cantos cesar\u00e1n\u00bb, sigamos cantando.<\/p>\n<p>As\u00ed que ahora, cuando regresemos a Par\u00eds, podremos decir, m\u00e1s solidarios que nunca de sus avatares, que vamos a ver c\u00f3mo van las obras de Notre-Dame. En construcci\u00f3n desde el siglo XII. Se\u00f1ora m\u00eda. Y seguiremos cantando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una catedral, como Notre-Dame, no se termina nunca. 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