{"id":737,"date":"2021-05-08T10:03:59","date_gmt":"2021-05-08T08:03:59","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=737"},"modified":"2021-05-08T10:03:59","modified_gmt":"2021-05-08T08:03:59","slug":"hospitalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2021\/05\/08\/hospitalidad\/","title":{"rendered":"Hospitalidad"},"content":{"rendered":"<p>Dec\u00eda el lunes Irene Vallejo, la autora de <em>El infinito en un junco<\/em>, que \u00abLos libros son parte de la salud\u00bb. El suyo, desde luego lo es. Pues demuestra, no s\u00f3lo en las noticias que atesora sino tambi\u00e9n en la voz que lo hila, c\u00f3mo la literatura es una segunda piel, un b\u00e1lsamo, una vegetaci\u00f3n y una transfusi\u00f3n. Su propio libro \u2013y quien lo ha le\u00eddo, lo sabe\u2013 produce este efecto. A m\u00e1s de un amigo o amiga, me consta, le hizo soportable el confinamiento duro. S\u00ed, eso: un buen libro \u2013por supuesto, el de Irene\u2013 supone una suerte de confinamiento, por las cualidades de la inmersi\u00f3n: material en la imprenta de sus p\u00e1ginas y letras; virtual en el espacio y tiempo de su f\u00e1bula, en los avatares de sus personajes, en el mundo que levanta. Recuerdo al bombero Montag de <em>Fahrenheit 451<\/em>, pel\u00edcula, deslizando su dedo \u00edndice por la primera p\u00e1gina del primer cap\u00edtulo de <em>David Copperfield<\/em>, el titulado \u201cNazco\u201d, y deletreando, como quien est\u00e1 a la vez aprendiendo a leer, como un ni\u00f1o: \u00abSi soy el h\u00e9roe de mi propia vida o si otro cualquier me reemplazar\u00e1, lo dir\u00e1n estas paginas\u00bb. La pregunta esencial para nacer a la literatura y a la vida. Y recuerdo que la p\u00e1gina se trasparentaba como un vitela al trasluz, como la hoja del junco que originar\u00e1 el papiro y sobre la que Irene fundamenta su <em>infinito<\/em>. Leer, por ejemplo, en el espacio de una cama, en la que durante semanas retuvo al ni\u00f1o o a la ni\u00f1a una enfermedad, una hepatitis o unas fiebres, ha sido la causa de muchas vocaciones literarias posteriores. De lector y de escritor. Muchos escritores y escritoras deben su dedicaci\u00f3n a la literatura al encamamiento febril con decenas de libros, en los d\u00edas (y noches) de la infancia. Y a\u00fan despu\u00e9s. Ram\u00f3n Irigoyen sol\u00eda distinguir, cuando nos recomendaba libros (\u00a1y c\u00f3mo le sigo agradeciendo algunas de sus recomendaciones!), unos cuantos que eran ideales para \u00abun proceso post-operatorio\u00bb. Y ah\u00ed entraban novelas con un n\u00famero de paginas de dos ceros, como poco. Parad\u00f3jicamente, la enfermedad, el ingreso domiciliario u hospitalario, te provee de un tiempo inesperado. Existe una literatura \u00ad\u00ad\u2013al igual que un cine\u2013 de \u201clas s\u00e1banas blancas\u201d. Y de las \u201cbatas blancas\u201d, que acompa\u00f1a en la enfermedad, de una forma literalmente hospitalaria. Pues te acoge como un hogar ambulante, como una tienda de campa\u00f1a. Y te tiene conectado con el r\u00edo de la vida. Y te receta un tiempo extra, un suero de historias que la rutina, retacada y estresante, te expropia. A m\u00ed ya me pas\u00f3 una vez, en los a\u00f1os noventa, que una neumon\u00eda me tuvo en el Provincial varias semanas. Le\u00ed, recuerdo, entre otras lecturas, <em>La novena puerta<\/em>, de P\u00e9rez Reverte, precisamente por su misterio entorno a los libros, y <em>Pasi\u00f3n de Dr\u00e1cula<\/em>, de Juan Jos\u00e9 Plans, ensayo sobre la peli y la novela (se la hab\u00eda provocado a Stoker su terror a las agujas medicas; Stoker, por cierto, fue uno de esos ni\u00f1os enfermos). Aunque lo que m\u00e1s recuerdo, en el apartado \u2018bibliogr\u00e1fico de aquel ingreso, fue un fant\u00e1stico malentendido. Una tarde se asom\u00f3 el vecino de la habitaci\u00f3n contigua y me pregunt\u00f3: \u00abTe gustan las novelas\u00bb. Le respond\u00ed que s\u00ed, y le ense\u00f1\u00e9 las que ten\u00eda sobre la mesilla. Y entonces, a\u00f1adi\u00f3 si pod\u00eda pasar a mi habitaci\u00f3n a ver el episodio de\u2026 <em>Cristal<\/em>, que se le hab\u00eda roto la televisi\u00f3n en la suya. \u2018Novela\u2019 era sin\u00f3nimo de \u2018tele-novela\u2019. El otro d\u00eda pas\u00e9 unas horas en el <em>hall <\/em>del San Pedro, mientras esperaba. Leyendo, claro. Cuando me cans\u00e9 de leer entr\u00e9 en su quiosco-librer\u00eda-tienda, por curiosidad. Supongo que habr\u00e1 quien como yo entonces, pedir\u00e1 que le suban libros, como se suben flores u otros obsequios. Junto a <em>best-sellers<\/em> estaban tambi\u00e9n <em>As\u00ed habl\u00f3 Zaratrusta<\/em>, hasta cuatro o cinco ediciones distintas de <em>El principito<\/em> (ser\u00e1 por algo: \u00bfse lee mucho <em>El principito<\/em> en los hospitales?) y hasta <em>Guerra y Paz<\/em> de Tolstoi: ideal para un post-operatorio. \u00a1Ah bueno, claro! En el sexto planeta que visitaba el principito, diez veces m\u00e1s grande que cualquier otro, habitaba un anciano, ge\u00f3grafo, que escrib\u00eda libros enormes; y al fin y al cabo Exup\u00e9ry le dedic\u00f3 el suyo a cierta persona mayor que era capaz hasta de comprender los libros para ni\u00f1os. Salud y literatura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dec\u00eda el lunes Irene Vallejo, la autora de El infinito en un junco, que \u00abLos libros son parte de la salud\u00bb. El suyo, desde luego lo es. 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