{"id":635,"date":"2020-09-16T10:51:34","date_gmt":"2020-09-16T08:51:34","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=635"},"modified":"2020-09-16T10:51:34","modified_gmt":"2020-09-16T08:51:34","slug":"la-cocina-fantastica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2020\/09\/16\/la-cocina-fantastica\/","title":{"rendered":"La cocina fant\u00e1stica"},"content":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo I: \u00abLa Rubia se para en un kiosko y compra tabaco\u00bb, anot\u00f3 el agente. Ni Chandler, ni Hammett, ni Cain, sino uno de los 7 agentes K que al modo de los \u201ccad\u00e1veres exquisitos\u201d ha compuesto la novela del \u201ccaso Kitchen\u201d. O sea, el \u201ccaso Cocina\u201d. Un caso en 7K; es decir: con una calidad del cop\u00f3n. Para que se hagan una idea: los cines digitales proyectan m\u00e1ximo en 4K. Es tanta la resoluci\u00f3n y la lluvia de p\u00edxeles en este \u201ccaso\u201d que ni existe oficialmente. De hecho, el destino de la informaci\u00f3n que conten\u00eda, con la cocina del asunto, era su evaporizaci\u00f3n inmediata, a cargo de unos fondos reservados, tambi\u00e9n inexistentes, oficialmente. Ser\u00e1 entonces que se trata s\u00f3lo de un \u201cTenet\u201d, a lo Christopher Nolan. Un expediente en el que los datos e indicios, multiplicados por 7 K, al final se reabsorben o se mueven al rev\u00e9s, o en pal\u00edndromo. Rajoy, preguntado por el caso, lo despacha con una de sus evasivas neutralizantes, muy Nolan: \u00abNo me haga preguntas porque no las voy a escuchar y as\u00ed usted no podr\u00e1 decir que no le he respondido\u00bb (<em>sic<\/em>). Lo que Rajoy no escucha no existe, no tiene lugar, no se ha producido. Salvo alguna cosa. Rajoy se ocupa no s\u00f3lo del registro de la propiedad, sino del de la realidad. Esta novela del \u201cKitchen\u201d, desclasificada por entregas, est\u00e1 muy por encima de los est\u00e1ndares habituales de la ficci\u00f3n espa\u00f1ola. Hay nivelazo. La nota citada del agente con la que arranca el relato se inscribe en el canon del g\u00e9nero. Cualquier polic\u00edaco del repertorio mayor comienza tambi\u00e9n con una <em>femme fatale<\/em>, rubia en muchos \u201ccasos\u201d, que compra tabaco en un kiosko. Y a partir de aqu\u00ed, en el \u201cKitchen\u201d, el agente kafkiano de turno, el K de servicio, completar\u00e1 la triangulaci\u00f3n, que se lleva tanto ahora en las comisar\u00edas de las series: el kiosko es, en concreto, el de la Calle Goya. Luego la Rubia dirigir\u00e1 sus pasos a un Parking de la calle Conde la Cruz. M\u00e1s tarde, un secundario, con <em>nickname <\/em>de el Moro, \u00abentra solo en el portal de la Rubia. No lleva nada en las manos\u00bb. Y a continuaci\u00f3n, otro secundario, un ch\u00f3fer, le entrega unos papeles a la Rubia, \u00abque extrae de una bolsa de deporte de color negro\u00bb. Y al final ella desaparece en un Ford Ranchera. La dama se esconde, que titular\u00eda Hitchcock. Pero el ch\u00f3fer, que va adquiriendo protagonismo, tiene la frase que acaba convirtiendo la novela en una del subg\u00e9nero de los \u201cmonederos falsos\u201d. La pieza clave es el bolso de la Rubia. \u00abEra el bolso de una se\u00f1ora, no lo ten\u00eda fuera; met\u00ed la mano y eso no se debe hacer, porque los bolsos de las mujeres, en su desorden, ellas lo entienden\u00bb (<em>sic<\/em>). El \u201cKitchen\u201d es \u2013as\u00ed reabsorbido\u2013 la historia de un tipo cuyo error capital es meter la mano en el desorden ordenado de un bolso <em>fatale<\/em>. En un territorio que no entiende, modelo <em>Halc\u00f3n Malt\u00e9s<\/em>, con una bella se\u00f1orita Ruth Wonderly, aqu\u00ed Rosario. Tendremos al final al Moro vagando por Madrid, inseguro y \u00abmirando hacia todas partes constantemente\u00bb. Raya en el polic\u00edaco metaf\u00edsico. El \u201cKitchen\u201d se parece mucho, en definitiva, a la construcci\u00f3n de una novela: tambi\u00e9n es un no caso, tiene su cocina, surge de un fondo reservado y s\u00f3lo la desclasificas si la lees. Pero todo esto del \u201cKitchen\u201d, como en las historias de Nolan, tiene una inversa o un reverso, al que te precipitas, o se despliega solo, o te traga. Quiero decir que el \u201cKitchen\u201d puede andar, seg\u00fan se mire, por las alturas de la novela negra, o por las bajuras del tintorro y la escombrera. Tu tienes una historia con un elenco \u00ad\u2013y es el \u201ccaso\u201d\u2013 formado por la Rubia, el Moro, el Gitano, el Machaca, el Asturiano, el Largo, el Tonto Polla, el Choco y el Gordo y ya puedes montar, sin que te falte una figura, <em>La taberna fant\u00e1stica<\/em> de Alfonso Sastre, con el Badila, el Caco, el Carburo, el Machuna, el Chuli, el Hojalatero, el Esta\u00f1ador, el Ciego de las Ventas y Paco el de la sangre. No el mismo argumento, pero s\u00ed la atmosfera bajuna y quinqui. Toda la acci\u00f3n de la pieza, por cierto, transcurr\u00eda en la taberna\u2026 de Luis, pegada a un vertedero de basuras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo I: \u00abLa Rubia se para en un kiosko y compra tabaco\u00bb, anot\u00f3 el agente. Ni Chandler, ni Hammett, ni Cain, sino uno de los 7 agentes K que al modo de los \u201ccad\u00e1veres exquisitos\u201d ha compuesto la novela del \u201ccaso Kitchen\u201d. O sea, el \u201ccaso Cocina\u201d. 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