{"id":716,"date":"2021-03-18T09:58:05","date_gmt":"2021-03-18T08:58:05","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=716"},"modified":"2021-03-18T09:58:05","modified_gmt":"2021-03-18T08:58:05","slug":"narciso-fatigado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2021\/03\/18\/narciso-fatigado\/","title":{"rendered":"Narciso fatigado"},"content":{"rendered":"<p>Hubo un momento, no sabemos exactamente cu\u00e1ndo, pero de la infancia de la humanidad, en la que el homo <em>abilis<\/em> o el <em>erectus<\/em>, uno de aquellos parientes nuestros, en un receso de la caza asom\u00f3 medio cuerpo sobre el r\u00edo para saciar su sed y vio que en la superficie del agua se mov\u00eda algo. O alguien. Y que replicaba cada gesto suyo. Cierto que de una manera imperfecta. Lo que fuera aquello no acababa de fijarse con claridad por el curso del agua, accidentado a causa del resalte de los guijarros y de la corriente. Quiz\u00e1 enturbiado por el limo que arrastraba con ella. Hab\u00eda descubierto el espejo. Y recibido el primer mensaje de su propio rostro. Pero tambi\u00e9n del \u2018otro\u2019 que habita en el lecho de ese mismo rostro. Una particularidad de la especie: el \u201cdoble\u201d. Inestable e inconexo. Acuoso. Aunque al aquietarse el caudal, el fantasma acababa por recuperar, al menos durante segundos, su forma. Como lo har\u00edan muchas eras m\u00e1s tarde los androides de <em>Terminator<\/em>, bru\u00f1idos con metal l\u00edquido, reabsorbente tras sus continuas licuefacciones. De \u2018monstruosa\u2019 podr\u00eda, pues, calificarse aquella primera impresi\u00f3n. La criatura de Frankenstein, que recorri\u00f3 en tiempo r\u00e9cord la sutura de nacimientos y muertes en un mismo cuerpo y las etapas de humanizaci\u00f3n, recordaba con exactitud lo que supuso el reflejo traum\u00e1tico: \u00ab\u00a1C\u00f3mo me horroric\u00e9 al verme reflejado en el estanque transparente! \u00a1En un principio salt\u00e9 hacia atr\u00e1s aterrado, incapaz de creer que era mi propia imagen la que aquel espejo me devolv\u00eda! Cuando logr\u00e9 convencerme de que realmente era el monstruo que soy, me embarg\u00f3 la m\u00e1s profunda amargura\u00bb. Y de hecho, en la versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica (\u00a1el cine!, hablando de espejos y reflejos), Boris Karloff intentaba borrar con su manaza, sin conseguirlo, la imagen que le devolv\u00eda el lago. El caso es que con el espejo, con el efecto espejo, se le empez\u00f3 a ver la cara a la conciencia; hubo \u00adquien quedar\u00eda condenado de por vida a consistir s\u00f3lo en su propia imagen reflejada (cierto joven mitol\u00f3gico, bastante narcisista); se invent\u00f3 la primera pantalla conviviente (la cueva se ver\u00eda amueblada en pocos siglos con muchas m\u00e1s, incluso llegar\u00eda el Palcolor) y en general comenzaron el noventa y cinco por ciento de nuestros problemas, que son problemas de espejo, de imagen. Y de su doble fondo. El espejo que atravesaba Alicia, comparado con el gabinete de espejos en el que vivimos confinados actualmente, es una escenograf\u00eda simple. Ahora mismo deambulamos, dando palos de ciego, en la barraca de <em>La Dama de Shangh\u00e1i.<\/em> Busc\u00e1ndonos, chocando contra nosotros mismos, disparando a reflejos, especulando. Al final, haci\u00e9ndonos a\u00f1icos. Los especialistas en trastornos especulares han denominado \u201cFatiga de espejo\u201d a esto que nos ha (tras)pasado en este a\u00f1o en que hemos vivido telem\u00e1ticamente. Una secuela de la pandemia que nos ha devuelto al punto cero de las negociaciones con el estatuto de nuestra imagen, o con su \u00e1tomo; es decir: lo que queda de esa imagen, o perfil o avatar, o lo que sea, en el mosaico de la actual pantalla del ordenador, o de la<em> tablet<\/em>, o del <em>iphone<\/em>: los espejitos m\u00e1gicos de \u00faltima generaci\u00f3n. Nos asomamos a todos ellos y su superficie nos retorna una reverberaci\u00f3n. O una mezcla de ruido y reverberaci\u00f3n. De rutina, de mostraci\u00f3n, de sobreactuaci\u00f3n. Agotadora en su videoesfuerzo y su teleconferencia. Y entonces, volviendo al instante primigenio: si ya era dif\u00edcil \u00ad\u00ad\u2013como advert\u00eda el fil\u00f3sofo\u2013 ba\u00f1arnos dos veces en el mismo r\u00edo, c\u00f3mo no lo ha de ser reflejarnos dos veces, o doscientas, en la misma imagen que nos retorna. No digamos en este momento en que las aguas bajan tan revueltas y tan turbias y tan Zoom. Este tipo de fatiga Lazarov que nos acaban de diagnosticar concluir\u00eda, de cumplirse el mito, a un v\u00e9rtigo, el mismo que provoc\u00f3 que Narciso acabara por arrojarse al remolino de su propia imagen. Estamos, en fin, que no nos aguantamos, vaya. Los especialistas vuelven a recetarnos m\u00e1s radio y menos televisi\u00f3n. Como el t\u00edtulo de la novela de Agatha Christie: <em>El espejo se raj\u00f3 de parte a parte<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hubo un momento, no sabemos exactamente cu\u00e1ndo, pero de la infancia de la humanidad, en la que el homo abilis o el erectus, uno de aquellos parientes nuestros, en un receso de la caza asom\u00f3 medio cuerpo sobre el r\u00edo para saciar su sed y vio que en la superficie del agua se mov\u00eda algo. 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