{"id":598,"date":"2020-06-05T11:24:07","date_gmt":"2020-06-05T09:24:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=598"},"modified":"2020-06-05T11:24:07","modified_gmt":"2020-06-05T09:24:07","slug":"mira-quien-habla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2020\/06\/05\/mira-quien-habla\/","title":{"rendered":"Mira qui\u00e9n habla"},"content":{"rendered":"<p>Las mascarilla afecta a dos funciones del rostro: impide leer en los labios pero facilita el hablar solo. Lo primero es un pena, porque \u2013adem\u00e1s de obturar un altavoz suplementario para quienes sufren problemas de audici\u00f3n\u2013 impide que hagamos primer plano sobre la boca de quien nos habla, anulando as\u00ed la er\u00f3tica de la locuci\u00f3n, plena de labiales y bilabiales. Podemos incluso no estar escuchando lo que se nos dice, tener en <em>off<\/em> el sonido, pero seguir prendados del movimiento conjugado de labios, dientes, lengua y comisuras. Un movimiento r\u00e1pido, sac\u00e1dico, como el del globo ocular en las fases del sue\u00f1o. Igual de hipn\u00f3tico. La mascarilla tacha esta posibilidad como aquel viejo emoticono para defender la libertad de expresi\u00f3n cruzaba la m\u00e1scara con un brochazo rojo a la altura de la boca. Samuel Beckett lleg\u00f3 a escribir una de sus piezas teatrales m\u00e1s extraordinarias s\u00f3lo para una boca, como \u00fanico escenario. Una pieza cel\u00e9rica, imposible, dicha por una mujer entre los sesenta y setenta, monologando sobre el abandono y el trauma. <em>Not, I,<\/em> se titulaba; literalmente <em>No, yo<\/em>, pero significa m\u00e1s cosas, claro, es Beckett. Lo han hecho Jessica Tandy o Julianne Moore. Sus bocas, vaya, acotadas por los focos. Leer en los labios te asegura, tambi\u00e9n, leer entre l\u00edneas. Es una expresividad compleja y expuesta. Su emisi\u00f3n se realiza desde un punto que constituye una terminal nerviosa total, encargada de subir o de bajar el tel\u00f3n que administra el discurso o su silencio. Gran libro de libro, los labios: librillos de la boca. Y lo segundo\u2026 hablar solo, o sola. Esto es otro cantar. En pocas ocasiones te puedes sentir m\u00e1s pillado que cuando te pillan hablando solo. O peor: te pillas t\u00fa a ti mismo. O a\u00fan peor: tu pareja. Por los pasillos de tu casa o del trabajo, o por la calle. Mientras realizas cualquier actividad: haciendo la cama o yendo de un sitio a otro. Es de las cosas m\u00e1s inconfesables, el hablar solo. A la vez que m\u00e1s liberadoras, por escatol\u00f3gicas: una espita por donde sale lo que no dir\u00edas a nadie. Est\u00e1 considerado un pecado solitario, un tab\u00fa social \u2013e individual\u2013 lo de hablar solo. Precisamente el que te vean moviendo los labios, como el mu\u00f1eco de un ventr\u00edlocuo sin ventr\u00edlocuo. Pero funciona. Todo no lo puedes pensar, o rumiar, o decir o pregunt\u00e1rtelo \u2018en abierto\u2019. No hay porque renunciar en algunos momentos a ser tu propio interlocutor. Y es una forma discreta, no p\u00fablica, de otorgarte continuamente la raz\u00f3n. Porque \u2013reconozc\u00e1moslo\u2013 uno habla solo sobre todo para darse la raz\u00f3n. Fuera de ese c\u00edrculo privado, todo el mundo est\u00e1 ah\u00ed esperando para quit\u00e1rtela en cuanto abras la boca. Pero el ratito \u00e9se de monologar s\u00f3lo, que te sale as\u00ed, espont\u00e1neo, sabe rico. Te reafirma. O te haces esa ilusi\u00f3n, lo que no es poco. Yo he conocido a grandes habladores y habladoras en soledad. El desahogarse para s\u00ed era su principal sistema de comunicaci\u00f3n. Estaban hechos a una din\u00e1mica. El moverse iba ligado a hablar s\u00f3lo. Como si activaran un motor, destilaban ideas, despachaban con sus pensamientos. Tambi\u00e9n el escribir, por cierto, tiene una parte de hablar solo. Al menos de entrada. O miren al comisario Villarejo, pionero de la mascarilla; el run-run que se tra\u00eda rebobinando en el forro quir\u00fargico de la cartera horas de conversaci\u00f3n clasificada. Pues ahora la mascarilla va a permitirnos el libre ejercicio del hablar solo. Nadie ver\u00e1 que lo estamos haciendo. En cualquier momento o lugar. Es m\u00e1s, cuando hablas solo con mascarilla te oyes mejor. Es como una membrana de bafle. S\u00ed es cierto que conviene luego extremar las medidas de higiene al quit\u00e1rtela, o usar mascarillas de las que puedes \u2013previo lavado a 60\u00ba\u2013 reutilizar cinco veces. Tiene esta mascarilla la ventaja de que cuando vuelves a pon\u00e9rtela te permite retomar tu soliloquio en el punto en el que lo hab\u00edas dejado. El otro d\u00eda me lo confesaba un buen amigo: \u00abt\u00edo, \u00bfsabes que ahora hablo solo?\u00bb. Me lo dec\u00eda entre el asombro y cierta alegr\u00eda por haber descubierto a lo largo del confinamiento una nueva habilidad. Una especie de salir del armario en este sentido. Es normal, hablar s\u00f3lo se basa en el confinamiento cr\u00f3nico en el que mantenemos a una parte de nuestro yo o de nuestro \u2018No, yo\u2019. Y el hablar solos pero protegidos por el escudo de la mascarilla supone otra ventaja: nos permite, a pie de calle, ser comentaristas incontinentes y deambular una cr\u00edtica secreta de la vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las mascarilla afecta a dos funciones del rostro: impide leer en los labios pero facilita el hablar solo. 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