{"id":718,"date":"2021-03-18T09:58:54","date_gmt":"2021-03-18T08:58:54","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=718"},"modified":"2021-03-22T22:50:07","modified_gmt":"2021-03-22T21:50:07","slug":"carlos-saura-con-mil-ojos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2021\/03\/18\/carlos-saura-con-mil-ojos\/","title":{"rendered":"Carlos Saura, con mil ojos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2021\/03\/TAXI_SAURA_TRM1996_9622.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-720\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2021\/03\/TAXI_SAURA_TRM1996_9622.jpg\" alt=\"\" width=\"2835\" height=\"3456\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2021\/03\/TAXI_SAURA_TRM1996_9622.jpg 2835w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2021\/03\/TAXI_SAURA_TRM1996_9622-246x300.jpg 246w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2021\/03\/TAXI_SAURA_TRM1996_9622-768x936.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2021\/03\/TAXI_SAURA_TRM1996_9622-840x1024.jpg 840w\" sizes=\"(max-width: 2835px) 100vw, 2835px\" \/><\/a>En la Sala Am\u00f3s Salvador expone un gigante de la mirada. Y a la vez un ni\u00f1o, intimidado por los ojos misteriosos de Bela Lugosi. Es la historia de un ni\u00f1o iniciado en el rec\u00e1mara de las im\u00e1genes \u00ad\u2013su impresi\u00f3n, su tama\u00f1o, su progenie\u2013 por una temprana conversaci\u00f3n ocular con los fantasmas del Sal\u00f3n-Cine de su colegio, en Huesca, a principios de los cuarenta. Y por los <em>collages<\/em> de recortes de revistas que armaba su padre, y por los dibujos de su hermano mayor, Antonio. El ni\u00f1o viv\u00eda en el interior de un \u00e1lbum. Fantom\u00e1tico. Un d\u00eda vio <em>Los ojos misteriosos de Londres<\/em>, que comenzaba con los ojos de Lugosi inoculando al espectador. En <em>La prima Ang\u00e9lica<\/em>, remedar\u00eda aquella fantasmagor\u00eda de ojos cegados en un trasunto del paisaje de desguace en que la Guerra Civil sumi\u00f3 a Espa\u00f1a. En la radio de la familia de la pel\u00edcula se escuchaba la entrada de los requet\u00e9s en Logro\u00f1o (esto lo hab\u00eda escuchado Azcona, co-guionista, con sus propios ojos). El caso es que el ni\u00f1o decidir\u00eda hacer de su vida su propio \u00e1lbum. Logro\u00f1o: me viene un recuerdo sauriano. En el verano anterior a la pandemia, en Par\u00eds \u2013siempre le ha quedado Par\u00eds a Saura\u2013, se repon\u00eda la \u201cTrilog\u00eda flamenca\u201d. Siempre hay un Saura o varios en Par\u00eds. Las reposiciones \u2013o los estrenos de in\u00e9ditos\u2013 constituyen la mejor parte en el est\u00edo cinematogr\u00e1fico de Par\u00eds, una felicidad; los ojos del cin\u00e9filo no dan abasto. Y la trilog\u00eda se proyectaba en el cine Reflet M\u00e9dicis, uno de los m\u00e1s prestigiosos Cine-Estudios del Latino, en la Rue Champolion. El Reflet se hab\u00eda construido sobre el viejo Teatro de los Noct\u00e1mbulos y est\u00e1 pared con pared con el tambi\u00e9n m\u00edtico Champo, el cine que fuera habitual refugio del joven Truffaut. Todos permanecen cerrados a fecha de hoy, en un apag\u00f3n sin precedentes. En una ceguera dist\u00f3pica en Par\u00eds. Incluso misteriosa, como la de los ciegos del Londres de Lugosi. Saura, en cambio, no para de generar im\u00e1genes en su casa de la Sierra madrile\u00f1a, dibujos y fotos, pintadas, retocadas, digitales, \u2018saurias\u2019. Pues una tarde de aquel verano, fuimos mi mujer y yo al Reflet a ver una comedia italiana de los cincuenta que no conoc\u00edamos. Entramos, era pronto y estaba acabando en una de las salas el programa de Saura. Esperamos. Y de pronto, hasta el <em>hall <\/em>del Reflet nos lleg\u00f3 la voz \u00a1de Pepe Blanco!, cantando \u201cMi sombrero\u201d. <em>Bodas de sangre, <\/em>recu\u00e9rdese, acababa con Pepe Blanco cantando, en un \u00e1ngulo del espacio de espejos que dispuso Saura y ante el ojo de la c\u00e1mara de Teo Escamilla, \u201cMi sombrero\u201d. En una interpretaci\u00f3n estatuaria, sacramental. Algo nos atraves\u00f3 y empezamos tambi\u00e9n nosotros a cantar la canci\u00f3n, all\u00ed mismo, al lado de la m\u00e1quina de caf\u00e9. Nos sali\u00f3. Era como una llamada, una contrase\u00f1a, no s\u00e9. La taquillera, asombrada, se volvi\u00f3 a mirarnos, y le dijimos, como para excusarnos, que el que cantaba era de nuestro pueblo, pr\u00e1cticamente de la calle de mi mujer, y que la canci\u00f3n nos la sab\u00edamos de memoria. Y que est\u00e1bamos en casa, vaya. No sonri\u00f3 y se gir\u00f3. Los ojos de mi primera juventud como espectador tambi\u00e9n se hab\u00edan ensanchado gracias \u2013entre otras\u2013 a las pel\u00edculas de Saura. Para ya no cerrarse. Quiero decir: para reabrirse continuamente en mi memoria o en el sue\u00f1o. En el retorno de los planos m\u00e1s misteriosos, los de sus pel\u00edculas y aquellos otros que perviven en la morada interior del cin\u00e9filo en que yo me ve\u00eda mutando. El cine de las s\u00e1banas blancas (la primera s\u00e1bana es la pantalla). El cartel de la Exposici\u00f3n es el propio Saura, un autorretrato al borde de una cama, precisamente, frente a un tr\u00edptico de espejos. Despojado, en albornoz, como antes o despu\u00e9s del sue\u00f1o. Por este orden, vi primero <em>La caza,<\/em> en un cursillo, en Pe\u00f1aranda, qu\u00e9 cosas. Ves <em>La caza<\/em>, en el blanco y negro de las fotograf\u00edas que se exponen en la Am\u00f3s, una escala de grises documental, ambiental, goyesca, y te detonan los ojos. Luego <em>Cr\u00eda Cuervos<\/em> y <em>Elisa vida m\u00eda<\/em> en el Astoria, y <em>La madriguera<\/em> en el Diana, las tres con mi t\u00eda Mar\u00eda Luisa, mi salvoconducto frente al portero y testigo ocular de mi fascinaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Sala Am\u00f3s Salvador expone un gigante de la mirada. Y a la vez un ni\u00f1o, intimidado por los ojos misteriosos de Bela Lugosi. 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