{"id":526,"date":"2020-02-24T17:00:08","date_gmt":"2020-02-24T16:00:08","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=526"},"modified":"2020-02-24T17:00:08","modified_gmt":"2020-02-24T16:00:08","slug":"reciclando","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2020\/02\/24\/reciclando\/","title":{"rendered":"Reciclando"},"content":{"rendered":"<p>Soy una planta de reciclaje, de principio a fin del d\u00eda. De cara a su buen funcionamiento, me he provisto en casa de una bater\u00eda de bolsas, a su vez reciclables, por supuesto. Su destino \u00faltimo es ser vertidas en el lineal de contenedores de mi calle, siempre dentro del horario previsto para la recogida de basuras; ni antes ni \u2013mucho menos- despu\u00e9s. Para que esto sea operativo he de atenerme a una rutina que \u2013con ligeras variaciones- consiste en lo siguiente: distingo de entrada entre un tipo de basura de ma\u00f1ana, una basura temprana \u2013producto en ocasiones del sue\u00f1o o de su contrario el desvelo- y una basura de tarde-noche, que se va sedimentando por la din\u00e1mica cotidiana; ella sola, con las horas. As\u00ed, nada m\u00e1s levantarme tengo ya preparada una bolsa para depositar las pesadillas, otra para las sobras de televisi\u00f3n basura de la noche anterior y con el primer caf\u00e9 otra para las primeras malas noticias que han dado en la radio y \u2013si tengo tiempo de consultarlos en la tablet antes de marcharme al trabajo- los primeros indicadores macroecon\u00f3micos. Y todas estas bolsas las hago un atillo para evitar olores. No sin antes rescatar de otra bolsa anexa, donde arrojo los asuntos pendientes -que resulta siempre la m\u00e1s abultada-, alg\u00fan asunto recuperable, que est\u00e9 todav\u00eda en buen estado. En invierno la basura se conserva mejor, pero en verano, todo se estropea enseguida. Un asunto que era el d\u00eda anterior, por ejemplo, no te dura para el siguiente. Y realizada esta primera criba, pues salgo a la calle. Con la mayor parte de la tarea por delante, claro, porque me queda a lo largo del d\u00eda ir recolectando lo que vaya entrando. Material dis\u00edmil entre s\u00ed, de muy diferente composici\u00f3n espiritual, que me ver\u00e9 desbrozando y distribuyendo en tan s\u00f3lo unas horas; pero ya al regreso de la jornada laboral. Un material abundante; un bot\u00edn entre el que se pueden hallar restos de errores (m\u00edos la mayor\u00eda; algunos sin abrir, incluso, que bien podr\u00edan ser aprovechados por otras personas, de las que rebuscan con un palo en el interior de los contenedores), de malos rollos (en buen uso), de mentiras (my manoseadas, \u00e9stas s\u00ed, pero que a\u00fan funcionan), de malos entendidos (nuevecitos, sin estrenar tambi\u00e9n), de estr\u00e9s (abundante; da como para un par de personas), de olvidos (a punto de pasarse), de miedo (todav\u00eda muy radioactivo; la bolsa correspondiente la tengo que cerrar luego con cinta de carrocero), de palabras (de muchas clases; he llegado a habilitar bolsas espec\u00edficas, dependiendo de su naturaleza, alcance y grado de deterioro), de momentos de tristeza (frescos) y de gluten. Vuelvo a casa, a eso de las ocho de la tarde. Con mucha mochila, como pueden suponer. A\u00fan antes de cerrar el bols\u00edn del d\u00eda introduzco en otra bolsa un pu\u00f1ado de malos recuerdos, lo \u00faltimos adquiridos y los de siempre. Y es entonces cuando llega el momento de la verdad. A pie de calle. Ya advierto que el \u00e9xito no radica en recolectar, como Di\u00f3genes, sino en acertar con el contenedor en el que debe depositarse cada bolsa y no otra. Es importante no equivocarse en el protocolo, porque de equivocarnos se neutraliza el efecto deseado. Cada basura tiene su asiento. La cosa es fijarlo. Y aqu\u00ed a cada cual le funciona una cosa. Yo, al contenedor rojo, el de los desechos peligrosos, tiro las bolsas con las mentiras y el miedo (al lado de los insecticidas y de los residuos infecciosos). Al azul (el del los peri\u00f3dicos caducados, el papel inservible y los folletos publicitarios) van las bolsas respectivas de las malas noticias y de los indicadores macroecon\u00f3micos. La de las palabras y la de los asuntos pendientes van al amarillo, por su cualidad pl\u00e1stica y no retornable (como las latas de bebidas con las que compartir\u00e1n dep\u00f3sito). Las bolsas de errores varios y la de los momentos de tristeza, juntos de cabeza al gris, el que contiene el material biodegradable (en la esperanza de que tanto los errores cono la tristeza se biodegraden, sin llegar a provocar efectos contaminantes). La bolsa con los olvidos va al verde, que es el propio del vidrio (con el que est\u00e1 fabricada la memoria). Y, por \u00faltimo, el estr\u00e9s y el gluten al naranja (el de la cosa org\u00e1nica y los huesos). Entonces, y oyendo ya al final de la calle el rugido de los brazos del cami\u00f3n de la basura, me pongo delante de la secuencia multicolor de los contenedores y aprecio en ellos la totalidad de cubiletes de mi parch\u00eds cotidiano. Y conf\u00edo en que cuando todo lo depositado en ellos fermente adecuadamente se transforme en energ\u00eda limpia y renovable. Am\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Soy una planta de reciclaje, de principio a fin del d\u00eda. De cara a su buen funcionamiento, me he provisto en casa de una bater\u00eda de bolsas, a su vez reciclables, por supuesto. 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