{"id":729,"date":"2021-04-09T13:26:48","date_gmt":"2021-04-09T11:26:48","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=729"},"modified":"2021-04-09T13:26:48","modified_gmt":"2021-04-09T11:26:48","slug":"suez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2021\/04\/09\/suez\/","title":{"rendered":"Suez"},"content":{"rendered":"<p>O el libro de la arena. Parece un cuento oriental. Un templo flotante propiedad del Jap\u00f3n, operado por Taiwan, gestionado por Francia, registrado por Espa\u00f1a y gestionado por Alemania \u00ad\u2013conseguido, pues, el ideal de Lesseps de una Compa\u00f1\u00eda \u00a1Universal! del Canal de Suez\u2013 ha sido cegado por un tormenta de arena, con r\u00e1fagas de viento de m\u00e1s de 50 kil\u00f3metros por hora, y se ha cruzado en el paso del que depende el mercado del mundo. Un mercado f\u00edsico, de los que viaja en cajas. \u2018Mercanc\u00eda\u2019 se le llamaba antes a este g\u00e9nero. \u2018Mercanc\u00eda\u2019: palabra tambi\u00e9n como de \u201cviaje extraordinario\u201d de Verne. Y la arena. La arena es la que manda: todo se escribe en la arena y lo borra la arena. El adivino que le\u00eda el porvenir de Ferdinand de Lesseps, o sea, de Tyrone Power, en la pel\u00edcula, en la maravillosa<em> Suez<\/em> (1938), hurgaba con los dedos en un peque\u00f1o tablero de arena clara y le vaticinaba, nada m\u00e1s comenzar la pel\u00edcula: \u00abla arena habla de una extra\u00f1a historia\u00bb. No olvido esa frase, ese pre\u00e1mbulo, que se me qued\u00f3 grabado de ni\u00f1o, cuando una noche pusieron <em>Suez <\/em>en televisi\u00f3n. Una televisi\u00f3n en el mismo blanco y negro de la pel\u00edcula, y en de la arena que abr\u00eda y cerraba la extra\u00f1a historia de un diplom\u00e1tico franc\u00e9s que so\u00f1aba con un \u00abmedio de servir al mundo\u00bb, separando las arenas del desierto, como Mois\u00e9s separ\u00f3 las aguas del Mar Rojo, un mar con entrada en esta f\u00e1bula; de hecho es uno de sus dos lados. Pienso estos d\u00edas en el buque encallado, taponando la navegaci\u00f3n universal y me regresan im\u00e1genes de <em>Suez<\/em>, la pel\u00edcula, como exhumadas de un sue\u00f1o bajo la arena de la memoria. Recuerdo con intensidad aquel ba\u00f1o de arena de <em>Suez<\/em>, y el romanticismo fant\u00e1stico de sus im\u00e1genes, de sus \u2018grabados\u2019, en el marco de la peque\u00f1a y cuadrada pantalla donde, al poco, ver\u00eda construir, en <em>Tierra de Faraones<\/em>, la pir\u00e1mide de Keops, mediante un dispositivo basado en una suerte de pistones de arena inventados por el arquitecto Vasthar, ciego, adem\u00e1s, como Borges. Vasthar era un Borges de la arquitectura de arena, como Borges lo era de la literatura, hecha tambi\u00e9n de la misma materia arenosa, que se escapa entre las manos y entre los ojos. O entre los dos vasos de un reloj de arena. El mismo Egipto, por cierto, de <em>Suez<\/em>, y del cine. Da igual que el de <em>Tierra de Faraones<\/em> fuera el aut\u00e9ntico, filmado sobre el terreno, y que el de <em>Suez<\/em> fuera un desierto de Arizona, y el campamento de operaciones de la Compa\u00f1\u00eda un Estudio de la Fox, que antes ser\u00eda un puerto pirata y despu\u00e9s una fortaleza medieval. Da igual que los granos de arena de la formidable tormenta final, una tormenta como la que ceg\u00f3 al Ever Given, fueran realmente de arroz y cebada (era necesario para que parecieran arena, para que fueran m\u00e1s arena que la arena). El espacio de Suez seguir\u00e1 siendo, para m\u00ed, el de la imaginer\u00eda de la pel\u00edcula <em>Suez<\/em>. Y la odisea de la construcci\u00f3n del Canal, la aventura y el romance de Tyrone Power y Annabella. Recuerda el ni\u00f1o el arco de Annabella: c\u00f3mo surg\u00eda, desnuda, del agua y c\u00f3mo la recibir\u00e1 finalmente la arena. Y la secuencia en la que ambos se pon\u00edan a refugio de la tempestad, y cuando a escampa, a Lesseps, so\u00f1ando bajo un arco iris en grises construir una \u00abencrucijada del mundo\u00bb. A Lesseps, desafiando el plan divino de obra p\u00fablica: \u00absi Dios hubiese querido un paso en el istmo ya lo habr\u00eda puesto\u00bb le advirti\u00f3 el viejo virrey. La secuencia del desprendimiento de la monta\u00f1a tras el sabotaje de los turcos, con un velo de rocas en sobreimpresi\u00f3n rodando hacia el campamento y sus obreros. Y la tormenta final y de siempre, una tormenta de arena de cinco minutos, atada a la cola de un cicl\u00f3n. La arena llegaba hasta la alfombra del sal\u00f3n de estar. C\u00f3mo se arrumbaban los tanques de agua. Y, sobre todo, c\u00f3mo Annabella amarraba a un poste a Tyrone Power, mientras las gr\u00faas, extractores y andamiaje de la obra volaban a su alrededor como las casas de <em>El h\u00e9roe del r\u00edo<\/em> de Buster Keaton durante el hurac\u00e1n. A Annabella, Tony, en fin, habitando para siempre esa arena. Como si de hecho, la encrucijada se enraizara en ella. <em>Suez<\/em>: permanezco atorado en ese istmo cinematogr\u00e1fico<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>O el libro de la arena. Parece un cuento oriental. 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