{"id":432,"date":"2019-10-20T19:08:49","date_gmt":"2019-10-20T17:08:49","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=432"},"modified":"2019-10-20T19:08:49","modified_gmt":"2019-10-20T17:08:49","slug":"mosaico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2019\/10\/20\/mosaico\/","title":{"rendered":"Mosaico"},"content":{"rendered":"<p>Prefiero quedarme con la imagen, este viernes noche, de una ni\u00f1a que le entrega un premio a Peter Brook. Una ni\u00f1a princesa que acaba de conocer a un anciano de noventa y cuatro a\u00f1os que lo sabe todo sobre los reyes y sobre las reinas; incluso aquello que los reyes y las reinas no sab\u00edan de ellos mismos; que ha analizado y representado sus destinos; reyes ni\u00f1os algunos de ellos, infantes, infantas, v\u00e1stagos, l\u00edneas sucesorias. A un anciano que tiene m\u00e1s a\u00f1os que sus abuelos em\u00e9ritos y que, hoy por hoy, es Shakespeare. Algo que el propio Shakespeare no desmentir\u00eda. Un Shakespeare contempor\u00e1neo y en activo, que ha viajado para que una princesa le entregue un premio con su membrete: Premio Princesa de Asturias. Pienso tambi\u00e9n en lo que Brook pensar\u00e1 cuando asiste a la infancia de esta princesa, con nombre de esposa de rey, Leonor. Una princesa heredera a la que mira un Shakespeare de ojos claros, de ojos con un siglo impreso en sus pupilas. Que habr\u00e1 entendido muy bien el colof\u00f3n que la princesa ha pronunciado en su idioma. Prefiero quedarme, este viernes, con este encuentro entre una princesa en edad de la ESO y un sabio de la vida, que convirti\u00f3 el espacio vac\u00edo en el gran teatro del mundo: una alfombra en un reino, un taburete en un trono, un cacerola en una corona, un palo en un cetro, cinco c\u00f3micos en un ej\u00e9rcito, el silencio en un batalla. Un autor, Brook, que ha alimentado siempre la \u2018musa de fuego\u2019 que es la creaci\u00f3n (<em>Enrique V<\/em>, coro inicial) para poner en escena la tragicomedia de nuestras existencias, con voces y pieles de todas las razas y condiciones sociales. Un actor desconocido africano, pr\u00e1cticamente no un actor, pod\u00eda ser el Rey Lear. Un hombre, Brook, \u00faltimo Shakespeare, que ha conocido las guerras, revoluciones y tribulaciones del siglo XX, tambi\u00e9n sus esplendores, y que a trav\u00e9s de todo ello ha iluminado el almac\u00e9n dramat\u00fargico universal. Una ni\u00f1a de trece a\u00f1os a la que de momento alguien le ha escrito el papel, pero que alg\u00fan d\u00eda tendr\u00e1 que escribirlo ella misma y ser protagonista de su propia vida, ha cruzado la mirada con quien, a las alturas de la suya, conoce pr\u00e1cticamente todos los papeles que puso en el <em>dramatis personae<\/em> el autor de este auto sacramental en el que seguimos actuando. Pero la ni\u00f1a tambi\u00e9n miraba y compart\u00eda escenario con mujeres, como la que ella ser\u00e1, expertas en el mundo y en la realidad, del presente y del futuro, expertas en el esfuerzo, crecidas en las dificultades y el riesgo. Del contacto ocular con ellas a tan tierna edad deber\u00eda quedarle una huella. Alguien debe explicarle a la ni\u00f1a do\u00f1a Leonor que ha premiado a dos mujeres que son sabias de la naturaleza de las plantas, de su raz\u00f3n de ser y de la medida en que esta ciencia mirar\u00e1 por la supervivencia del medio ambiente y de la especie, Joinne Chory y Sandra Myrna D\u00edaz. La princesa debe saber que tendr\u00e1 que ser una m\u00e1s de las j\u00f3venes que luchen por eso, en cabeza de esa lucha. Porque si no, entre otras cosas, un d\u00eda, no quedar\u00e1n bosques en su verde reino. La princesa se percatar\u00eda de que Joinne, por cierto, sufre Parkinson. La enfermedad: algo inconcebible todav\u00eda para la infanta. Que ha premiado a una genio de la nieve, a una campeona de la velocidad helada, de la superaci\u00f3n, Lyndssey Vonn. Que ha premiado a la alcaldesa de Gdansk, Aleksandra Dulkiewicz, empe\u00f1ada en defender su ciudad de la xenofobia y de los extremismos pujantes. Debe saber pronto la princesa que esto plaga el mundo en el que le ha tocado vivir. Y que ha premiado a una extraordinaria escritora, Siri Hustvedt, una luchadora fundamental, adem\u00e1s, por el feminismo. La princesa debe aprenderlo todo sobre esta causa, desde ya. Y tambi\u00e9n debe aprender m\u00e1s cosas de Siri: de su alegr\u00eda, por ejemplo (a\u00fan me emociona cada vez que la veo con el pliego, saludando abrazada a la platea del Campoamor). Y lo que no sepa, \u00a1que se lo pregunte a Siri!, como hacemos todos. Prefiero quedarme, con esta imagen, ya digo, en otra noche de aquelarre en Catalu\u00f1a, que me produce v\u00f3mito por el c\u00famulo de mentira, falacia, peligro e irresponsabilidad; todo ello calculado. Y en la que el mosaico de la pantalla de la televisi\u00f3n muestra en <em>streaming <\/em>ventanas a lugares del globo donde las tragedias no se inventaron para que entre los hijos de la burgues\u00eda acomodada y la internacional del disturbio, acabaran quemando contenedores de basura en medio de un botell\u00f3n gigantesco, de un festival de <em>selfies<\/em> y superh\u00e9roes estelados y de un tsunami de mierda, que ahoga, efectivamente, cualquier idea; sino para comer o sobrevivir: Turquia, Siria. No hay musa de fuego, como quer\u00eda Shakespeare, en todo esto de Catalu\u00f1a, s\u00f3lo una algarada entre paramilitar y postadolescente, prevista y subvencionada. No tienen perd\u00f3n de Dios. A\u00fan peor, no tendr\u00edan perd\u00f3n de Shakespeare.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Prefiero quedarme con la imagen, este viernes noche, de una ni\u00f1a que le entrega un premio a Peter Brook. 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